sábado, 11 de septiembre de 2021

¿Cómo funciona la memoria? Y la diferencia con el olvido o lapsus.

Hoy vamos a trabajar sobre la memoria y el olvido o lapsus teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Tipos de memoria


No es fácil comprender los mecanismos de la memoria, ni comprender por qué algunas cosas se recuerdan tan bien, mientras que para otras se suele tener problemas. 


Lo primero que hay que comprender es que la memoria no es una cosa única, sino una habilidad que presenta muchas caras. Es decir, existen distintos tipos de memoria y distintas formas de clasificarlos. 


Una forma de clasificación, que puede ayudar a entender las diferencias, es por oposición entre tipos de memoria, partiendo de dos grandes almacenes, en función del tiempo que los datos permanecen en ellos, distinción que ya fue propuesta en el siglo xix por William James.



Memoria a corto plazo (MCP)


Por MCP se entiende el recuerdo de información de forma inmediatamente posterior a su presentación o a su recuperación ininterrumpida, por lo que también se la conoce como memoria inmediata. 


Esta forma de memoria depende absolutamente de la capacidad de atención, ya que hay que prestarle mucha a lo que se quiere retener. La capacidad de esta forma de memoria es bastante limitada (normalmente, entre 5 y 9 elementos o unidades de información, que pueden ser palabras, cifras, imágenes, etc.).

Un ejemplo de cuándo emplearíamos este tipo de memoria es cuando queremos memorizar los números premiados del loto que acaban de anunciar por radio o TV, hasta que podemos anotarlos en un papel.


Una forma específica de MCP es la memoria de trabajo, que es la que nos permite retener y manipular temporalmente la información mientras se está aprendiendo algo, tratando de comprender, razonando o realizando tareas cotidianas. 

Por ejemplo, hablando con alguien en un idioma extranjero, que conocemos pero no dominamos a la perfección, retenemos unos segundos lo que nos dice mientras, mentalmente, lo traducimos a nuestro idioma. 

También usamos la memoria de trabajo cuando marcamos un número de teléfono mientras lo vamos mirando en el papel (ese proceso de ir mirando e ir marcando, alternativamente, es función de la memoria de trabajo). Evidentemente, también se precisa de una buena capacidad de atención.


Memoria a largo plazo (MLP)


La MLP, sin embargo, es un almacén de capacidad ilimitada en el que algunas de las informaciones que nos llegan se conservan durante mucho tiempo, incluso de forma permanente. 


En la MLP se almacenan, como si fueran apartados o cajitas distintas, distintos tipos de información, datos y aprendizajes, lo que da lugar a otros tipos de memoria:


  • Memoria no declarativa o implícita
Se refiere a adquisiciones, recuerdos, representaciones, etc. que poseemos pero a los que no accedemos de forma consciente.  

Por ejemplo, podemos ir en bicicleta, conducir, nadar, coser, atarnos los zapatos, abrochar cremalleras, etc. sin esfuerzo mental, sin tener que pensar en cómo se hace, independientemente del tiempo que haya pasado desde que lo hicimos por última vez.


  • Memoria declarativa o explícita


Al contrario de lo que sucede con la memoria implícita, en este caso su acceso es siempre de forma consciente. En esta forma de memoria se almacenan las cosas que aprendemos y todas aquellas informaciones cuya recolección o cuyo acceso es necesario cuando se realizan distintas tareas y actividades cotidianas. 



¿Cómo memorizamos? Fases de la memoria


En nuestra vida cotidiana recibimos una enorme cantidad de información y nuestro cerebro se enfrenta a la ardua tarea de decidir qué retener y qué no. Para decidir qué recordar y qué olvidar, de alguna forma la información es sometida a un proceso de filtrado que consta de varias fases:


Primera fase: registro. 

Inicialmente, la información o las experiencias son «absorbidas» por la memoria.


Segunda fase: almacenamiento. 

Es el mantenimiento de la información para poder acceder a ella cuando se requiera. 


Tercera fase: evocación de la información. 

Se refiere al hecho de recuperar o acceder a la información que, en su momento, fue registrada y almacenada. 


El proceso de memorización requiere de cierto esfuerzo, que puede ser más o menos intenso en función del contenido de lo que se quiera recordar, de la más o menos fácil asociación con informaciones que ya poseemos, etc., pero si algo debe tenerse presente es que nunca debería darse por supuesto que se recordará algo por lo que no se ha hecho ningún intento deliberado por recordarlo.


Antes de buscar nuevas estrategias o de realizar modificaciones en su entorno, debería descartarse la posibilidad de que las dificultades de memoria estén causadas por problemas de salud


Lo primero, hay que considerar si los problemas de memoria son nuestro único síntoma. Si es así, es muy probable que el solo hecho de modificar el entorno y los hábitos sea de gran ayuda. Pero si, sin embargo, nos percatamos de la presencia de otros síntomas, aunque no parezcan relacionados (fatiga, irritabilidad, inapetencia, mareos, etc.), es probable que tales problemas sean consecuencia de alguna disfunción física o psicológica. 


Podría ser algo tan simple como falta de sueño. Hoy en día se tiende a dormir menos de lo recomendable, cuando no debe subestimarse la importancia del sueño para garantizar un óptimo funcionamiento del cerebro. 


Otras posibles causas pueden encontrarse en las alergias y/o hipersensibilidades de distintos tipos (a sustancias del entorno, alimentos, etc.). Por otro lado, está ese viejo compañero, tan habitual en nuestros estilos de vida actuales: el estrés.


Si estamos excesivamente atareados, tratando de manejar y controlar demasiadas cosas, es casi obvio que eso nos pasará factura en los recursos mentales y, de forma más acusada, con la edad. 

De poco sirve compararse con los demás, porque todos somos distintos y, por lo tanto, tenemos distintas capacidades.


No hay que medir las propias posibilidades en base a lo que creemos que se espera de nosotros, sino en base a lo que realmente podemos manejar.


¿Realmente es la memoria lo que me falla?


Hay una forma muy frecuente de «despistes» que, en realidad, no supone un fallo de memoria. Son lapsus cotidianos. Veamos un ejemplo:


  • Estamos yendo a una habitación de la casa con la intención de hacer algo y, sin saber cómo, nos hemos puesto a hacer otra cosa distinta.


Esto no representa un problema de memoria; son despistes o distracciones y a todos nos pueden suceder. Por eso también les llamamos lapsus, apuntando más hacia la naturaleza de tales errores. 


¿Qué características tienen?


  • Suelen producirse durante la realización de tareas muy aprendidas y que, en gran medida, son automáticas.
  • Suelen producirse cuando estamos preocupados o distraídos.
  • En algunos casos se ven implicadas intrusiones de otras acciones habituales que comparten algunas características con la acción pretendida.


Estos hábitos intrusivos son más propensos a suceder cuando:


  • De alguna forma, pretendemos apartarnos de nuestra rutina. 
Por ejemplo, hemos decidido dejar de ponernos azúcar en el café pero, cuando nos damos cuenta, ya nos la hemos puesto.
  • La situación ha cambiado, exigiendo un cambio en nuestra rutina habitual. 
Por ejemplo, nuestra hermana se ha mudado, pero cuando la vamos a visitar a veces nos dirigimos primero al lugar donde vivía antes.
  • La situación comparte rasgos con otra situación muy familiar. 
Por ejemplo, vamos a subir al coche de un amigo y tratamos de abrir la puerta con la llave de nuestro coche.


Otros tipos de lapsus son los siguientes:


  • Alteración de una secuencia. Se refiere a cuando nos «perdemos» en una secuencia más o menos automatizada. 
Por ejemplo, estamos cocinando cuando suena el teléfono. Contestamos. Cuando retomamos lo que estábamos haciendo, no estamos seguros de si ya habíamos echado la sal o no. 


También puede suceder que no reparemos en el dato y que, no siendo conscientes de que ya la habíamos echado, pongamos más sal o, al revés, demos por supuesto que ya lo hemos hecho y resulte un guiso soso. 


Otro ejemplo: poner en marcha la cafetera sin haber llenado el depósito del café; resultado: obtenemos agua hervida.



  • Mezclas entre secuencias. Cuando nos confundimos entre dos tareas que, de algún modo, llevamos a cabo simultáneamente. 


