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lunes, 18 de octubre de 2021

Las emociones y nuestra salud

Hoy vamos a trabajar sobre las emociones y cómo influyen directamente en nuestra salud, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Trabajaremos con varios materiales y uno de ellos es el Manual de INTELIGENCIA EMOCIONAL práctica de Paty Wilensky. En especial con el apartado de las emociones.


Hay una frase muy interesante que se menciona en este manual y quiero compartirla con vos...


“Mis emociones pueden ser provocadas por un estímulo externo, pero siguen siendo mías. Adecuadas o inadecuadas, útiles o descabelladas, son mías. No puedo extirparlas como un tumor indeseable, narcotizarlas ni reprimirlas. Más vale que las conozca y me entere de dónde vienen, para qué existen”.


  •  ALEGRÍA, una emoción agradable. Es lo que solemos sentir cuando logramos algo… algo que esperábamos o algo que nos sorprende. Te hace sentir expansivo, a veces lleno, a veces flotando. Ante la alegría también hay una pregunta clave, que es más fácil de responder... ¿Qué he logrado? 


  • TRISTEZA, es lo que sentimos cuando perdemos algo. Te hace sentir vacío, sin fuerzas, hundido. Por lo tanto, cuando nos sentimos tristes, cabe preguntarnos... ¿Qué he perdido? Esta pregunta será la clave para comprender la información que trae la tristeza. 


  • ENOJO es lo que sentimos al percibir peligro, un ataque que nos hace poner en guardia, necesidad de defendernos y si es necesario, atacar. Pregunta clave: ¿Qué me ataca? ¿Qué está en riesgo?


  • MIEDO. Es una emoción que, o bien nos detiene, o bien da ganas de correr a esconderse. El miedo es lo que sentimos cuando el enemigo es más grande que nosotros. Pregunta clave: ¿Qué es más grande que yo? ¿Qué es lo que no puedo enfrentar?



Cada una de estas emociones tiene VARIAS FORMAS de manifestarse. 


Por ejemplo, la “tristeza” contiene la desilusión, nostalgia, agobio, etc. 


Hay otras emociones que son intermedias entre estas, por ejemplo: 


    • la FRUSTRACIÓN es mezcla de Enojo con Tristeza. 

    • la ANSIEDAD es una mezcla de Alegría con Miedo y 

    • la VERGÜENZA es una mezcla de Tristeza con Miedo.


EMOCIONES “BUENAS O MALAS”: TODAS ADECUADAS


El enojo, la tristeza y el miedo no son emociones negativas en si, y no se sienten negativas cuando se les permite su expresión natural.

Sucede que estamos habituados a reprimirlas, porque nos resultan desagradables. Una vez que hemos podido extraer información de esa emoción, le permitimos fluir. 


Es el bloqueo de la energía que tiene la emoción la que resulta negativa.

Mirándolo con el pensamiento reversible, cada emoción contiene una dualidad: 


La característica doble proviene de buscar el TALENTO que corresponde a cada emoción.


    • el ENOJO implica VALOR

    • el MIEDO implica PRECAUCIÓN

    • la TRISTEZA implica ACEPTACIÓN

    • la ALEGRÍA implica DESPREOCUPACIÓN


El enojo, el miedo y la tristeza son considerados negativos en la vida social.


Las emociones son saludables. Cuando dejan de ser breves e intensas, al llevarlas AL EXTREMO, dejan de ser saludables

La tristeza se convierte en depresión, el enojo en resentimiento y venganza, el miedo en fobia y la alegría en manía y negación.


LA EMOCIÓN CONTIENE ENERGÍA


Fíjate que tanto la alegría como el enojo son emociones “HACIA AFUERA”, te ponen potentes. Mientras que la tristeza y el miedo son “HACIA ADENTRO”, te sientes con pocas opciones y pocos recursos.


Las emociones pueden ser vividas como bestias salvajes. El objetivo es que tú logres subirte a la bestia y conducirla, llevarla hacia donde deseas (Conducir la emoción). 


El objetivo no es encerrar la bestia en el establo, para que no te asuste (Reprimir la emoción).

Como dice el sabio refrán: las emociones pueden ser tus mejores sirvientes o los peores tiranos. 


Si sientes que el caballo te domina a ti, y te lleva donde quiere.... es hora de empezar a “Aprender de las emociones”.


  • Aceptar que las emociones existen y son una información valiosa sobre mi mismo.
  • Darse cuenta que es necesario reconocerlas en el momento que suceden para lograr conducirlas, integrarlas a tu vida y que resulten una posibilidad de crecimiento.





Entonces...¿Qué pasa con las emociones y nuestra salud?*


Hay una relación directa e intensa entre las emociones, los órganos y los síntomas que podemos experimentar.


Cuando mantenemos un pensamiento negativo en la cabeza durante un minuto, el sistema inmunitario queda durante aproximadamente cinco horas en una situación delicada por lo que, si estos pensamientos o emociones negativas (o desagradables) se mantienen en el tiempo, estaremos más predispuestos a contraer enfermedades por la debilidad del sistema inmunitario que nos protege.


Situaciones estresantes durante mucho tiempo, hacen que se lesionen neuronas cerebrales responsables del aprendizaje y a su vez el cerebro sufre alteraciones que producen modificaciones en el sistema hormonal y las consecuencias que esto tiene en los diferentes órganos y sistemas del cuerpo.


Las emociones negativas o desagradables destruyen y las positivas o agradables lo contrario, tienen la capacidad de curar y hacernos felices.


Tenemos que aprender a vivir con nuestras emociones, buenas o malas y saberlas controlar, gestionar y comprender aunque no las exterioricemos. 


Debemos saber que pueden indicar que algo no funciona bien y pensar que la enfermedad puede tener un origen emocional causado por algún tipo de sentimiento no manifestado como tal, que se proyecta en el plano físico.


Por eso, órganos como el corazón o el intestino se relacionan con la alegría que los estimula, en cambio, la agitación o el exceso de excitabilidad, el stress o la ansiedad pueden causar taquicardias, insomnio y falta de concentración.


Las personas obsesivas y que se desbordan emocionalmente suelen tener un desequilibrio cardíaco y digestivo.


Si vivimos con resentimiento, rabia, agresividad, cólera, indignación, irritabilidad o ira, nuestro hígado y vesícula biliar sufrirán. 


Las personas muy activas que se preocupan en exceso, que reaccionan con agresividad e ira de manera desproporcionada al estimulo sufrido, tendrán manifestaciones físicas relacionadas con problemas del hígado y la vesícula, que se pueden presentar en forma de malas digestiones de las grasas, dolor en costado derecho, color amarillo de la piel y manchas oscuras en cara e incluso problemas de visión.


El temor, la falta de autoestima y la timidez están asociados a los riñones, las glándulas suprarrenales y a la vejiga. El miedo o la angustia pueden dar dolor lumbar e infección urinaria. 


Nuestra energía se ve reducida, con una disminución del metabolismo y alteraciones de los procesos de la digestión cuando sentimos estas emociones.


La tristeza, la melancolía y la aflicción pueden afectar al pulmón. Podemos sentir opresión en pecho, dificultad para respirar, resfriados frecuentes, asma y problemas circulatorios, incluso falta de apetito o pereza.



¿Podemos reducir nuestro estrés?**


Deberemos reconectarnos con nosotros mismos, dejar un poco de lado el mundanal ruido y volver a “nuestra esencia”. 


 

Veamos cómo hacerlo:


  • Recupera tus vínculos


Pasar tiempo con tu pareja, hablar con tus padres, tomar algo con los amigos, escuchar a tus familiares. 

Las relaciones íntimas y cercanas mejoran la presión arterial, reducen los niveles de estrés, ansiedad, reducen la sintomatología depresiva, y como este tipo de patologías propician enfermedades corporales o disminuyen su recuperación, las buenas relaciones también contribuyen a prevenir o recuperarse  del cáncer, entre otras afectaciones. 


  • Vive el presente


El cerebro se agota y se estresa cuando tiene que estar pensando constantemente en qué debe hacer, qué no hizo, obligaciones, preocupaciones… 


PARA, RESPIRA, CONECTA CON EL AQUÍ Y AHORA, con tu respiración. Y no temas postergar las cosas que no te agradan. 


La vida tiene una duración definida. ¿De verdad limpiar la casa es más importante que jugar con tus hijos o hacer planes con tu pareja? 