Por ejemplo, tenemos prisa por salir de casa pero, antes, debemos guardar un jarabe en la heladera y recordar meter en el bolso las gafas de sol. Puede suceder que, con las prisas, guardemos el jarabe en el bolso y metamos las gafas en la heladera.


  • Inversiones en una secuencia. De nuevo nos confundimos, pero en este caso en el orden de realización de una secuencia.
Por ejemplo, guardamos la cubetera vacía en el congelador y luego nos dirigimos hacia el grifo con la intención de llenarla, pero con las manos vacías.


Como hemos visto, la mayor parte de estos lapsus cotidianos suceden en el contexto de secuencias de acciones, a menudo tan practicadas que son automáticas o semiautomáticas. 


Escenarios frecuentes donde se producen son al vestirse o desvestirse, lavarse, hacer café, cocinar, etc., ejemplos comunes de secuencias de acción. 


La primera sugerencia que podría hacerse para minimizar la incidencia de tales lapsus sería la de prestar más atención, pero si una de las grandes ventajas y características de las secuencias de acción es, precisamente, que liberan nuestra mente de la necesidad o esfuerzo atencional, entonces no parece una buena estrategia. 


Sin embargo, si somos propensos a cometer ciertos lapsus a continuación se proponen algunas estrategias.


Lo más útil es ser consciente de qué circunstancias nos suelen llevar a cometer tales lapsus, para entonces:


  • Decidir si los lapsus conducen a errores o descuidos importantes o no. Si no lo son, procurar no preocuparse excesivamente.


  • Realizar un esfuerzo deliberado por prestar atención cuando se trate de algo importante. Por ejemplo, si sabemos que, frecuentemente, cuando ya estamos en la calle nos percatamos de que nos hemos dejado las llaves del coche, procurar ponerlas de antemano en algún lugar en el que, con toda seguridad, las llaves vendrán con nosotros (cada vez que lleguemos a casa, adquirir el hábito de dejarlas en el bolso que llevaremos en la próxima salida, o en el bolsillo de la chaqueta, o ponerlas en el mismo llavero que las llaves de casa, etc.).


  • Usar algo como señal de que ya se ha realizado una acción, o para que nos sirva de indicador sobre en qué punto estamos de una secuencia.


Retomando el ejemplo de la receta, una idea puede ser colocar los ingredientes ya usados en una zona determinada del mármol de la cocina. 





Los olvidos. ¿Por qué olvidamos?


Existen distintas teorías y aproximaciones científicas acerca de por qué olvidamos, aunque nos centraremos en las principales.


  • Fracaso en la evocación. Probablemente, todo el mundo ha tenido alguna vez la sensación de como si algún dato se hubiera evaporado de la memoria, o de tener la certeza de saber algo pero no ser capaz de recuperarlo. 


Esto sucede a consecuencia de un fallo en la evocación o recuperación de información. Una de las teorías que explica por qué puede suceder es la teoría del decaimiento, según la cual cada vez que se aprende algo se crea una nueva huella mnésica que, si no es evocada ni recreada durante mucho tiempo, decae, se debilita, pudiendo llegar a desaparecer y, por consiguiente, a perderse la información. 


Esto puede suceder, por ejemplo, cuando queremos llevar a cabo alguna operación matemática que se nos daba tan bien en la infancia (una raíz cuadrada, una regla de tres, etc.) o recitar los afluentes de un río. 

Parece mentira, con lo bien que lo sabíamos… 


Cuando hace mucho tiempo que una información no se recupera o no se practica, puede resultar muy difícil, o incluso imposible, evocarla de forma efectiva. 


Eso sí, si lo que queremos es reaprender esa información, al haberla adquirido previamente resultará más fácil que la primera vez. 

De todos modos, esta teoría tiene sus limitaciones, ya que, por otro lado, se ha demostrado que algunas memorias que no habían sido recordadas o evocadas durante mucho tiempo pueden permanecer estables a largo plazo. 


En ocasiones, el fracaso en la evocación de información de nuestra memoria puede deberse a problemas o situaciones del momento. 

Por ejemplo, si estamos muy nerviosos, estresados o preocupados por algo, el acceso a la información puede quedar bloqueado, y probablemente en otro momento más tranquilo y sosegado la información será fácilmente recuperada.


  • Interferencia. Otra de las teorías del olvido, la teoría de la interferencia, sugiere que algunas memorias compiten e interfieren entre sí. 


Cuando algunas informaciones son muy similares entre sí, es fácil que se produzcan interferencias, que es lo mismo que las confusiones. 


Existen dos tipos básicos de interferencia:


  • Interferencia proactiva. Se produce cuando una información almacenada más antigua dificulta recordar datos más recientes. 
Por ejemplo: cuando se está aprendiendo un nuevo idioma a menudo se cometen errores porque se evocan antes palabras de otra lengua que se domina y se usa frecuentemente.


  • Interferencia retroactiva. Sucede cuando el registro de nueva información interfiere en la capacidad para recordar información aprendida previamente. 


Un ejemplo: por fin nos hemos familiarizado con el manejo de un nuevo modelo de teléfono móvil cuando un día, por algún motivo, necesitamos usar el antiguo, y entonces nos cuesta recordar cómo se abría la agenda, cómo se mandaba un mensaje, etc., y buscamos los indicadores y pulsamos las teclas como en el modelo nuevo, ¡cuando habíamos tenido ese modelo durante tantos años! 


El aprendizaje del mecanismo del nuevo interfiere en lo que sabíamos del antiguo.


  • Fracaso en el registro o codificación. A veces creemos que hemos olvidado información que, en realidad, nunca llegó a entrar en la memoria a largo plazo. 


En este caso hablamos de fracaso en el registro o codificación de la información. 


Es lo que sucede cuando, en el momento de registrar la información, no hemos prestado suficiente atención, bien porque algo nos ha distraído (nos daban un recado por teléfono mientras estábamos mirando la televisión; probablemente, luego no recordemos qué nos han dicho), bien porque la información que nos daban no nos interesaba o motivaba lo suficiente y, tal vez, estábamos absortos en nuestros propios pensamientos.


  • Olvido motivado. En ocasiones, aunque sea de forma inconsciente, participamos activamente en el olvido de algunos sucesos, especialmente los de naturaleza traumática o perturbadora, para tratar de evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener.


En el campo de la psicoterapia, a veces se trabaja en la recuperación de estas formas de supresión o represión de memorias para poder tratar síntomas psicológicos asociados a situaciones traumáticas o especialmente desagradables que se hayan vivido.


En definitiva, no podemos hablar de memoria sin hablar de olvido. 


Olvidar no es malo. De hecho, es necesario y beneficioso. 


Imaginemos que recordáramos cada minuto y cada detalle de nuestra existencia. No podríamos soportarlo, ni sería efectivo cuando quisiéramos recuperar solo determinada información. 


Lo que nos preocupa, sin embargo, es olvidar cosas que sí consideramos importantes y que sí son útiles para nuestro desarrollo cotidiano, y es para estos casos para los que las estrategias de memorización y recuerdo, así como las ayudas externas, pueden sernos de gran utilidad.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de diferenciar entre problemas de memoria y olvidos o lapsus para  mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo un link para que puedas descargarte gratuitamente el cuaderno que contiene ejercicios para mejorar la memoria en gral…


Sacados de https://www.ecognitiva.com/


Ejercicios de memoria



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domingo, 5 de septiembre de 2021

El lenguaje y el adulto mayor

Hoy vamos a trabajar sobre el lenguaje y qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorarlo.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”


En el envejecimiento el lenguaje, entendido como la capacidad de comunicación, no se altera. No obstante, sí pueden apreciarse algunas dificultades a la hora de expresarse o de comprender en determinadas situaciones.


El léxico


Con el envejecimiento, el vocabulario pasivo se mantiene o, dependiendo del nivel cultural y de factores como el mayor conocimiento y experiencia, incluso aumenta (los mayores reconocen y comprenden tantas o más palabras que los jóvenes). Aun así, aunque se disponga de un gran vocabulario, pueden aparecer dificultades importantes en recuperarlo, es decir en el acceso al léxico. 


Es frecuente que se tengan problemas para encontrar la palabra adecuada, especialmente para nombres de personas o de objetos poco frecuentes. 


Por ello pueden aparecer latencias (momentos vacíos o dubitativos al hablar) y fácilmente se tiende al uso de circunloquios (dar rodeos) como estrategia compensatoria. 


Estos problemas se traducen en una frecuente sensación de «tenerlo en la punta de la lengua». 