  • Cuida tus emociones: 


Todas las emociones son adaptativas, hasta las que menos nos gustan. Pero una cosa es vivir estas emociones de forma pasajera, y otra quedarse anclado en ellas. 


Se ha visto que emociones como la ira, la tristeza, la ansiedad o el miedo, cuando se sostienen indefinidamente, producen alteraciones en nuestra salud como dolores de cabeza, enfermedades arteriales, trastornos digestivos, etc. 


No solo cambian nuestras respuestas fisiológicas dañando nuestro cuerpo (hipertensión, elevación de la frecuencia cardíaca, etc.) sino que nos alejan de las conductas de salud (buena alimentación, deporte, relaciones sociales) y de las emociones positivas o placenteras, que aumentan el bienestar y sirven de protección para la enfermedad. 


  • Cuida tu alimentación: 


Pero no a forma de dieta, sino como estilo de vida. 


  • Practica deporte


Libera endorfinas, por lo tanto, felicidad. Correr, nadar y sobre todo, aquellos que conectan con tu interior, como el yoga o el tai-chi, pueden ser grandes opciones para volver a recuperar tu paz interior y cuidar tanto tu mente, como tu cuerpo. 


  • Vive de acuerdo a tus principios: 


Vivir en base a lo que nos dicen otros o lo que dicta la sociedad genera estrés y tristeza, por lo tanto, enferma nuestro cuerpo. 


Tener valores, principios y vivir en torno a ellos, sintiendo que cada objetivo que das está de acuerdo a un fin, te hará sentirte más valioso y sobre todo positivo frente a los problemas de la vida. 


  • Vuelve a la naturaleza: 


Si los estímulos producen estrés al cerebro, volver a la naturaleza, a su quietud, a su tranquilidad, nos provocará paz y relajación. 


La naturaleza es fuente de calma, aprovecha para contemplarla, para conectarte con ella, para enraizarte. Hacer Mindfulness o yoga en un lugar natural es doblemente efectivo. 



¿Qué sucede si no “encuentro” mis emociones?***


Para sentir físicamente una emoción y nombrarla, es necesario una ralentización. Para ello, se recomienda una exploración corporal consciente.


“Los sentimientos o el miedo pueden congelarse de manera que experimentemos entumecimiento en lugar de sensaciones”, «Eso está relacionado con el trauma, y cuando empezamos a sanar, ese trauma se “derrite“ y las sensaciones subyacentes salen a la superficie«.Tanmaya George


Sintonizar con su cuerpo y prestar atención donde siente sensaciones intensas, es la mejor manera de localizar un sentimiento. 








Por ejemplo:


  • Mueva sus pies y manos suavemente y frótelos contra una superficie para sentir sus extremidades, y luego conéctese a cómo se siente.
  • Busque formas u objetos reconfortantes y tómese un tiempo para absorber la experiencia de mirarlos. ¿Cómo le hace sentir?
  • ¿Qué sensaciones se desarrollan a medida que asimila el olor, la forma, el color y el sonido?
  • Oriéntese con cuidado en la habitación y mire todo como si lo estuviera viendo por primera vez.
  • Aleje su atención de la incomodidad. También puede tocar con su mano, de manera reconfortante, el área en la  que siente la incomodidad, y sentir el calor de la mano.



Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a nuestras emociones y para mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Infografía:

https://somatic.experiencing.es/donde-se-sienten-las-emociones-en-el-cuerpo-esta-infografia-lo-muestra/

*https://www.mheducation.es/blog/el-cuerpo-es-el-reflejo-de-las-emociones-y-los-pensamientos

**https://www.psicologiamadrid.es/blog/articulos/temas-actuales-de-psicologia/emociones-salud-cuerpo

***https://somatic.experiencing.es/donde-se-sienten-las-emociones-en-el-cuerpo-esta-infografia-lo-muestra/



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sábado, 11 de septiembre de 2021

¿Cómo funciona la memoria? Y la diferencia con el olvido o lapsus.

Hoy vamos a trabajar sobre la memoria y el olvido o lapsus teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Tipos de memoria


No es fácil comprender los mecanismos de la memoria, ni comprender por qué algunas cosas se recuerdan tan bien, mientras que para otras se suele tener problemas. 


Lo primero que hay que comprender es que la memoria no es una cosa única, sino una habilidad que presenta muchas caras. Es decir, existen distintos tipos de memoria y distintas formas de clasificarlos. 


Una forma de clasificación, que puede ayudar a entender las diferencias, es por oposición entre tipos de memoria, partiendo de dos grandes almacenes, en función del tiempo que los datos permanecen en ellos, distinción que ya fue propuesta en el siglo xix por William James.



Memoria a corto plazo (MCP)


Por MCP se entiende el recuerdo de información de forma inmediatamente posterior a su presentación o a su recuperación ininterrumpida, por lo que también se la conoce como memoria inmediata. 


Esta forma de memoria depende absolutamente de la capacidad de atención, ya que hay que prestarle mucha a lo que se quiere retener. La capacidad de esta forma de memoria es bastante limitada (normalmente, entre 5 y 9 elementos o unidades de información, que pueden ser palabras, cifras, imágenes, etc.).

Un ejemplo de cuándo emplearíamos este tipo de memoria es cuando queremos memorizar los números premiados del loto que acaban de anunciar por radio o TV, hasta que podemos anotarlos en un papel.


Una forma específica de MCP es la memoria de trabajo, que es la que nos permite retener y manipular temporalmente la información mientras se está aprendiendo algo, tratando de comprender, razonando o realizando tareas cotidianas. 

Por ejemplo, hablando con alguien en un idioma extranjero, que conocemos pero no dominamos a la perfección, retenemos unos segundos lo que nos dice mientras, mentalmente, lo traducimos a nuestro idioma. 

También usamos la memoria de trabajo cuando marcamos un número de teléfono mientras lo vamos mirando en el papel (ese proceso de ir mirando e ir marcando, alternativamente, es función de la memoria de trabajo). Evidentemente, también se precisa de una buena capacidad de atención.


Memoria a largo plazo (MLP)


La MLP, sin embargo, es un almacén de capacidad ilimitada en el que algunas de las informaciones que nos llegan se conservan durante mucho tiempo, incluso de forma permanente. 


En la MLP se almacenan, como si fueran apartados o cajitas distintas, distintos tipos de información, datos y aprendizajes, lo que da lugar a otros tipos de memoria:


  • Memoria no declarativa o implícita
Se refiere a adquisiciones, recuerdos, representaciones, etc. que poseemos pero a los que no accedemos de forma consciente.  

Por ejemplo, podemos ir en bicicleta, conducir, nadar, coser, atarnos los zapatos, abrochar cremalleras, etc. sin esfuerzo mental, sin tener que pensar en cómo se hace, independientemente del tiempo que haya pasado desde que lo hicimos por última vez.


  • Memoria declarativa o explícita


Al contrario de lo que sucede con la memoria implícita, en este caso su acceso es siempre de forma consciente. En esta forma de memoria se almacenan las cosas que aprendemos y todas aquellas informaciones cuya recolección o cuyo acceso es necesario cuando se realizan distintas tareas y actividades cotidianas. 



¿Cómo memorizamos? Fases de la memoria


En nuestra vida cotidiana recibimos una enorme cantidad de información y nuestro cerebro se enfrenta a la ardua tarea de decidir qué retener y qué no. Para decidir qué recordar y qué olvidar, de alguna forma la información es sometida a un proceso de filtrado que consta de varias fases:


Primera fase: registro. 

Inicialmente, la información o las experiencias son «absorbidas» por la memoria.


Segunda fase: almacenamiento. 

Es el mantenimiento de la información para poder acceder a ella cuando se requiera. 


Tercera fase: evocación de la información. 

Se refiere al hecho de recuperar o acceder a la información que, en su momento, fue registrada y almacenada. 


El proceso de memorización requiere de cierto esfuerzo, que puede ser más o menos intenso en función del contenido de lo que se quiera recordar, de la más o menos fácil asociación con informaciones que ya poseemos, etc., pero si algo debe tenerse presente es que nunca debería darse por supuesto que se recordará algo por lo que no se ha hecho ningún intento deliberado por recordarlo.


Antes de buscar nuevas estrategias o de realizar modificaciones en su entorno, debería descartarse la posibilidad de que las dificultades de memoria estén causadas por problemas de salud


Lo primero, hay que considerar si los problemas de memoria son nuestro único síntoma. Si es así, es muy probable que el solo hecho de modificar el entorno y los hábitos sea de gran ayuda. Pero si, sin embargo, nos percatamos de la presencia de otros síntomas, aunque no parezcan relacionados (fatiga, irritabilidad, inapetencia, mareos, etc.), es probable que tales problemas sean consecuencia de alguna disfunción física o psicológica. 


Podría ser algo tan simple como falta de sueño. Hoy en día se tiende a dormir menos de lo recomendable, cuando no debe subestimarse la importancia del sueño para garantizar un óptimo funcionamiento del cerebro. 


Otras posibles causas pueden encontrarse en las alergias y/o hipersensibilidades de distintos tipos (a sustancias del entorno, alimentos, etc.). Por otro lado, está ese viejo compañero, tan habitual en nuestros estilos de vida actuales: el estrés.


Si estamos excesivamente atareados, tratando de manejar y controlar demasiadas cosas, es casi obvio que eso nos pasará factura en los recursos mentales y, de forma más acusada, con la edad. 

De poco sirve compararse con los demás, porque todos somos distintos y, por lo tanto, tenemos distintas capacidades.


No hay que medir las propias posibilidades en base a lo que creemos que se espera de nosotros, sino en base a lo que realmente podemos manejar.


¿Realmente es la memoria lo que me falla?


Hay una forma muy frecuente de «despistes» que, en realidad, no supone un fallo de memoria. Son lapsus cotidianos. Veamos un ejemplo:


  • Estamos yendo a una habitación de la casa con la intención de hacer algo y, sin saber cómo, nos hemos puesto a hacer otra cosa distinta.


Esto no representa un problema de memoria; son despistes o distracciones y a todos nos pueden suceder. Por eso también les llamamos lapsus, apuntando más hacia la naturaleza de tales errores. 


¿Qué características tienen?


  • Suelen producirse durante la realización de tareas muy aprendidas y que, en gran medida, son automáticas.
  • Suelen producirse cuando estamos preocupados o distraídos.
  • En algunos casos se ven implicadas intrusiones de otras acciones habituales que comparten algunas características con la acción pretendida.


Estos hábitos intrusivos son más propensos a suceder cuando:


  • De alguna forma, pretendemos apartarnos de nuestra rutina. 
Por ejemplo, hemos decidido dejar de ponernos azúcar en el café pero, cuando nos damos cuenta, ya nos la hemos puesto.
  • La situación ha cambiado, exigiendo un cambio en nuestra rutina habitual. 
Por ejemplo, nuestra hermana se ha mudado, pero cuando la vamos a visitar a veces nos dirigimos primero al lugar donde vivía antes.
  • La situación comparte rasgos con otra situación muy familiar. 
Por ejemplo, vamos a subir al coche de un amigo y tratamos de abrir la puerta con la llave de nuestro coche.


Otros tipos de lapsus son los siguientes:


  • Alteración de una secuencia. Se refiere a cuando nos «perdemos» en una secuencia más o menos automatizada. 
Por ejemplo, estamos cocinando cuando suena el teléfono. Contestamos. Cuando retomamos lo que estábamos haciendo, no estamos seguros de si ya habíamos echado la sal o no. 


También puede suceder que no reparemos en el dato y que, no siendo conscientes de que ya la habíamos echado, pongamos más sal o, al revés, demos por supuesto que ya lo hemos hecho y resulte un guiso soso. 


Otro ejemplo: poner en marcha la cafetera sin haber llenado el depósito del café; resultado: obtenemos agua hervida.



  • Mezclas entre secuencias. Cuando nos confundimos entre dos tareas que, de algún modo, llevamos a cabo simultáneamente. 


Por ejemplo, tenemos prisa por salir de casa pero, antes, debemos guardar un jarabe en la heladera y recordar meter en el bolso las gafas de sol. Puede suceder que, con las prisas, guardemos el jarabe en el bolso y metamos las gafas en la heladera.


  • Inversiones en una secuencia. De nuevo nos confundimos, pero en este caso en el orden de realización de una secuencia.
Por ejemplo, guardamos la cubetera vacía en el congelador y luego nos dirigimos hacia el grifo con la intención de llenarla, pero con las manos vacías.


Como hemos visto, la mayor parte de estos lapsus cotidianos suceden en el contexto de secuencias de acciones, a menudo tan practicadas que son automáticas o semiautomáticas. 


Escenarios frecuentes donde se producen son al vestirse o desvestirse, lavarse, hacer café, cocinar, etc., ejemplos comunes de secuencias de acción. 


La primera sugerencia que podría hacerse para minimizar la incidencia de tales lapsus sería la de prestar más atención, pero si una de las grandes ventajas y características de las secuencias de acción es, precisamente, que liberan nuestra mente de la necesidad o esfuerzo atencional, entonces no parece una buena estrategia. 


Sin embargo, si somos propensos a cometer ciertos lapsus a continuación se proponen algunas estrategias.


Lo más útil es ser consciente de qué circunstancias nos suelen llevar a cometer tales lapsus, para entonces:


  • Decidir si los lapsus conducen a errores o descuidos importantes o no. Si no lo son, procurar no preocuparse excesivamente.


  • Realizar un esfuerzo deliberado por prestar atención cuando se trate de algo importante. Por ejemplo, si sabemos que, frecuentemente, cuando ya estamos en la calle nos percatamos de que nos hemos dejado las llaves del coche, procurar ponerlas de antemano en algún lugar en el que, con toda seguridad, las llaves vendrán con nosotros (cada vez que lleguemos a casa, adquirir el hábito de dejarlas en el bolso que llevaremos en la próxima salida, o en el bolsillo de la chaqueta, o ponerlas en el mismo llavero que las llaves de casa, etc.).


  • Usar algo como señal de que ya se ha realizado una acción, o para que nos sirva de indicador sobre en qué punto estamos de una secuencia.


Retomando el ejemplo de la receta, una idea puede ser colocar los ingredientes ya usados en una zona determinada del mármol de la cocina. 





Los olvidos. ¿Por qué olvidamos?


Existen distintas teorías y aproximaciones científicas acerca de por qué olvidamos, aunque nos centraremos en las principales.


  • Fracaso en la evocación. Probablemente, todo el mundo ha tenido alguna vez la sensación de como si algún dato se hubiera evaporado de la memoria, o de tener la certeza de saber algo pero no ser capaz de recuperarlo. 


Esto sucede a consecuencia de un fallo en la evocación o recuperación de información. Una de las teorías que explica por qué puede suceder es la teoría del decaimiento, según la cual cada vez que se aprende algo se crea una nueva huella mnésica que, si no es evocada ni recreada durante mucho tiempo, decae, se debilita, pudiendo llegar a desaparecer y, por consiguiente, a perderse la información. 


Esto puede suceder, por ejemplo, cuando queremos llevar a cabo alguna operación matemática que se nos daba tan bien en la infancia (una raíz cuadrada, una regla de tres, etc.) o recitar los afluentes de un río. 

Parece mentira, con lo bien que lo sabíamos… 


Cuando hace mucho tiempo que una información no se recupera o no se practica, puede resultar muy difícil, o incluso imposible, evocarla de forma efectiva. 


Eso sí, si lo que queremos es reaprender esa información, al haberla adquirido previamente resultará más fácil que la primera vez. 

De todos modos, esta teoría tiene sus limitaciones, ya que, por otro lado, se ha demostrado que algunas memorias que no habían sido recordadas o evocadas durante mucho tiempo pueden permanecer estables a largo plazo. 


En ocasiones, el fracaso en la evocación de información de nuestra memoria puede deberse a problemas o situaciones del momento. 

Por ejemplo, si estamos muy nerviosos, estresados o preocupados por algo, el acceso a la información puede quedar bloqueado, y probablemente en otro momento más tranquilo y sosegado la información será fácilmente recuperada.


  • Interferencia. Otra de las teorías del olvido, la teoría de la interferencia, sugiere que algunas memorias compiten e interfieren entre sí. 


Cuando algunas informaciones son muy similares entre sí, es fácil que se produzcan interferencias, que es lo mismo que las confusiones. 


Existen dos tipos básicos de interferencia:


  • Interferencia proactiva. Se produce cuando una información almacenada más antigua dificulta recordar datos más recientes. 
Por ejemplo: cuando se está aprendiendo un nuevo idioma a menudo se cometen errores porque se evocan antes palabras de otra lengua que se domina y se usa frecuentemente.


  • Interferencia retroactiva. Sucede cuando el registro de nueva información interfiere en la capacidad para recordar información aprendida previamente. 