Dicho fenómeno o estado («en la punta de la lengua») ha sido ampliamente estudiado científicamente y se define por una incapacidad temporal de producir una palabra aun teniendo la certeza absoluta de que se conoce la palabra y su significado.


En ese momento, la persona suele ser capaz de dar rasgos fonéticos de la palabra que se pretende producir, como la letra por la que empieza, las últimas letras, etc. 


Es frecuente que acudan a la mente algunas otras palabras relacionadas, pero no adecuadas, que deben ser constantemente rechazadas.


La sintaxis


A veces, las personas mayores pueden solicitar que se les repitan las cosas, no necesariamente porque no lo hayan oído bien, sino porque su capacidad de velocidad del procesamiento sintáctico puede verse limitada. 


Igualmente, puede ser necesario leer varias veces un texto para comprenderlo totalmente. 

Esta capacidad es la que permite dar sentido a todas las palabras dentro de una oración y de un contexto, y dar sentido final al conjunto. 


Este proceso, aparentemente simple (es decir, entender lo que se nos dice o lo que leemos), implica, entre otras cosas, la participación de la memoria a corto plazo y de la atención.


El discurso


Al explicar cosas o participar en conversaciones, el discurso de las personas mayores puede presentar unas características particulares, relacionadas con aspectos cognitivos, sociales y afectivos propios de la edad. 

Así, una de las posibles manifestaciones es la reducción de contenido informativo (es decir, que el discurso tienda a ser vacío), aunque el volumen del habla sea considerable, a veces con un incremento de interpretaciones y añadiduras subjetivas.}


También pueden experimentarse dificultades en la capacidad de organización del discurso, ya sea en su comprensión, como a veces en la dificultad para comprender historias o noticias complejas, o al expresarse, perdiendo el hilo conductor de lo que se está contando, omitiendo detalles, etc. 


Es habitual una preferencia por programas de televisión simples y lineales antes que películas o programas complejos. 

Estas dificultades pueden estar relacionadas con la capacidad de la atención, con la velocidad de procesamiento y/o con la memoria de trabajo, pero sin la existencia de problemas de razonamiento ni de alteración lingüística.


Debido a las posibles dificultades comentadas, junto con posibles problemas auditivos y/o visuales relacionados con la edad, puede suceder que las personas mayores presenten los siguientes problemas:


  • Aparentan tener problemas de comprensión «característicos».
  • Tienden a hacer discursos largos y, a veces, a perder la lógica (el hilo) de los mismos.
  • Tienen problemas con la información escrita (dependiente también de alteraciones visuales, de la escolaridad, del hábito lector, etc.)




El estilo comunicativo con las personas mayores 


Ahora veremos qué hacer en el caso de ser cuidadores de una persona mayor y también si somos nosotros quienes estamos pasando por estas situaciones en nuestra visa diaria.


Importante a tener en cuenta si somos cuidadores, convivimos o tenemos contacto con personas mayores que están atravesando esta etapa...


Es sabido y constatado que los mayores que gozan de una adecuada interacción social y que, por tanto, tienen facilidad para comunicarse, tanto expresando como recibiendo información, disfrutan de mayor calidad de vida y responden mejor a las atenciones de tipo sociosanitario. 


Sin embargo, muchas personas (profesionales o no) tienden a emplear un lenguaje «especial» cuando se dirigen a los adultos mayores: se ha denominado habla para mayores. 


Este tipo de habla se basa en estereotipos acerca de los mayores, como que son menos competentes, lo cual lleva a muchos de sus interlocutores a simplificar su comunicación, tratando de hacerla más comprensible y alterando el tono emocional de los mensajes. 


Es un tipo de habla similar a la que frecuentemente se emplea con niños pequeños. Se caracteriza por un ritmo más lento, entonación exagerada, volumen elevado, más repeticiones y simplificación del vocabulario y la gramática (uso frecuente de diminutivos, por ejemplo). 


Además, a menudo se emplean calificativos excesivamente protectores, que pueden llegar a percibirse como inapropiados (cariño, mi vida, cielo, etc.).


Este tipo de habla puede darse tanto en contextos sanitarios de distinta índole, como residencias, consultas médicas, hospitales, etc., como en situaciones cotidianas muy diversas: entorno familiar, amistades, comercios, etc. 


Aunque se emplee con la intención de mostrar cariño y atención, y con la pretensión de hacer el lenguaje más comprensible, condicionado por los tópicos sobre la incapacidad de los mayores, lo cierto es que muchas personas mayores explican que lo perciben como degradante, condescendiente y presuponiendo su incompetencia. 


Por ello pueden reaccionar con baja autoestima, depresión o retraimiento en las interacciones sociales; pueden incluso adoptar comportamientos dependientes coincidentes con los estereotipos que se les atribuyen.

Así pues, el habla para mayores no solo no contribuye a mejorar la efectividad de la comunicación, sino que los mensajes inherentes a este tipo de habla pueden, inconscientemente, reforzar la dependencia y potenciar el aislamiento, contribuyendo, en muchos casos, a la espiral de declive cognitivo, funcional y físico. 


De este modo, aunque con buenas intenciones, quien usa este lenguaje se aleja del objetivo de potenciar la independencia en las personas mayores. 


Ahora bien, en el otro extremo se encuentra el habla dirigente o autoritaria, empleada a menudo por quienes tienen que hacerse cargo de múltiples tareas y responsabilidades y no cuentan con los recursos apropiados para manejarlas. En este caso tampoco se reconoce la capacidad de autonomía de la persona mayor. 


Un punto intermedio es el que se encuentra en el habla constructiva, que emplea un tono emocional constructivo, positivo, que equilibra la atención y el control, transmitiendo al oyente que es capaz de comprender el mensaje y de actuar independientemente.


Imaginemos unas situaciones de ejemplo que ilustran cada uno de los tipos de habla referidos:


  • Habla para mayores


Cuidador/a: ¡Vaya, cielo! Ay, que se te ha derramado la leche... 

Bueno, no pasa nada, cariño, ahora mismo voy a por un trapito, limpiamos la mesa y enseguida te cambio esa blusita por otra igual de bonita.

[María se mira la blusa, tratando de limpiársela.]

Cuidador/a: No te preocupes, que estarás hermosa.


Es un habla excesivamente protectora, dominante, que presupone incapacidad y hace uso de una inapropiada intimidad.


  • Habla dirigente o autoritaria


Cuidador/a: ¡Ahora se te ha derramado la leche! Deberías haber esperado a que te la sirvieran.

[María parece compungida y se levanta de la silla.]

Cuidador/a: Anda, ve a cambiarte y ya te serviré otra taza.


Es dominante, poco atenta y no se reconoce la autonomía de la persona (al menos para tomar decisiones).


  • Habla constructiva


Cuidador/a: ¡Oh! ¿Qué te ha pasado, María?

María: Se me ha derramado la leche y me he manchado. Me tengo que cambiar la blusa.

Cuidador/a: Estas jarras pesan mucho, no te preocupes. Si quieres, ve a cambiarte mientras yo limpio esto y te preparo otra taza.


Es un habla respetuosa que permite un equilibrio entre atención a la persona y dominio de la situación. 


Se reconoce la independencia y el grado de autonomía de la persona, desterrando formas inapropiadas de hablar a las personas mayores.


Un buen modo de aprender a identificar y sensibilizarse con los distintos tipos de habla que se reflejan en las anteriores situaciones es evitando:


Diminutivos o palabras melosas. El uso frecuente de diminutivos o de palabras inapropiadas de cariño puede transmitir una inadecuada sensación de intimidad o un estilo relacional parecido al de los padres con sus hijos pequeños.

  • Ejemplos: Blusita, perrito, sillita… Cariño, cielito, mi vida, tesoro, amor…


  • Alternativas. No emplear diminutivos para referirse a los objetos cotidianos. Dirigirse a la persona por su nombre de pila o por su apellido, en función de la relación que se tenga con ella o del contexto en que se da la relación.


Uso inadecuado del plural. Emplear un sujeto plural cuando nos estamos refiriendo a un adulto independiente (es lo que, técnicamente, se conoce como uso del «plural sociativo» e implica al hablante de forma afectiva).


  • Ejemplo: Ya te van a venir a buscar, ¿nos ponemos la chaqueta para que no tengas frío?


  • Alternativa: Ya te van a venir a buscar, ¿te pones la chaqueta para que no tengas frío?


Preguntas capciosas. Son preguntas que incitan a una determinada respuesta y que presuponen que la persona no puede actuar o decidir por sí misma. Se condiciona su libertad de expresión.


  • Ejemplo: Hace muy buena tarde. Te gustaría salir a pasear, ¿no?


  • Alternativa: Hace muy buena tarde. ¿Te gustaría salir a pasear?


  • Ejemplo: ¿Verdad que te has divertido en el centro de día? ¿A que tienes muchos amigos?


  • Alternativa: ¿Qué tal te ha ido en el centro de día? ¿Has hecho amistades?


Uso de frases expresamente breves, enlentecimiento del habla y simplificación del vocabulario. 


Son patrones de comunicación que, para la mayoría de personas mayores, no facilitan la comprensión y, sin embargo, a menudo se perciben como condescendientes o degradantes.


  • Alternativa. Emplear un habla estándar, la misma que empleamos para hablar con personas de nuestra misma edad, siendo conscientes de que, por deficiencias auditivas o disminución de la capacidad de atención sostenida de nuestro interlocutor, tal vez debamos repetir algunas cosas o asegurarnos de que nos ha entendido (se pueden emplear expresiones como: «Tal vez no me he explicado bien», «Disculpa, a veces hablo muy rápido»).


Aumento del volumen y del tono de voz. Ante un sujeto con seria disminución auditiva puede funcionar, y de hecho es preciso, que se le hable considerablemente más alto de lo normal, pero en personas con una pérdida auditiva leve o corregida (uso de audífonos) el hecho de que se les hable con un volumen desmesurado solo contribuye a distorsionar más la percepción de los sonidos. 


Si, además, se le añade un tono agudo (similar al que, a menudo, se usa afectivamente en el habla dirigida a niños pequeños) aún se agrava más la percepción de la persona mayor, ya que, justamente, una de las características de la pérdida auditiva asociada al envejecimiento es la mayor dificultad ante tonos de alta frecuencia (es decir, agudos).



Minimizando el uso generalizado del habla para mayores se pretende desmitificar los tópicos sobre la supuesta dependencia e incapacidad de las personas mayores solo por el hecho de tener cierta edad. Al contrario, un adecuado entorno comunicativo estimula las capacidades cognitivas y funcionales de las personas mayores.


Acompañando a la comunicación verbal, no hay que olvidar la importancia de la comunicación no verbal. El contacto visual y el lenguaje corporal incrementan el compromiso de la interacción y fortalecen el mensaje que desea transmitirse. Además, la coherencia entre lo que se dice y cómo se dice (tono, contacto visual, postura, etc.) aumenta la sensación de autenticidad de la relación. 


Para lograr una comunicación efectiva es fundamental complementar el lenguaje verbal con el no verbal.


¿Qué podemos hacer si somos nosotros los que estamos pasando por esta etapa?


Ejercicios para estimular el lenguaje para adultos


  • El ahorcado
  • Nombrar objetos teniendo algunas pistas
  • Frases orales verdaderas o falsas
  • Describir posiciones de objetos
  • Letras desordenadas
  • Convertir números en letras
  • Formando palabras
  • Relacionar adjetivo con imagen



Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de expresarnos y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo unos links para que puedas descargarte gratuitamente algunos cuadernos que contienen ejercicios…(sacados de https://www.ecognitiva.com/lenguaje/)


Ejercicio de lenguaje


Conciencia fonológica



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sábado, 28 de agosto de 2021

¿Cómo mejorar la atención?

 Hoy vamos a trabajar sobre la atención y qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarla.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


La atención y envejecimiento


En realidad, debe hablarse de distintos tipos de atención, y no de una única idea. 

Existe la atención selectiva, la atención focalizada, la sostenida y la dividida. 

Además, numerosas tareas que precisan mucha atención inicialmente, mientras aprendemos a realizarlas, llegan a ser realizadas de forma automática una vez se manejan con seguridad (por ejemplo, conducir, hacer punto, atarse los zapatos, etc.), permitiéndonos realizar con facilidad otras tareas simultáneamente (atender a la circulación mientras conducimos, ver la televisión mientras hacemos punto, conversar con alguien mientras nos atamos los zapatos, etc.). 


Pero vamos a ver cuáles son los tipos de atención a los que nos referimos:


La atención selectiva:


La atención selectiva implica filtrar los estímulos que nos rodean para centrarnos en la información que nos interesa. Un clásico ejemplo se da cuando estamos en cualquier situación social en la que se producen varias conversaciones simultáneamente, pero solo atendemos a una de ellas (por ejemplo, en una boda, en una gran comida familiar, etc.).



La atención focalizada


Esta forma de atención implica concentración. Sabemos dónde va a aparecer el objetivo, aunque también hay información distractora que debemos ignorar.

 

Supongamos que tenemos una caja llena de botones de colores y queremos buscar un botón rojo y del mismo tamaño (ese es el objetivo) que los de nuestro abrigo.


Esta actividad requiere de la atención focalizada, ya que sabemos dónde está el objetivo (en la caja), pero también hay elementos distractores (todos los otros botones que no son rojos ni del mismo tamaño que los del abrigo).

 

En función de factores como la cantidad de estímulos distractores que deban ignorarse, o según la motivación que nos despierte el objetivo en el que hay que centrarse, será más o menos difícil focalizar la atención.


En general, esta capacidad se conserva incluso en edades avanzadas, si bien es cierto que puede facilitarse la tarea simplificando la actividad, eliminando al máximo los elementos distractores (en nuestro ejemplo, la cantidad de botones de la caja) o la exigencia del objetivo (es más fácil buscar, simplemente, botones rojos que botones rojos de un determinado tamaño).



La atención sostenida


Este tipo de atención requiere mantener la atención focalizada durante un periodo de tiempo más o menos largo. Por ejemplo, un trabajador en una distribuidora de fruta cuyo trabajo consiste en retirar todas las manzanas dañadas de entre las que, por una cinta transportadora, van pasando por delante de él. 


En muchas ocasiones, en nuestra vida cotidiana mantenemos la atención sostenida. Es más, a veces lo hacemos tan bien, nos centramos tanto en una actividad (por ejemplo, leer, mirar fotografías, etc.) que no nos enteramos de nada de lo que está sucediendo a nuestro alrededor: no oímos el teléfono, no nos percatamos de que ha empezado un programa televisivo que nos gusta, incluso puede que no advirtamos que nos están llamando y deban hacerlo insistentemente para que reaccionemos.


La edad no parece afectar a la capacidad de atención sostenida en sí misma, pero sí puede evidenciarse cierta dificultad según las exigencias de la tarea.



La atención dividida y la atención alternante


La atención dividida es la capacidad de atender a más de una cosa simultáneamente. 


Dividir y alternar la atención se complementan, y por ello se presentan juntas, ya que, para atender a dos o más cosas a la vez, normalmente se alterna entre centrar la atención en una y otra cosa


Un ejemplo sería coser y mirar la televisión. La atención puede estar realmente dividida a la vez, estando limitada para las dos tareas, es decir, no rindiendo al máximo en ninguna de ellas, porque la otra nos distrae. Sin embargo, lo más habitual es prestar más atención a la televisión en momentos que especialmente nos interesan (una noticia determinada, un momento crítico de la película, etc.) y a coser en otros (al tener que realizar un punto más complicado de la labor, o durante los anuncios de la televisión).



Los procesos automáticos


Existen muchas actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana que no requieren de atención o esfuerzo y que, por tanto, nos facilitan realizar alguna otra cosa al mismo tiempo. Es lo que denominamos procesos automáticos y que, especialmente cuando han sido adquiridos en la infancia y en la juventud, se mantienen intactos en edades avanzadas.


Son ejemplos de procesos automáticos la lectura y la escritura, o, cuando se sabe mecanografía, el teclear sin mirar.


Cuando un niño aprende a leer debe poner mucha atención y esfuerzo para distinguir los rasgos de las letras, su forma, las distintas maneras de representarse (mayúscula, minúscula, de imprenta, de caligrafía, etc.), así como la forma de pronunciarse cada letra, y cómo se ligan entre sí para formar palabras. Cuando son capaces de leer con esfuerzo una frase corta, después de leerla tratarán de encontrar su significado.


Primero leerá… «EeL GggAaaTttO BbbEeeBbbE LEeeCHE»; luego entenderá «El gato bebe leche».