Un ejemplo: por fin nos hemos familiarizado con el manejo de un nuevo modelo de teléfono móvil cuando un día, por algún motivo, necesitamos usar el antiguo, y entonces nos cuesta recordar cómo se abría la agenda, cómo se mandaba un mensaje, etc., y buscamos los indicadores y pulsamos las teclas como en el modelo nuevo, ¡cuando habíamos tenido ese modelo durante tantos años! 


El aprendizaje del mecanismo del nuevo interfiere en lo que sabíamos del antiguo.


  • Fracaso en el registro o codificación. A veces creemos que hemos olvidado información que, en realidad, nunca llegó a entrar en la memoria a largo plazo. 


En este caso hablamos de fracaso en el registro o codificación de la información. 


Es lo que sucede cuando, en el momento de registrar la información, no hemos prestado suficiente atención, bien porque algo nos ha distraído (nos daban un recado por teléfono mientras estábamos mirando la televisión; probablemente, luego no recordemos qué nos han dicho), bien porque la información que nos daban no nos interesaba o motivaba lo suficiente y, tal vez, estábamos absortos en nuestros propios pensamientos.


  • Olvido motivado. En ocasiones, aunque sea de forma inconsciente, participamos activamente en el olvido de algunos sucesos, especialmente los de naturaleza traumática o perturbadora, para tratar de evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener.


En el campo de la psicoterapia, a veces se trabaja en la recuperación de estas formas de supresión o represión de memorias para poder tratar síntomas psicológicos asociados a situaciones traumáticas o especialmente desagradables que se hayan vivido.


En definitiva, no podemos hablar de memoria sin hablar de olvido. 


Olvidar no es malo. De hecho, es necesario y beneficioso. 


Imaginemos que recordáramos cada minuto y cada detalle de nuestra existencia. No podríamos soportarlo, ni sería efectivo cuando quisiéramos recuperar solo determinada información. 


Lo que nos preocupa, sin embargo, es olvidar cosas que sí consideramos importantes y que sí son útiles para nuestro desarrollo cotidiano, y es para estos casos para los que las estrategias de memorización y recuerdo, así como las ayudas externas, pueden sernos de gran utilidad.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de diferenciar entre problemas de memoria y olvidos o lapsus para  mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo un link para que puedas descargarte gratuitamente el cuaderno que contiene ejercicios para mejorar la memoria en gral…


Sacados de https://www.ecognitiva.com/


Ejercicios de memoria



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domingo, 5 de septiembre de 2021

El lenguaje y el adulto mayor

Hoy vamos a trabajar sobre el lenguaje y qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorarlo.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”


En el envejecimiento el lenguaje, entendido como la capacidad de comunicación, no se altera. No obstante, sí pueden apreciarse algunas dificultades a la hora de expresarse o de comprender en determinadas situaciones.


El léxico


Con el envejecimiento, el vocabulario pasivo se mantiene o, dependiendo del nivel cultural y de factores como el mayor conocimiento y experiencia, incluso aumenta (los mayores reconocen y comprenden tantas o más palabras que los jóvenes). Aun así, aunque se disponga de un gran vocabulario, pueden aparecer dificultades importantes en recuperarlo, es decir en el acceso al léxico. 


Es frecuente que se tengan problemas para encontrar la palabra adecuada, especialmente para nombres de personas o de objetos poco frecuentes. 


Por ello pueden aparecer latencias (momentos vacíos o dubitativos al hablar) y fácilmente se tiende al uso de circunloquios (dar rodeos) como estrategia compensatoria. 


Estos problemas se traducen en una frecuente sensación de «tenerlo en la punta de la lengua». 


Dicho fenómeno o estado («en la punta de la lengua») ha sido ampliamente estudiado científicamente y se define por una incapacidad temporal de producir una palabra aun teniendo la certeza absoluta de que se conoce la palabra y su significado.


En ese momento, la persona suele ser capaz de dar rasgos fonéticos de la palabra que se pretende producir, como la letra por la que empieza, las últimas letras, etc. 


Es frecuente que acudan a la mente algunas otras palabras relacionadas, pero no adecuadas, que deben ser constantemente rechazadas.


La sintaxis


A veces, las personas mayores pueden solicitar que se les repitan las cosas, no necesariamente porque no lo hayan oído bien, sino porque su capacidad de velocidad del procesamiento sintáctico puede verse limitada. 


Igualmente, puede ser necesario leer varias veces un texto para comprenderlo totalmente. 

Esta capacidad es la que permite dar sentido a todas las palabras dentro de una oración y de un contexto, y dar sentido final al conjunto. 


Este proceso, aparentemente simple (es decir, entender lo que se nos dice o lo que leemos), implica, entre otras cosas, la participación de la memoria a corto plazo y de la atención.


El discurso


Al explicar cosas o participar en conversaciones, el discurso de las personas mayores puede presentar unas características particulares, relacionadas con aspectos cognitivos, sociales y afectivos propios de la edad. 

Así, una de las posibles manifestaciones es la reducción de contenido informativo (es decir, que el discurso tienda a ser vacío), aunque el volumen del habla sea considerable, a veces con un incremento de interpretaciones y añadiduras subjetivas.}


También pueden experimentarse dificultades en la capacidad de organización del discurso, ya sea en su comprensión, como a veces en la dificultad para comprender historias o noticias complejas, o al expresarse, perdiendo el hilo conductor de lo que se está contando, omitiendo detalles, etc. 


Es habitual una preferencia por programas de televisión simples y lineales antes que películas o programas complejos. 

Estas dificultades pueden estar relacionadas con la capacidad de la atención, con la velocidad de procesamiento y/o con la memoria de trabajo, pero sin la existencia de problemas de razonamiento ni de alteración lingüística.


Debido a las posibles dificultades comentadas, junto con posibles problemas auditivos y/o visuales relacionados con la edad, puede suceder que las personas mayores presenten los siguientes problemas:


  • Aparentan tener problemas de comprensión «característicos».
  • Tienden a hacer discursos largos y, a veces, a perder la lógica (el hilo) de los mismos.
  • Tienen problemas con la información escrita (dependiente también de alteraciones visuales, de la escolaridad, del hábito lector, etc.)




El estilo comunicativo con las personas mayores 


Ahora veremos qué hacer en el caso de ser cuidadores de una persona mayor y también si somos nosotros quienes estamos pasando por estas situaciones en nuestra visa diaria.


Importante a tener en cuenta si somos cuidadores, convivimos o tenemos contacto con personas mayores que están atravesando esta etapa...


Es sabido y constatado que los mayores que gozan de una adecuada interacción social y que, por tanto, tienen facilidad para comunicarse, tanto expresando como recibiendo información, disfrutan de mayor calidad de vida y responden mejor a las atenciones de tipo sociosanitario. 


Sin embargo, muchas personas (profesionales o no) tienden a emplear un lenguaje «especial» cuando se dirigen a los adultos mayores: se ha denominado habla para mayores. 


Este tipo de habla se basa en estereotipos acerca de los mayores, como que son menos competentes, lo cual lleva a muchos de sus interlocutores a simplificar su comunicación, tratando de hacerla más comprensible y alterando el tono emocional de los mensajes. 


Es un tipo de habla similar a la que frecuentemente se emplea con niños pequeños. Se caracteriza por un ritmo más lento, entonación exagerada, volumen elevado, más repeticiones y simplificación del vocabulario y la gramática (uso frecuente de diminutivos, por ejemplo). 


Además, a menudo se emplean calificativos excesivamente protectores, que pueden llegar a percibirse como inapropiados (cariño, mi vida, cielo, etc.).


Este tipo de habla puede darse tanto en contextos sanitarios de distinta índole, como residencias, consultas médicas, hospitales, etc., como en situaciones cotidianas muy diversas: entorno familiar, amistades, comercios, etc. 


Aunque se emplee con la intención de mostrar cariño y atención, y con la pretensión de hacer el lenguaje más comprensible, condicionado por los tópicos sobre la incapacidad de los mayores, lo cierto es que muchas personas mayores explican que lo perciben como degradante, condescendiente y presuponiendo su incompetencia. 


Por ello pueden reaccionar con baja autoestima, depresión o retraimiento en las interacciones sociales; pueden incluso adoptar comportamientos dependientes coincidentes con los estereotipos que se les atribuyen.