Sin embargo, una vez que el proceso de lectura se domina y, por tanto, se convierte en un proceso automático, no requiere de estos esfuerzos, se lee sin pensar cuál es cada letra ni cómo se unen entre sí, y ello permite comprender lo que se lee a la vez que se está leyendo.


Otro ejemplo es el de la conducción. Mientras que cuando se está aprendiendo se precisa mucho esfuerzo y atención para coordinar los pedales, el volante, el cambio de marchas, mirar por el retrovisor, etc., siendo muy difícil atender a la vez a todo lo que sucede en la circulación, cuando ya se domina la técnica es posible compaginar no solo atender a la circulación, sino también conversar con los acompañantes e, incluso, buscar el camino correcto.





10 Ejercicios para entrenar la concentración mental *


1. Organízate antes: Esta organización implica dos aspectos distintos:


  • Entorno sin distracciones: Antes de empezar intenta poseer un entorno ordenado y sin distracciones.


  • Estructura las tareas: Antes de empezar trata de apuntar en un papel cuales son las tareas que realizarás, cómo las harás y en qué orden.


2. Céntrate en una cosa a la vez


3. Relájate


Si notas que el estrés o la ansiedad interfiere en tu capacidad para concentrarte puedes realizar el siguiente ejercicio de respiración profunda:


  • Siéntate cómodamente, cierra suavemente los ojos. Inspira por la nariz y expira por la nariz o por la boca.
  • Haz una inspiración lenta por la nariz (5 segundos), retén el aire durante otros 5 o 7 segundos y expira el aire durante unos 10 segundos.
  • Realizar este proceso 3 veces seguidas.


4. Utiliza los números


Una de las actividades cognitivas que más fortalecen nuestra concentración es el cálculo. Para realizar este tipo de operaciones mentales se requiere un gran nivel de concentración.


Desde hacer los famosos sudokus que para mucha gente puede resultar una forma más amena de realizar este tipo de actividades, hasta realizar cualquier tipo de operación matemática de forma regular mejorará tu capacidad de concentración.


5. Entrena tu atención


Una de las formas más eficaces para que trabajes tu atención en tus ratos libres es realizar las típicas sopas de letras.


6. Un momento de atención plena


El ejercicio consiste en centrarte en tu respiración durante un par de minutos, y su objetivo es que te ayude a restaurar tus pensamientos, te relajes y obtengas esa claridad mental que puedes haber ido perdiendo durante el día.


Para hacerlo tienes que estar de pie, dejar los ojos abiertos, respirar con el vientre (no con el pecho), expulsar el aire con la nariz y centrar toda tu atención en el sonido y ritmo de tu respiración.


Haciendo esto en esos momentos restablecerás tus pensamientos y tu atención, te será más reorganizar los conceptos de tu cabeza, y alcanzaras un estado más adecuado para poder concentrarte.


7. Observación consciente


En este caso, la observación consciente consiste en escoger un objeto cualquiera. Puede ser la tapa de un libro, una lámpara o una taza de café (da igual la cualidades del objeto).


Una vez hayas escogido el objeto, debes observarlo muy atentamente y conseguir centrar toda tu atención en él durante unos 3 o 4 minutos.


Al hacerlo nuestra mente se libera de ciertos pensamientos, se centra en el presente y nos proporciona una sensación de “estar despiertos” que nos ayuda a concentrarnos en un aspecto concreto.


 

8. La imagen mental


Al igual que con el otro ejercicio, deberás escoger un objeto cualquiera que tengas a mano (un lápiz, un tenedor, unos zapatos…) y observarlo de forma minuciosa, centrando toda tu atención en él, e intentando recordar cada detalle de ese objeto.


Una vez hayas observado el objeto lo más atentamente que hayas podido durante unos 2 o 3 minutos, deberás intentar recrear una imagen mental sobre el objeto en tu cabeza, de manera que esa imagen sea lo más parecida posible al objeto.


Con este ejercicio, aparte de centrar tu atención en el presente como en el anterior, trabajarás tus procesos de almacenamiento de información, por lo que deberás realizar un trabajo de concentración extra para recuperar la información del objeto que acabas de observar.



9. Expresión de nuestros recuerdos


Un ejercicio que podemos realizar consiste en recordar nuestras vacaciones, escribiendo todos los detalles que recordemos de ellas: dónde fueron, con quién fuiste, qué lugares visitaste, qué anécdotas sucedieron, etc.


Este ejercicio se puede realizar por la noche, de forma relajada y tranquila, durante unos 30-40 minutos antes de irse a dormir.



10. Concéntrate en tu día


Otro ejercicio que puede realizar antes de ir a dormir es intentar recordar todo lo que has hecho durante todo el día cuando te metes en la cama.


Lo puedes hacer cuando ya estás tumbado en la cama, y el objetivo es que durante los 5 o 10 minutos que realices este ejercicio, puedas ir recordando con el máximo detalle posible todo lo que has hecho durante el día, las personas que has visto o las cosas que te han llamado la atención.



Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de prevenir accidentes y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo a continuación algunos links con cuadernos gratuitos para que puedas bajártelos y hacer los ejercicios...


Cuadernos de Atención (https://www.ecognitiva.com/cuadernos/)


Ejercicios de Atención


Ejercicios de Atención sostenida


Ejercicios de Rastreo visual


Ejercicios de Encuentra las diferencias



* Marcel Gratacós. (20 de septiembre de 2018). 10 Ejercicios para Mejorar la Concentración (Niños y Adultos). Lifeder. Recuperado de https://www.lifeder.com/ejercicios-para-mejorar-tu-concentracion/



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sábado, 21 de agosto de 2021

¿Cómo mejorar la habilidad manual, el caminar y el mantenimiento de la postura?

En este artículo vamos a trabajar sobre las habilidades motrices y qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarlas.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”


Las habilidades motrices fundamentales comprenden, básicamente, la destreza manual, la marcha (es decir, la capacidad de caminar) y el mantenimiento de la postura. 


El gesto motor, es decir de movimiento, tiene su soporte físico esencial en los huesos, articulaciones, tendones y músculos. 


El movimiento responde a un amplio abanico de posibilidades y matices, obedeciendo a una compleja organización que reside en el cerebro y que cuenta con múltiples interconexiones.


El conjunto musculoesquelético debe trabajar en armonía, con flexibilidad, para lograr la adecuada coordinación entre músculos y articulaciones.



La habilidad manual

La mano representa la máxima evolución de las extremidades superiores en la evolución de las especies y determina muchas de las capacidades funcionales y creativas únicas de la especie humana. 


En el cerebro humano se ha desarrollado una extensa área que ha evolucionado para controlar las manos y, especialmente, los pulgares. La posición y movilidad del pulgar y las posibilidades de prensión que permite suponen un refinamiento del control manual, representando uno de los grandes factores que ha llevado al ser humano a desenvolverse con mayor éxito en gran variedad de entornos climáticos y geográficos. 


Pensemos en la era actual, la de las nuevas tecnologías. En este caso, una nueva función ha potenciado claramente un órgano: el pulgar. Hay quien a la generación joven actual la llama la «generación del pulgar», ya que con dicho dedo, pulsando sobre distintas herramientas tecnológicas, se comunica, se saluda o se decide la suerte de un programa de televisión, entre otras cosas.


La mano supone una importante herramienta creativa, algo así como una extensión del intelecto, un medio de comunicación no verbal y uno de los principales órganos sensoriales. 


La destreza manual determina, en gran medida, la calidad de muchas de las habilidades cotidianas, de funcionalidades relacionadas con el trabajo y de actividades recreativas. Además, permite llevar a cabo movimientos de extrema precisión, así como realizar tareas que requieren de considerable fuerza. 


Con la mano pueden ejercerse distintas formas de prensión, como:


  • la prensión por oposición terminal entre el pulgar y otro dedo, que es la que nos permite por ejemplo sostener una aguja; 
  • la prensión por oposición subterminal, que nos permite, por ejemplo, sostener un lápiz (pero no para escribir); 
  • la prensión por oposición subterminolateral, que se demuestra por la capacidad de sostener una moneda entre el lateral del índice y su presión con el pulgar (por ejemplo, para insertarla en la ranura de una máquina, o para girar una llave en una cerradura); 
  • la prensión tridigital, que nos permite sostener un lápiz para escribir;
  • las prensiones tetra y pentadigitales, que permiten la acción de enroscar y desenroscar; o 
  • la prensa esférica, que permite sostener objetos redondeados

Por otro lado, no suele pensarse en la capacidad que la mano tiene, además de para agarrar, para soltar, y que ante determinadas enfermedades que suponen una rigidez y/o lentitud (como la enfermedad de Parkinson) puede verse limitada.


Para estimular la motricidad manual fina son recomendables:


    • las actividades recreativas tipo manualidades: 

    • modelar con distintos materiales (arcilla, plastilina, etc.), 

    • dibujar

    • pintar (también escribir); 

    • hacer labores (coser, hacer punto, ganchillo, punto de cruz, etc.); 

    • así como ejercicios de separar o agrupar botones, legumbres, semillas, etc.



La funcionalidad motriz


El declive de la funcionalidad motora asociado a la edad puede deberse a distintos factores. 


Por ejemplo, algunas consecuencias de la osteoartritis de los dedos son dolor, inflamación, deformidades en las articulaciones y reducida movilidad de dedos y muñeca, dificultando ciertas actividades de pinza y/o prensión.


Del mismo modo, también contribuyen a la alteración del movimiento en general factores conductuales asociados al envejecimiento, como el declive en el ejercicio y en la actividad física y un estilo de vida más sedentario.


Muchas personas, al hacerse mayores, caminan y se mueven más lentamente, y cuando no está asociado a otros trastornos o enfermedades (como la enfermedad de Parkinson) se considera un rasgo del síndrome de fragilidad física del envejecimiento.


El funcionamiento ágil de las articulaciones deriva de la integridad de distintos tejidos y estructuras, como ligamentos, tendones y cartílagos.


¿Cómo afecta la edad a las articulaciones y a la pérdida de movilidad? 


Con el avance de la edad se producen cambios importantes en el entorno de las articulaciones y, como resultado, las fibras de tendones y ligamentos se empiezan a fragmentar, de forma que pierden capacidad para compensar la tensión derivada del movimiento de las articulaciones. 


Consiguientemente, las articulaciones pierden elasticidad y se vuelven más propensas a lesiones. A la larga, el resultado funcional es que hasta pequeños movimientos de articulaciones se tornan dolorosos. 


Ya desde los 20 años de edad, los cartílagos experimentan cambios en su grosor. En edades avanzadas se han adelgazado considerablemente y son muy frágiles. 


Como resultado de todo este desgaste acumulado a lo largo de la vida en las articulaciones, se manifiesta la artritis, pudiéndose sentir dolor aun cuando las articulaciones estén flexionadas. 


La más común es la osteoartritis, que se caracteriza por una serie de desajustes en las articulaciones, resultando en dolor y pérdida de flexibilidad y movilidad. 


Algunas profesiones o aficiones que suponen determinados movimientos repetitivos pueden incrementar el riesgo de padecer dichas alteraciones o adelantar su aparición (por ejemplo, algunos deportes, el manejo continuado de determinadas herramientas como el martillo neumático, etc.).


La marcha


En términos médicos, el hecho de caminar se denomina marcha. Cuando caminamos sin ningún tipo de problemas, se dice que tenemos una marcha normal. Una marcha normal se caracteriza por caminar con sensación de libertad, porque los movimientos son casi automáticos y la deambulación se realiza prácticamente sin tener conciencia de ellos. 


El peso se desplaza de forma alterna de una pierna a otra. Al mismo tiempo, los brazos se balancean de forma cruzada al movimiento de las piernas (es decir, si la pierna izquierda se adelanta, el brazo derecho se desplaza hacia atrás, y viceversa). La postura del tronco varía en cada persona, pero en general es más o menos erecta. Existe una alta variabilidad individual en la marcha.


De hecho, algunas personas tienen un modo de andar tan característico que pueden ser identificadas a distancia por su aspecto o por el sonido de sus pasos. 


El envejecimiento suele causar un progresivo enlentecimiento de la marcha, así como de las acciones motoras en general, debido al deterioro de algunas estructuras del sistema nervioso. 


Junto a los problemas óseos y articulares antes descritos, es frecuente que moverse resulte una actividad más costosa que cuando se era más joven. Sin embargo, las personas que han tenido una vida especialmente activa y que, con la edad, siguen manteniendo un cierto nivel de ejercicio físico acusan menos las dificultades de movimiento.


No obstante, la disminución de algunos recursos cognitivos como la capacidad de atención (esto lo veremos en el próximo artículo) en sus distintas modalidades puede afectar a la efectividad y la seguridad de la marcha.


Debe prestarse atención al caminar y, especialmente, en edades avanzadas, ya que algunas habilidades como la capacidad de atención dividida pueden verse disminuidas. 


Otras precauciones a tener en cuenta son el incrementar la autoconciencia que significa estimar correctamente las propias limitaciones físicas, ya que el subestimarlas puede llevar a una inadecuada valoración de los riesgos del entorno (suelos resbaladizos, caminos estrechos, pavimentos en mal estado, cruzar calles por lugares indebidos, etc.) e incrementar el riesgo de caídas. 


Consejos para estimular la habilidad motriz


  • Procure realizar ejercicio físico
  • Es muy importante mantenerse activo socialmente. En un reciente estudio sobre personas mayores, se sugiere que una menor participación en actividades sociales está relacionada con una mayor probabilidad de declive de habilidades motoras como la fuerza y la destreza.
  • Muchas actividades cotidianas pueden contribuir a la preservación de la destreza manual: coser, hacer bricolaje, manualidades, etc. Ahora bien, debe evitarse la realización de ciertas actividades de forma prolongada si aparece dolor en las articulaciones de manos y dedos, distribuyendo, en tal caso, la actividad en sesiones más cortas.
  • Si padece dolor en las manos, tal vez se beneficie de masajes periódicos por parte de un profesional de la manicura o un fisioterapeuta, o simplemente de un suave masaje con crema hidratante realizado por algún familiar o amigo, sin que ello sustituya el consejo médico.}





Pensando en la habilidad motriz: adaptaciones en el entorno para facilitar las actividades de la vida diaria


El movimiento es un requisito indispensable en la mayor parte de las actividades cotidianas, empezando por aquellas más básicas, necesarias para llevar una vida autónoma. A continuación veremos algunas orientaciones para, en función de cada necesidad particular, poder adaptar el entorno y, así, tratar de facilitar el desarrollo de tales actividades.


La higiene personal y el baño


El baño puede ser una actividad peligrosa para personas con problemas de movilidad y estabilidad. La accesibilidad y seguridad pueden mejorarse con medidas para evitar o minimizar el riesgo de resbalones o tropiezos.


  • Para la ducha, es recomendable la instalación de un pasamanos (firmemente sujeto a la pared) para ayudar a salvar el pequeño escalón de entrada. Asimismo, utilizar un asiento estable dentro de la ducha disminuye el riesgo de caídas.
  • Cuando exista dificultad para inclinar el cuerpo hacia delante y alcanzar zonas como rodillas o pies, se puede recurrir a esponjas con mango largo.
  • Para utilizar gel, champú o cremas hidratantes, pueden resultar muy útiles dispensadores fijados a la pared y fácilmente recargables. Así se evitarán las incomodidades que pueden derivarse de abrir y cerrar frascos con las manos mojadas, además del riesgo de caída al no poder sujetarse por tener las manos ocupadas.
  • Se recomienda colocar velcros en las toallas para su sujeción, para así poder destinar las manos únicamente al secado del cuerpo y no a tener que, además, sujetar la toalla.
  • Es muy importante que el suelo del cuarto de baño sea de algún material antideslizante (también pueden colocarse alfombrillas de goma en las zonas de mayor uso) y evitar que esté mojado (usar, por ejemplo, alfombrillas de toalla para la salida de la bañera o de la ducha).
  • En la zona del inodoro también puede resultar muy útil la colocación de un pasamanos para facilitar el gesto de sentarse y levantarse.

      

Asimismo, si se considerara necesario existen unas sencillas alzas que se colocan encima del inodoro para que el asiento quede más elevado y, así, facilitar igualmente el sentarse y levantarse del mismo (consultar en ortopedias).