Así pues, el habla para mayores no solo no contribuye a mejorar la efectividad de la comunicación, sino que los mensajes inherentes a este tipo de habla pueden, inconscientemente, reforzar la dependencia y potenciar el aislamiento, contribuyendo, en muchos casos, a la espiral de declive cognitivo, funcional y físico. 


De este modo, aunque con buenas intenciones, quien usa este lenguaje se aleja del objetivo de potenciar la independencia en las personas mayores. 


Ahora bien, en el otro extremo se encuentra el habla dirigente o autoritaria, empleada a menudo por quienes tienen que hacerse cargo de múltiples tareas y responsabilidades y no cuentan con los recursos apropiados para manejarlas. En este caso tampoco se reconoce la capacidad de autonomía de la persona mayor. 


Un punto intermedio es el que se encuentra en el habla constructiva, que emplea un tono emocional constructivo, positivo, que equilibra la atención y el control, transmitiendo al oyente que es capaz de comprender el mensaje y de actuar independientemente.


Imaginemos unas situaciones de ejemplo que ilustran cada uno de los tipos de habla referidos:


  • Habla para mayores


Cuidador/a: ¡Vaya, cielo! Ay, que se te ha derramado la leche... 

Bueno, no pasa nada, cariño, ahora mismo voy a por un trapito, limpiamos la mesa y enseguida te cambio esa blusita por otra igual de bonita.

[María se mira la blusa, tratando de limpiársela.]

Cuidador/a: No te preocupes, que estarás hermosa.


Es un habla excesivamente protectora, dominante, que presupone incapacidad y hace uso de una inapropiada intimidad.


  • Habla dirigente o autoritaria


Cuidador/a: ¡Ahora se te ha derramado la leche! Deberías haber esperado a que te la sirvieran.

[María parece compungida y se levanta de la silla.]

Cuidador/a: Anda, ve a cambiarte y ya te serviré otra taza.


Es dominante, poco atenta y no se reconoce la autonomía de la persona (al menos para tomar decisiones).


  • Habla constructiva


Cuidador/a: ¡Oh! ¿Qué te ha pasado, María?

María: Se me ha derramado la leche y me he manchado. Me tengo que cambiar la blusa.

Cuidador/a: Estas jarras pesan mucho, no te preocupes. Si quieres, ve a cambiarte mientras yo limpio esto y te preparo otra taza.


Es un habla respetuosa que permite un equilibrio entre atención a la persona y dominio de la situación. 


Se reconoce la independencia y el grado de autonomía de la persona, desterrando formas inapropiadas de hablar a las personas mayores.


Un buen modo de aprender a identificar y sensibilizarse con los distintos tipos de habla que se reflejan en las anteriores situaciones es evitando:


Diminutivos o palabras melosas. El uso frecuente de diminutivos o de palabras inapropiadas de cariño puede transmitir una inadecuada sensación de intimidad o un estilo relacional parecido al de los padres con sus hijos pequeños.

  • Ejemplos: Blusita, perrito, sillita… Cariño, cielito, mi vida, tesoro, amor…


  • Alternativas. No emplear diminutivos para referirse a los objetos cotidianos. Dirigirse a la persona por su nombre de pila o por su apellido, en función de la relación que se tenga con ella o del contexto en que se da la relación.


Uso inadecuado del plural. Emplear un sujeto plural cuando nos estamos refiriendo a un adulto independiente (es lo que, técnicamente, se conoce como uso del «plural sociativo» e implica al hablante de forma afectiva).


  • Ejemplo: Ya te van a venir a buscar, ¿nos ponemos la chaqueta para que no tengas frío?


  • Alternativa: Ya te van a venir a buscar, ¿te pones la chaqueta para que no tengas frío?


Preguntas capciosas. Son preguntas que incitan a una determinada respuesta y que presuponen que la persona no puede actuar o decidir por sí misma. Se condiciona su libertad de expresión.


  • Ejemplo: Hace muy buena tarde. Te gustaría salir a pasear, ¿no?


  • Alternativa: Hace muy buena tarde. ¿Te gustaría salir a pasear?


  • Ejemplo: ¿Verdad que te has divertido en el centro de día? ¿A que tienes muchos amigos?


  • Alternativa: ¿Qué tal te ha ido en el centro de día? ¿Has hecho amistades?


Uso de frases expresamente breves, enlentecimiento del habla y simplificación del vocabulario. 


Son patrones de comunicación que, para la mayoría de personas mayores, no facilitan la comprensión y, sin embargo, a menudo se perciben como condescendientes o degradantes.


  • Alternativa. Emplear un habla estándar, la misma que empleamos para hablar con personas de nuestra misma edad, siendo conscientes de que, por deficiencias auditivas o disminución de la capacidad de atención sostenida de nuestro interlocutor, tal vez debamos repetir algunas cosas o asegurarnos de que nos ha entendido (se pueden emplear expresiones como: «Tal vez no me he explicado bien», «Disculpa, a veces hablo muy rápido»).


Aumento del volumen y del tono de voz. Ante un sujeto con seria disminución auditiva puede funcionar, y de hecho es preciso, que se le hable considerablemente más alto de lo normal, pero en personas con una pérdida auditiva leve o corregida (uso de audífonos) el hecho de que se les hable con un volumen desmesurado solo contribuye a distorsionar más la percepción de los sonidos. 


Si, además, se le añade un tono agudo (similar al que, a menudo, se usa afectivamente en el habla dirigida a niños pequeños) aún se agrava más la percepción de la persona mayor, ya que, justamente, una de las características de la pérdida auditiva asociada al envejecimiento es la mayor dificultad ante tonos de alta frecuencia (es decir, agudos).



Minimizando el uso generalizado del habla para mayores se pretende desmitificar los tópicos sobre la supuesta dependencia e incapacidad de las personas mayores solo por el hecho de tener cierta edad. Al contrario, un adecuado entorno comunicativo estimula las capacidades cognitivas y funcionales de las personas mayores.


Acompañando a la comunicación verbal, no hay que olvidar la importancia de la comunicación no verbal. El contacto visual y el lenguaje corporal incrementan el compromiso de la interacción y fortalecen el mensaje que desea transmitirse. Además, la coherencia entre lo que se dice y cómo se dice (tono, contacto visual, postura, etc.) aumenta la sensación de autenticidad de la relación. 


Para lograr una comunicación efectiva es fundamental complementar el lenguaje verbal con el no verbal.


¿Qué podemos hacer si somos nosotros los que estamos pasando por esta etapa?


Ejercicios para estimular el lenguaje para adultos


  • El ahorcado
  • Nombrar objetos teniendo algunas pistas
  • Frases orales verdaderas o falsas
  • Describir posiciones de objetos
  • Letras desordenadas
  • Convertir números en letras
  • Formando palabras
  • Relacionar adjetivo con imagen



Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de expresarnos y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo unos links para que puedas descargarte gratuitamente algunos cuadernos que contienen ejercicios…(sacados de https://www.ecognitiva.com/lenguaje/)


Ejercicio de lenguaje


Conciencia fonológica



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sábado, 31 de julio de 2021

¿Cuáles son los cambios en el olfato y el gusto al envejecer?

Hoy vamos a trabajar sobre el olfato y el gusto y veremos qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarlos.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los artículos anteriores y que plantea la importancia fundamental que tiene mantener activa nuestra mente y nuestros sentidos en las diferentes etapas de la vida y en especial para el Adulto Mayor.


La Obra Social Fundación ”la Caixa” ha publicado un libro/guía/ titulada “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


A continuación analizaremos cómo funcionan el olfato y el gusto y los efectos del envejecimiento.


A menudo, la importancia de los sentidos del olfato y el gusto pasa desapercibida. Uno y otro se complementan, como cuando interactúan estrechamente para ayudarnos a apreciar la comida. 


La principal sensación de sabor proviene de los olores. 


Para comprobarlo te invito a que realices una prueba:


Con los ojos tapados y un broche de ropa en la nariz, pide a alguien que te dé a probar algún alimento. 

Ahí te percatarás de lo difícil que es distinguir de qué se trata. De hecho, aunque sepamos qué estamos comiendo, nos resulta mucho menos apetitoso, incluso insípido, como es en el caso de cuando estamos resfriados y padecemos los efectos de la congestión. 


Los olores estimulan receptores en la nariz, pero la mayor parte de los aromas de los alimentos no se reciben a través de la nariz, sino a través de la parte de atrás de la garganta, lo que se conoce como olfato retronasal. 


Así pues, lo que llamamos sabor de los alimentos es, principalmente olor. 