  • La reducción de la fuerza o de la efectividad de prensión manual puede hacer más difíciles tareas como el afeitado, el cepillado de dientes o el secado del pelo. Son muy recomendables aparatos como los cepillos de dientes eléctricos o las máquinas de afeitar eléctricas, así como secadores ligeros. Por otro lado, el simple engrosamiento (por ejemplo, con gomaespuma) de artículos convencionales (cepillos de dientes, peines, cubiertos, etc.) contribuye a facilitar su agarre y utilización.


El vestido y el desvestido


Los problemas articulares y/o de inestabilidad pueden dificultar las tareas de vestido y desvestido. Algunas sugerencias para facilitar estas actividades:


  • Siempre que sea posible, es recomendable vestirse y/o desvestirse estando sentado, ya sea en la cama o en una silla disponible en la habitación.
  • En caso de tener problemas para alcanzarse los pies, o para no forzar la flexión de cadera en caso de lesiones o dolor, pueden utilizarse calzadores largos o pasamedias adaptados (consultar en ortopedias).
  • El uso de prendas con cintura elástica (en lugar de botón, cremallera, cinturón, etc.) o de zapatos sin cordones ni hebillas (mejor cierres de velcro, o sin cierres, siempre y cuando el pie quede bien sujeto) facilita la tarea del vestido, especialmente cuando existan problemas manuales que entorpecen la motricidad fina.



La comida y el manejo de utensilios


Si por problemas manuales (dolor articular, deformidades óseas, problemas de prensión, etc.) manejar los cubiertos se convierte en una ardua tarea, probablemente se pierda interés en la comida. 

La recomendación del uso de cubiertos adaptados es una opción para mantener la independencia en una actividad tan importante como la alimentación. 


Pueden ser de gran utilidad los siguientes objetos:


    • Cucharas ligeras y con el mango curvo y/o engrosado.

    • Tenedores y cuchillos ligeros y con el mango engrosado.

    • Tazas con dos asas, para facilitar su agarre.


En caso de precisar orientación, puede consultar con su médico de familia para que le indique la posibilidad de contactar con un profesional, como un terapeuta ocupacional, especialista en orientar a los usuarios y a sus familiares o cuidadores sobre las mejores estrategias de adaptación, tanto mediante cambios físicos en el entorno como mediante un entrenamiento específico en ejercicios y formas de proceder en la vida cotidiana para hacer que las actividades resulten más fáciles y potenciar, así, la autonomía.


Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de prevenir accidentes y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


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lunes, 16 de agosto de 2021

¿Cómo manejarnos con el cambio en el aparato sensorial (tacto)?

 Hoy vamos a trabajar sobre el tacto y qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarlo.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los artículos anteriores y que plantea la importancia fundamental que tiene mantener activa nuestra mente y nuestros sentidos en las diferentes etapas de la vida y en especial para el Adulto Mayor.


La Obra Social Fundación ”la Caixa” ha publicado una guía titulada “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Ahora veremos cómo funciona el sistema somatosensorial y los efectos del envejecimiento.


El sistema somatosensorial es el responsable de distintas sensaciones y está formado por una serie de receptores en la piel, células nerviosas o neuronas y sus extensiones, denominadas axones, que forman unas vías por las que viajan los mensajes (en forma de señales o impulsos nerviosos) hasta distintas zonas del cerebro, que interpreta su significado. 


El sistema somatosensorial recibe múltiples tipos de señales del cuerpo: roces, golpes, dolor, presión, temperatura y sentido de la posición de músculos y articulaciones. 


Estos distintos tipos de sensaciones se agrupan en tres vías distintas en la médula espinal y tienen distintos destinos en el cerebro para su interpretación. 


La primera modalidad de percepción es el tacto discriminativo, que incluye el tacto, la percepción de presión y la percepción de vibración. 


El tacto discriminativo nos permite reconocer letras en relieve con los dedos, describir la forma y textura de un objeto sin verlo, o sentir que una pieza de ropa nos aprieta, por ejemplo. 


El segundo grupo es el de la percepción de dolor y de temperatura, así como la percepción de picor y de cosquilleo. 


La tercera modalidad es la llamada propiocepción, e incluye receptores para lo que sucede bajo la superficie corporal: tensión de los tendones o músculos, posición de las articulaciones, etc. 


Algunos receptores trasladan información al cerebro sobre la posición y estado de los órganos internos, lo que permite identificar cambios relevantes, como un dolor de estómago, por ejemplo.


Muchos estudios han mostrado que, con la edad, pueden verse afectadas las sensaciones de dolor, vibración, temperatura, presión y tacto.


No está claramente definido si estos cambios se deben al propio envejecimiento o a trastornos frecuentes en edades avanzadas, ni se conocen sus causas exactas (algunos estudios apuntan a una disminución del riego sanguíneo en los receptores del tacto, o en el cerebro, o en la médula espinal; otros lo atribuyen a pequeñas deficiencias dietéticas). 


En cualquier caso, lo cierto es que muchas personas experimentan cambios en las sensaciones relacionadas con el sistema somatosensorial a medida que envejecen, algunos de esos cambios son:


  • Puede resultar más difícil distinguir sensaciones térmicas (fresco-frío, templado-caliente, etc.), lo que aumenta el riesgo de posibles lesiones como quemaduras, hipotermia o congelación.


  • La disminución en la capacidad de detectar vibración, tacto y presión aumenta el riesgo de lesiones como úlceras por presión (frecuentes en pacientes encamados o con movilidad reducida que permanecen mucho tiempo en una misma posición).


  • Una sensación propioceptiva disminuida puede conllevar problemas al caminar por la no tan precisa capacidad de percibir la posición del cuerpo respecto del suelo. Asimismo, una reducida sensación táctil de los pies también puede contribuir a la inestabilidad postural.



Algunas repercusiones cognitivas y funcionales que podemos percibir:


  • Puede afectarse el tacto y la motricidad fina. Abrir una botella o manejar los cubiertos puede resultar más difícil.


  • Aunque algunas personas desarrollan una mayor sensibilidad a las rozaduras a causa de la pérdida de espesor de la piel (piel más fina), lo cierto es que con los años suele producirse una disminución de la sensibilidad de la piel que puede conllevar que una persona mayor no sienta dolor hasta que la piel ya se haya lesionado.


Esta pérdida de agudeza sensorial puede repercutir en distintos aspectos funcionales, como la destreza manual, la estabilidad postural, la sensación térmica o la percepción de dolor. 


La presencia de enfermedades que afecten al sistema circulatorio (por ejemplo, diabetes, accidentes vasculares cerebrales) o al sistema musculoesquelético (por ejemplo, artritis) pueden empeorar el desarrollo de dichas funciones.




Luego de analizar los cambios que pueden producirse, vamos a trabajar algunos consejos para prevenir lesiones o complicaciones derivadas de posibles cambios en la percepción táctil y de sensaciones:


  • Es recomendable limitar la temperatura máxima del agua doméstica (la mayor parte de los termotanques y calefones cuentan con un regulador para tal fin) para reducir el riesgo de quemaduras.


  • Conviene guiarse por la temperatura indicada por un termómetro para decidir con qué tipo de ropa vestirse, en vez de esperar a sentir calor o frío para luego acomodarse. 


Llevando la ropa adecuada se ayudará a prevenir trastornos como enfriamientos o malestares derivados de una excesiva sensación de calor.


  • Es muy importante inspeccionarse la piel en búsqueda de pequeñas lesiones (especialmente los pies). En caso de encontrar alguna lesión, hay que tratarla y no asumir que, si no duele, no tiene importancia.


  • Debe informarse sobre la posibilidad de adquirir algunos instrumentos pensados para hacer la vida más fácil, en este caso cuando afloran problemas táctiles.


Algunos de estos elementos pueden ser:


  • bolígrafos ergonómicos, 
  • cubiertos con el mango engrosado, 
  • platos y vasos con protecciones antideslizantes, etc.


Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de prevenir accidentes y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


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sábado, 31 de julio de 2021

¿Cuáles son los cambios en el olfato y el gusto al envejecer?

Hoy vamos a trabajar sobre el olfato y el gusto y veremos qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarlos.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los artículos anteriores y que plantea la importancia fundamental que tiene mantener activa nuestra mente y nuestros sentidos en las diferentes etapas de la vida y en especial para el Adulto Mayor.


La Obra Social Fundación ”la Caixa” ha publicado un libro/guía/ titulada “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


A continuación analizaremos cómo funcionan el olfato y el gusto y los efectos del envejecimiento.


A menudo, la importancia de los sentidos del olfato y el gusto pasa desapercibida. Uno y otro se complementan, como cuando interactúan estrechamente para ayudarnos a apreciar la comida. 