Sin olfato, el placer de disfrutar la comida se reduce drásticamente. 


Sin el sentido del olfato, el del gusto realmente solo percibiría los gustos primarios: dulce, salado, ácido y amargo. 


La influencia del aroma en el estado de ánimo ha sido ampliamente estudiada. 


Se ha sugerido que las fragancias pueden tener un efecto beneficioso en la irritabilidad, el estrés, la depresión y la apatía, y que, además, pueden potenciar la felicidad, la sensualidad, la relajación y la estimulación (aromaterapia).


Cómo funcionan estos sentidos:


Para cada olor percibido se crea (en nuestro cerebro) un patrón de actividad específico que nos permite identificarlo y asociarlo, por ejemplo, a un plátano, una rosa o una manzana; además, una posterior y muy amplia distribución de las señales a otras regiones cerebrales podría influir en nuestra capacidad para aprender, pensar, recordar, contemplar y, en definitiva, para ser.


El gusto se percibe desde las células receptoras de las papilas gustativas de la lengua (un adulto tiene, aproximadamente, 9.000), que son las responsables de la percepción de los cuatro gustos primarios: dulce, salado, ácido y amargo. 


Sin embargo, sin la participación del olfato sería imposible percibir la amplia gama de sabores de la que podemos disfrutar.


Efectos del envejecimiento en el olfato y el gusto:


A medida que envejecemos, tanto la cantidad de células receptoras como la cantidad de neuronas del bulbo olfatorio disminuye. 


Las personas mayores pueden tener solo un tercio de las células respecto a los jóvenes. Este podría ser el motivo por el que algunas personas pierden olfato con la edad.


El olfato alcanza su máxima agudeza entre los 20 y los 40 años de edad, se suele mantener estable entre los 50 y los 60 años y disminuye claramente a partir de los 70. 


La investigación científica muestra que, con la edad, se produce una disminución olfativa que puede manifestarse como una menor capacidad para detectar olores, una reducción en la percepción de la intensidad de los olores detectados y una mayor dificultad para identificar los olores (ponerles nombre). 


Aun así, las fronteras entre jóvenes y mayores son muy difusas respecto al olfato y, de hecho, muchas personas grandes tienen un sentido del olfato que perfectamente podría competir con el de jóvenes veinteañeros. 


Al margen de la edad, algunos trastornos y enfermedades (neurológicas, endocrinológicas, nutricionales, víricas, etc.) pueden alterar el sentido del olfato, así como algunos tratamientos farmacológicos.


Con la edad también pueden percibirse cambios en el sentido del gusto. El número de papilas gustativas, que son los principales receptores del gusto en la lengua, empieza a disminuir hacia los 40-50 años en mujeres y hacia los 50-60 en hombres. Además, las papilas gustativas remanentes se empiezan a atrofiar. 

La sensibilidad para los cuatro gustos primarios no parece empezar a disminuir hasta después de los 60, y no necesariamente se afecta.


Cuando sucede, los primeros gustos en afectarse son el salado y el dulce, mientras que el ácido y el amargo son ligeramente más resistentes. 


De todos modos, investigaciones recientes han demostrado que, probablemente, la pérdida de papilas gustativas no interfiere tanto en la percepción del gusto como otros problemas funcionales o mecánicos frecuentes en edades avanzadas. 


Por ejemplo, las personas mayores suelen producir menos saliva, lo que causa sensación de boca seca, interfiriendo en la percepción del gusto, además de dificultar ligeramente la digestión y potenciar algunos problemas dentales. 


Junto a ello, los problemas de masticación derivados de la pérdida de piezas dentales o del uso de dentaduras postizas también pueden interferir en el disfrute de la sensación del gusto. 


Es importante insistir en que, aunque el envejecimiento puede afectar de algún modo al gusto, en muchos casos lo que se percibe como una alteración del gusto es, en realidad, un problema de olfato.




Las alteraciones del gusto y del olfato en personas mayores tienden a ser subestimadas, por no considerarse críticas para la vida, pero, ciertamente, el sentido del olfato juega un papel importante tanto en nuestra seguridad como en la sensación de placer:


  • El olfato y el gusto nos permiten saborear las comidas y nos ayudan a tomar decisiones sobre alimentos (dulce, salado, picante). Su alteración puede llevar a un uso excesivo de la sal y/o del azúcar, o afectar al apetito, resultando en pérdida de peso o deficiencias nutritivas y, consiguientemente, repercutir en la aparición o empeoramiento de algunas enfermedades.


  • El olfato nos ayuda a detectar peligros, como la comida en mal estado o la presencia de humo o escapes de gas.


  • Por otro lado, el olfato añade placer a las actividades cotidianas: pensemos en el aroma del pan recién hecho o de nuestro guiso favorito, la fragancia de las flores en primavera, o el olor a limpio y fresco de nuestro hogar.


  • La pérdida de olfato también puede conducir a situaciones embarazosas o incómodas, sin pretenderlo. Por ejemplo, algunas personas con disminución de agudeza olfativa tienden a perfumarse excesivamente, debido a que no perciben la fragancia como antes, pero, aunque se haga inconscientemente, perfumarse excesivamente puede resultar molesto para quienes nos rodean. Del mismo modo, puede influir en la calidad del aseo personal.


Ante estas situaciones… ¿Qué podemos hacer?


Algunas recomendaciones:


Ejercitar el sentido del olfato


La pérdida de olfato suele ocurrir de forma gradual, pero, pueden seguirse algunas recomendaciones para ejercitar este sentido y ayudar a mantener su agudeza:


  • Entrene su mente, no su nariz: la mayor parte de olores se perciben a un nivel inconsciente. Pensando en los olores de cosas familiares nos hacemos más conscientes de tal sensación.


  • Huela a menudo, pero no mucho: el sentido del olfato se satura fácilmente, por lo que lo mejor es oler con moderación, hacer una pausa inspirando y expulsando el aire por la nariz rápidamente, y volver a oler. Para potenciar la discriminación entre olores, un buen ejercicio es oler distintas fragancias alternativamente.


  • El olor puede ayudar a crear asociaciones que hagan las cosas y lugares más memorables: en ocasiones sucede espontáneamente, pero si se crean impresiones conscientes sobre el olor de las cosas será más fácil recuperar un recuerdo vívido a pesar del paso del tiempo.


  • Varíe las fragancias: no permita que su sentido del olfato se aburra.

En distintos momentos del día, podemos deleitarnos con distintas fragancias, ya sea con un ambientador en el domicilio, incluso distinto en función de las habitaciones, variando de perfume según las circunstancias o según nuestro estado de ánimo, o simplemente poniendo flores en un jarrón.


Potenciar el sabor de las comidas


  • Para disfrutar más plenamente del paladeo de las comidas y prevenir el uso abusivo de determinados aditivos, como el azúcar o la sal, es recomendable aderezar los platos con otros potenciadores de sabor que, además de estimulantes, sean más saludables. Muestra de ello son las especias aromáticas (laurel, orégano, comino, canela, ajo, perejil, etc.).


Consejos sobre seguridad


  • Existen detectores de gas en forma de dispositivos o alarmas visuales altamente recomendables en los domicilios de personas mayores que puedan correr el riesgo de no detectar fugas de gas mediante el olfato.


  • Es importante que, en caso de padecer una acusada pérdida de olfato, familiares, amigos o vecinos supervisen el estado de los alimentos almacenados para, así, prevenir el riesgo de ingesta de comidas en mal estado que pueda tener consecuencias nefastas para la salud.


Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta a la hora de prevenir accidentes y mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!





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domingo, 18 de julio de 2021

¿Cómo afrontar los cambios físicos? La vista

En este artículo vamos a trabajar sobre nuestra vista y qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarla e incrementarla.


Seguimos analizando el libro del que hablé en el video anterior y que plantea la importancia fundamental que tiene mantener activa nuestra mente y nuestros sentidos en las diferentes etapas de la vida y en especial para el Adulto Mayor.


La Obra Social Fundación ”la Caixa” ha publicado una guía titulada “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. En esta guía o manual nos menciona que:


A medida que envejecemos, las estructuras oculares cambian. De estos cambios evolutivos derivan algunas dificultades, frecuentes en edades avanzadas:


  • Puede costar más ver las cosas con nitidez. 
  • Puede resultar más difícil distinguir los objetos del fondo, por ejemplo determinar dónde acaba un escalón o el borde de la vereda.
  • Dificultades para enfocar objetos a distintas distancias.
  • Problemas para desenvolverse bien en entornos con poca iluminación.
  • Se es más sensible a iluminaciones intensas y es fácil deslumbrarse.
  • Se puede necesitar más tiempo para adaptarse a cambios de iluminación (por ejemplo, pasar de la luz del día a la oscuridad de un cine).
  • Cuesta distinguir ciertas intensidades de colores.
  • Resulta más difícil calcular correctamente las distancias.
  • Se necesita más luz para leer.