La principal sensación de sabor proviene de los olores. 


Para comprobarlo te invito a que realices una prueba:


Con los ojos tapados y un broche de ropa en la nariz, pide a alguien que te dé a probar algún alimento. 

Ahí te percatarás de lo difícil que es distinguir de qué se trata. De hecho, aunque sepamos qué estamos comiendo, nos resulta mucho menos apetitoso, incluso insípido, como es en el caso de cuando estamos resfriados y padecemos los efectos de la congestión. 


Los olores estimulan receptores en la nariz, pero la mayor parte de los aromas de los alimentos no se reciben a través de la nariz, sino a través de la parte de atrás de la garganta, lo que se conoce como olfato retronasal. 


Así pues, lo que llamamos sabor de los alimentos es, principalmente olor. 


Sin olfato, el placer de disfrutar la comida se reduce drásticamente. 


Sin el sentido del olfato, el del gusto realmente solo percibiría los gustos primarios: dulce, salado, ácido y amargo. 


La influencia del aroma en el estado de ánimo ha sido ampliamente estudiada. 


Se ha sugerido que las fragancias pueden tener un efecto beneficioso en la irritabilidad, el estrés, la depresión y la apatía, y que, además, pueden potenciar la felicidad, la sensualidad, la relajación y la estimulación (aromaterapia).


Cómo funcionan estos sentidos:


Para cada olor percibido se crea (en nuestro cerebro) un patrón de actividad específico que nos permite identificarlo y asociarlo, por ejemplo, a un plátano, una rosa o una manzana; además, una posterior y muy amplia distribución de las señales a otras regiones cerebrales podría influir en nuestra capacidad para aprender, pensar, recordar, contemplar y, en definitiva, para ser.


El gusto se percibe desde las células receptoras de las papilas gustativas de la lengua (un adulto tiene, aproximadamente, 9.000), que son las responsables de la percepción de los cuatro gustos primarios: dulce, salado, ácido y amargo. 


Sin embargo, sin la participación del olfato sería imposible percibir la amplia gama de sabores de la que podemos disfrutar.


Efectos del envejecimiento en el olfato y el gusto:


A medida que envejecemos, tanto la cantidad de células receptoras como la cantidad de neuronas del bulbo olfatorio disminuye. 


Las personas mayores pueden tener solo un tercio de las células respecto a los jóvenes. Este podría ser el motivo por el que algunas personas pierden olfato con la edad.


El olfato alcanza su máxima agudeza entre los 20 y los 40 años de edad, se suele mantener estable entre los 50 y los 60 años y disminuye claramente a partir de los 70. 


La investigación científica muestra que, con la edad, se produce una disminución olfativa que puede manifestarse como una menor capacidad para detectar olores, una reducción en la percepción de la intensidad de los olores detectados y una mayor dificultad para identificar los olores (ponerles nombre). 


Aun así, las fronteras entre jóvenes y mayores son muy difusas respecto al olfato y, de hecho, muchas personas grandes tienen un sentido del olfato que perfectamente podría competir con el de jóvenes veinteañeros. 


Al margen de la edad, algunos trastornos y enfermedades (neurológicas, endocrinológicas, nutricionales, víricas, etc.) pueden alterar el sentido del olfato, así como algunos tratamientos farmacológicos.


Con la edad también pueden percibirse cambios en el sentido del gusto. El número de papilas gustativas, que son los principales receptores del gusto en la lengua, empieza a disminuir hacia los 40-50 años en mujeres y hacia los 50-60 en hombres. Además, las papilas gustativas remanentes se empiezan a atrofiar. 

La sensibilidad para los cuatro gustos primarios no parece empezar a disminuir hasta después de los 60, y no necesariamente se afecta.


Cuando sucede, los primeros gustos en afectarse son el salado y el dulce, mientras que el ácido y el amargo son ligeramente más resistentes. 


De todos modos, investigaciones recientes han demostrado que, probablemente, la pérdida de papilas gustativas no interfiere tanto en la percepción del gusto como otros problemas funcionales o mecánicos frecuentes en edades avanzadas. 


Por ejemplo, las personas mayores suelen producir menos saliva, lo que causa sensación de boca seca, interfiriendo en la percepción del gusto, además de dificultar ligeramente la digestión y potenciar algunos problemas dentales. 


Junto a ello, los problemas de masticación derivados de la pérdida de piezas dentales o del uso de dentaduras postizas también pueden interferir en el disfrute de la sensación del gusto. 


Es importante insistir en que, aunque el envejecimiento puede afectar de algún modo al gusto, en muchos casos lo que se percibe como una alteración del gusto es, en realidad, un problema de olfato.




Las alteraciones del gusto y del olfato en personas mayores tienden a ser subestimadas, por no considerarse críticas para la vida, pero, ciertamente, el sentido del olfato juega un papel importante tanto en nuestra seguridad como en la sensación de placer:


  • El olfato y el gusto nos permiten saborear las comidas y nos ayudan a tomar decisiones sobre alimentos (dulce, salado, picante). Su alteración puede llevar a un uso excesivo de la sal y/o del azúcar, o afectar al apetito, resultando en pérdida de peso o deficiencias nutritivas y, consiguientemente, repercutir en la aparición o empeoramiento de algunas enfermedades.


  • El olfato nos ayuda a detectar peligros, como la comida en mal estado o la presencia de humo o escapes de gas.


  • Por otro lado, el olfato añade placer a las actividades cotidianas: pensemos en el aroma del pan recién hecho o de nuestro guiso favorito, la fragancia de las flores en primavera, o el olor a limpio y fresco de nuestro hogar.


  • La pérdida de olfato también puede conducir a situaciones embarazosas o incómodas, sin pretenderlo. Por ejemplo, algunas personas con disminución de agudeza olfativa tienden a perfumarse excesivamente, debido a que no perciben la fragancia como antes, pero, aunque se haga inconscientemente, perfumarse excesivamente puede resultar molesto para quienes nos rodean. Del mismo modo, puede influir en la calidad del aseo personal.


Ante estas situaciones… ¿Qué podemos hacer?


Algunas recomendaciones:


Ejercitar el sentido del olfato


La pérdida de olfato suele ocurrir de forma gradual, pero, pueden seguirse algunas recomendaciones para ejercitar este sentido y ayudar a mantener su agudeza:


  • Entrene su mente, no su nariz: la mayor parte de olores se perciben a un nivel inconsciente. Pensando en los olores de cosas familiares nos hacemos más conscientes de tal sensación.


  • Huela a menudo, pero no mucho: el sentido del olfato se satura fácilmente, por lo que lo mejor es oler con moderación, hacer una pausa inspirando y expulsando el aire por la nariz rápidamente, y volver a oler. Para potenciar la discriminación entre olores, un buen ejercicio es oler distintas fragancias alternativamente.


  • El olor puede ayudar a crear asociaciones que hagan las cosas y lugares más memorables: en ocasiones sucede espontáneamente, pero si se crean impresiones conscientes sobre el olor de las cosas será más fácil recuperar un recuerdo vívido a pesar del paso del tiempo.


  • Varíe las fragancias: no permita que su sentido del olfato se aburra.

En distintos momentos del día, podemos deleitarnos con distintas fragancias, ya sea con un ambientador en el domicilio, incluso distinto en función de las habitaciones, variando de perfume según las circunstancias o según nuestro estado de ánimo, o simplemente poniendo flores en un jarrón.


Potenciar el sabor de las comidas


  • Para disfrutar más plenamente del paladeo de las comidas y prevenir el uso abusivo de determinados aditivos, como el azúcar o la sal, es recomendable aderezar los platos con otros potenciadores de sabor que, además de estimulantes, sean más saludables. Muestra de ello son las especias aromáticas (laurel, orégano, comino, canela, ajo, perejil, etc.).


Consejos sobre seguridad


  • Existen detectores de gas en forma de dispositivos o alarmas visuales altamente recomendables en los domicilios de personas mayores que puedan correr el riesgo de no detectar fugas de gas mediante el olfato.


  • Es importante que, en caso de padecer una acusada pérdida de olfato, familiares, amigos o vecinos supervisen el estado de los alimentos almacenados para, así, prevenir el riesgo de ingesta de comidas en mal estado que pueda tener consecuencias nefastas para la salud.


Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de prevenir accidentes y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


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