Trastornos visuales frecuentes en edades avanzadas


Hay algunos trastornos visuales que, aunque son frecuentes en edades avanzadas, y pese a que el envejecimiento pueda ser una de sus causas, deben recibir una atención médica adecuada. 

Por ello, ante estos casos es muy importante acudir al médico para que realice una completa evaluación oftalmológica. 


A continuación se citan algunos de estos trastornos o situaciones que requieren ayuda profesional:


Cataratas. Algunos de los síntomas más característicos son: empeoramiento de la visión de lejos, visión borrosa (como si se viera una nube), molestias ante luz muy intensa, disminución en la percepción de la intensidad de los colores o visión doble con un solo ojo.


Glaucoma. Es un trastorno causado por un aumento de la presión intraocular debido a problemas en la circulación y evacuación del líquido que nutre las estructuras oculares (humor acuoso), produciendo lesiones en el nervio óptico. Si no se trata, se produce una pérdida gradual de la visión, perdiéndose claramente la visión periférica en fases avanzadas, y puede derivar en ceguera. Dado que en fases iniciales puede no presentar síntomas, es de nuevo altamente recomendable realizar revisiones oftalmológicas periódicas, siguiendo las indicaciones del médico.

      

Degeneración macular. Es una enfermedad degenerativa que afecta al centro de la retina, concretamente a la mácula, punto donde se concentra el mayor número de receptores que perciben luz. Uno de los síntomas más característicos es la pérdida de visión central, como si apareciera un borrón en la parte central de la imagen que se está mirando, aunque las áreas de alrededor se perciban claramente. Puede dificultar la lectura o el reconocimiento de objetos y personas de cerca.

También puede suceder que las líneas rectas se vean onduladas.


Retinopatía. Algunas enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión pueden causar lesiones en la retina, provocando alteraciones o pérdidas visuales de distinta consideración. 




Algunas señales


Consejos para cuidar la vista y minimizar el impacto de los trastornos visuales en la vida cotidiana:


  • Proteja sus ojos del sol. Se ha vinculado la exposición prolongada a los rayos ultravioleta (UV) del sol a las cataratas y la degeneración macular. Al aire libre todo el mundo debería utilizar anteojos de sol con protección 100 % contra rayos UV, así como viseras si la exposición es intensa.
  • La vitamina A es excelente para sus ojos y le ayudará a mantener una visión saludable. Algunos alimentos ricos en esta vitamina son la zanahoria y los vegetales de hoja verde oscura, especialmente las espinacas. No obstante, para recibir un aporte adecuado de vitaminas es importante llevar una alimentación equilibrada y no automedicarse con ningún tipo de suplemento, salvo que así se lo indique su médico.
  • Es muy importante realizar cualquier actividad con una iluminación adecuada para no forzar la vista más de lo necesario.      
  • Al bajar escaleras, cruzar la calle y pasar de sitios iluminados a otros con poca luz, debe actuarse con precaución y caminar despacio. Es mejor pedir ayuda que correr riesgos innecesarios.      
  • Asegúrese de acudir a las revisiones oculares periódicas indicadas por su médico y no deje de consultar ante cualquier cambio que experimente en su visión; tal vez sea necesario revisar la graduación o adecuación de sus anteojos, o tal vez pueda colaborar a la detección precoz de una enfermedad ocular.       
  • Aprenda su historia familiar de enfermedades oculares. Por ejemplo, tener antecedentes familiares de glaucoma incrementa el riesgo de padecer dicha enfermedad.


Pensando en la vista: adaptaciones en el domicilio


Si usted o alguna persona de su entorno padece problemas visuales que suponen una disminución de la autonomía, puede beneficiarse de los siguientes consejos:


Es muy importante mantener el orden. Si en la cocina, en el baño, en los armarios y, en general, en todo el domicilio, se respeta la máxima de «Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar» se facilitará en gran medida la localización de objetos. Puede ser de gran ayuda aplicar una lógica de organización en función de la frecuencia de uso de las cosas, por ejemplo colocar en los lugares más fácilmente accesibles los productos utilizados con mayor frecuencia.

      

Para todo el mundo, independientemente de la edad, es más difícil distinguir los colores azules y verdes que los rojos y amarillos, pero con la edad aún se acusa más. Utilizar contrastes de colores cálidos en el hogar (amarillo, naranja, rojo, etc.) puede mejorar la capacidad para ubicar las cosas.

      

Pequeñas precauciones pueden evitar algunos accidentes o situaciones incómodas:


  • Es importante que las puertas de la casa estén totalmente abiertas o totalmente cerradas, así se evitarán golpes al no haber apreciado que estaban entreabiertas.


  • Cuidar la iluminación no solo es importante en la realización de determinadas tareas, sino también, de forma general, la luz ambiental. Los resplandores en espacios interiores (por ejemplo, el procedente de un suelo muy brillante en un lugar muy luminoso) pueden dificultar el dominio del espacio. Del mismo modo, resulta difícil manejarse en espacios escasamente iluminados, o al pasar de una condición de gran iluminación a espacios oscuros, y viceversa. 


Mediante el manejo de persianas y/o cortinas en distintos momentos del día y el uso de distintos tipos de luces durante la noche puede acomodarse la iluminación global. Por ejemplo:


  1. disponer de noche de alguna luz roja en determinados espacios (como el pasillo o el cuarto de baño) facilita más la visión que una luz convencional, puesto que la luz roja ilumina suficientemente sin deslumbrar. 
  2. Otro recurso, tanto para el día como para la noche, es disponer de tipos de luces que puedan orientarse para evitar deslumbramientos y, a ser posible, de intensidad regulable, con el fin de adaptar la luminosidad a las necesidades de cada momento.


Los suelos deben ser lisos, antideslizantes y sin elementos que sobresalgan (como ocurre a veces en el acceso a terrazas y balcones) y, si los hay, deben señalizarse convenientemente (por ejemplo, poniendo un letrero de recordatorio en la puerta donde se encuentra el desnivel). 


Hay que procurar eliminar las alfombras o, en su caso, intentar que las esquinas no se doblen y no se muevan fácilmente; por ejemplo, sujetarlas bien mediante el mobiliario que se coloque encima. Conviene saber, además, que se comercializan unas gomas especiales para tal finalidad. 


Si existen escalones, conviene que estén suficientemente señalizados o, en el caso de una escalera, debe incorporarse una marca que destaque el filo de cada escalón (una línea gruesa de un color que contraste con el fondo, o un dispositivo adhesivo diseñado a tal efecto).


Debe saber que existen distintos productos que pueden ser de gran ayuda para facilitarle las tareas cotidianas, como teléfonos con números grandes o lupas para la lectura. La consulta con el óptico u ortopedista puede ayudarle a conocer las alternativas.


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!



Te dejo a continuación el link a una página que contiene simples ejercicios para mejorar la visión


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sábado, 10 de julio de 2021

Cómo afrontar los cambios físicos (audición)

Hoy vamos a trabajar sobre nuestra audición y qué podemos hacer de ahora en adelante para mejorarla e incrementarla.

Quiero contarte sobre un libro muy interesante que leí hace algunos meses y del que hablé en el video anterior, que plantea la importancia fundamental que tiene mantener activa nuestra mente y nuestros sentidos en las diferentes etapas de la vida y en especial para el Adulto Mayor.

La Obra Social Fundación ”la Caixa” ha publicado una guía titulada “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. En esta guía o manual nos menciona que:

La pérdida de audición se da de forma muy gradual, pudiéndose iniciar entre los 40 y los 50 años. 

La capacidad auditiva es especialmente sensible al aumento de edad para los sonidos de alta frecuencia (agudos), en particular en personas que, de jóvenes, estuvieron expuestas a situaciones muy ruidosas.

Hacia los 50 años pueden apreciarse cambios en la nitidez de la percepción auditiva

Una queja frecuente es oír hablar a la gente pero no poder comprender lo que dicen. Las palabras que tienen cierta similitud pueden sonar igual (puerta/puesta, coser/cocer/comer, balón/barón, sueco/zueco, etc.).

Los cambios auditivos a consecuencia de la edad reciben el nombre de presbiacusia

Una causa frecuente de pérdida de audición es la presencia de cerumen impactado (los conocidos tapones de cera), que debe ser extraído por el médico. 

Otro problema auditivo que, con bastante frecuencia, padecen las personas mayores son los acúfenos (también conocido como tinnitus), que es la sensación periódica o constante de un sonido anormal persistente, como un silbido, un timbre, un murmullo, etc. 

Los acúfenos pueden ocurrir como algo espontáneo, pero asociados a una sensación de mareo; también pueden ser el síntoma de un trastorno conocido como la enfermedad de Ménière, por lo que siempre es recomendable consultar al médico si se experimentan estas sensaciones. 

En cualquier caso, las implicaciones derivadas de la pérdida auditiva pueden tener importantes efectos en la calidad de vida de la persona afectada.


Indicadores de pérdida auditiva


Debemos realizar una revisión auditiva si cualquiera de estas situaciones es frecuente en nuestra vida cotidiana:


  • Constantemente pedimos que se nos repitan palabras en las conversaciones.
  • Necesitamos aumentar el volumen de la radio o la televisión, aun cuando los demás parecen oírlas bien, o cuando estamos solos y llega alguien nos cuestiona lo alto del volumen.
  • Nos cuesta comprender más las cosas en entornos ruidosos que a otras personas.
  • No comprendemos bien cuando nos hablan desde atrás o desde lejos.


Algunos consejos

La prevención de la hipoacusia

Pese a poder ser una consecuencia del envejecimiento, la pérdida auditiva también está asociada a ciertos factores de riesgo que pueden jugar un papel importante en su aparición, como infecciones del oído medio, exposición crónica a sonidos o ruidos altos, o el tabaquismo.

La pérdida auditiva puede prevenirse, o al menos minimizar su impacto, tomando una serie de precauciones en la vida cotidiana:

  • Tratando de evitar los entornos muy ruidosos (bares musicales, discotecas, lugares en obras, etc.) o, cuando la exposición a ese tipo de sonidos sea inevitable, usando tapones protectores.
  • Reduciendo el volumen de aparatos de música, especialmente cuando se escucha con auriculares o en espacios cerrados, como el coche.
  • Inmunizándose contra enfermedades que puedan provocar pérdida auditiva (llevando actualizado el calendario de vacunas) y garantizando que las infecciones auditivas se traten de forma rápida y adecuada.
  • Nunca hay que automedicarse, y deben cumplirse estrictamente las indicaciones dadas por el médico.
  • Acudiendo a revisiones auditivas de forma regular. A partir de los 45 años es recomendable hacerlo cada 2-3 años.


Los audífonos, aunque muy útiles, nunca sustituyen a la audición normal. Por ello, tanto si se cuenta con ayudas correctoras como si no, veamos algunos consejos para minimizar el impacto de la pérdida auditiva en la vida diaria.


La conversación cuando se padece hipoacusia

  • Si tenemos audífono, asegurarnos de llevarlo puesto y de que se encuentra en óptimas condiciones (volumen, limpieza, batería, etc.).
  • Tratar de eliminar o reducir los sonidos de fondo: apagar la televisión o la radio, cerrar la ventana si proviene mucho ruido de la calle, solicitar una zona tranquila en los restaurantes, etc.
  • Indicar a nuestro interlocutor que tenemos problemas auditivos y pedirle que trate de vocalizar y que nos mire cuando habla, pero que no eleve exageradamente el volumen de su voz, ya que ello no hará necesariamente el mensaje más comprensible (al contrario, a menudo puede distorsionarlo aún más).
  • Periódicamente, ir repitiendo lo que hemos entendido para que nos digan si es o no correcto.
  • Tratar de tener papel y lápiz a mano para que nos puedan escribir las palabras que, a pesar de varios esfuerzos, no hemos logrado comprender.


La conversación con alguien que padece hipoacusia

Si la persona con la que interactúa tiene problemas auditivos, es importante que tenga en cuenta los siguientes consejos:

  • Antes de empezar a hablar, asegúrese de que le está prestando atención.
  • Háblele de frente y mirándole a los ojos. Si es necesario, diríjase principalmente hacia el lado por el que el oyente muestre preferencia.
  • Hable claro y no muy rápido.
  • No grite. Hable a un volumen normal, a no ser que el oyente le indique otra cosa.
  • Trate de evitar los lugares ruidosos cuando quiera conversar con él/ ella y, siempre que sea posible, suprima o minimice los sonidos del entorno (televisión, radio, cerrar puertas, ventanas, etc.). Aunque la persona use audífono, el exceso de ruido puede causar interferencias en el aparato.
  • Si no le entiende, aclare la frase o la idea con palabras más simples y, si es necesario, escriba lo más difícil de entender (una frase, una palabra en concreto, etc.).
  • Enriquezca su habla con gestos, expresiones faciales, señalamientos, etc. En ocasiones puede ser útil hacer algún gesto que indique claramente que se abandona un tema para pasar a otro.
  • No hable con la boca llena, ni mascando chicle, ni fumando. Recuerde que, probablemente, la persona con problemas auditivos se ayude de la lectura de sus labios.
  • Sea paciente y positivo. A menudo, tomarse la situación con humor ayuda a que ambos interlocutores se sientan más relajados.



El 02 Octubre del 2018 en el artículo “5 actividades que pueden ayudarte a mejorar tu audición” (original en inglés) de Lauren Mitchell aconseja lo siguiente:


Ejercicio diario

Ya sea corriendo, saltando, brincando o nadando, el movimiento y el ejercicio diarios mejoran la circulación sanguínea hacia el oído interno, más específicamente hacia la cóclea. 

La cóclea es la parte de su oído responsable de convertir las vibraciones del sonido en impulsos nerviosos. El flujo sanguíneo saludable también previene la pérdida de neurotransmisores, los mensajeros en su cerebro responsables de transportar estas señales. 

Un estudio que siguió a 68 000 enfermeras durante unos 20 años descubrió que dos horas de ejercicio a la semana son suficientes para reducir el riesgo de pérdida auditiva.


Yoga

Al igual que otros tipos de ejercicio, el flujo y reflujo del yoga ayuda a mejorar la circulación sanguínea en los oídos. Varias poses y posiciones están dedicadas a proteger y mejorar la audición. 

Estas poses incluyen las poses de árbol, loto, triángulo y camello. 

También se sabe que el yoga alivia el sufrimiento de los pacientes con tinnitus. 

Los investigadores han descubierto que con la práctica continua de yoga, se pueden reducir el estrés y los síntomas del tinnitus.


Jugando juegos

Mantener su cerebro sano y en forma puede reducir su riesgo de pérdida auditiva. 

Se ha descubierto que jugar juegos que prueban sus habilidades de audio, como los que se encuentran en línea o en aplicaciones, mejora la audición. 

Los investigadores probaron un grupo de personas mayores donde a la mitad del grupo se les dieron juegos estimulantes de la memoria y la otra mitad se enfocaron en seguir las corrientes de conversación. Se encontró que quienes siguieron las conversaciones pudieron mejorar su capacidad auditiva.

Realice un seguimiento de la exposición personal al sonido en su oído para disfrutar de su música de forma segura y duradera.


Ubicación de sonido

Esta actividad es fácil y puede realizarla prácticamente en cualquier lugar. Ya sea que esté en la fila de la tienda o acostado en la cama, intente captar los diversos sonidos y zumbidos a su alrededor. 

Trate de distinguir qué está haciendo esos sonidos. Vea si puede filtrar los ruidos por un momento y luego volver a enfocarlos. 

Esta actividad de audio puede ayudarlo con conversaciones en entornos ruidosos. 

Ayuda a filtrar el ruido de fondo mientras te concentras en la conversación.


Meditación

La meditación ha existido durante miles de años y ha sido elogiada por tener innumerables beneficios para la salud. Por lo tanto, no es de extrañar que mejorar su audición sea uno de ellos. 

Sentarse quieto y aquietar su mente ayuda a regular su presión sanguínea y su flujo. 

La meditación también ayuda a reducir el estrés en su vida diaria. El estrés puede causar estragos en su sistema y sus neurotransmisores a menudo están en la línea de fuego.


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Te dejo a continuación el link al video que encontrarás en Youtube sobre Yoga en silla y otro para poder relajarte y calmar la mente


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