sábado, 19 de febrero de 2022

Cómo identificar con qué de lo que tenés hoy podés contar a la hora de mejorar tu calidad de vida

Hoy vamos a trabajar sobre un test de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para adultos mayores y su calidad de vida.


La OMS (1994) define la “calidad de vida” como la percepción del individuo sobre su posición en la vida dentro del contexto cultural y el sistema de valores en el que vive y con respecto a sus metas, expectativas, normas y preocupaciones.


Para saber con qué calidad de vida contamos actualmente y para arrancar desde ahí con nuestras nuevas metas para estar cada día mejor, voy a compartirte un test de la OMS del cual he seleccionado las preguntas relacionadas con el envejecimiento activo.


El test es personal y toma los siguientes parámetros basados en las últimas 2 semanas:


  • "Habilidades sensoriales" evalúa el funcionamiento sensorial y el impacto de la pérdida de habilidades sensoriales en la calidad de vida. 


  • “Autonomía” se refiere a la independencia en la vejez y así describe cuanto es capaz de vivir cada persona de forma autónoma y de tomar decisiones. 


  • “Actividades pasadas, presentes y futuras” describe la satisfacción sobre los logros en la vida y en las cosas que esperan. 


  • “Participación Social” delinea la participación en las actividades de la vida diaria, especialmente en la comunidad.





Un ejemplo de pregunta del test es:


¿Hasta qué punto las deficiencias en sus sentidos (por ejemplo, oído, vista, gusto, olfato, tacto) afectan su vida diaria? 


¿Hasta qué punto te sientes en control de tu futuro?


Deberás marcar en cada pregunta la opción del 1 al 5 que más te represente.


Te dejaré el link de acceso al test al finalizar este artículo (para ingresar directamente y bajártelo)


Al completar el test encontrarás las instrucciones de cómo sumar los puntajes y un cuadro para rellenar

Si el número total de cada faceta es menor a 16 deberás profundizar en esos aspectos.


Para las facetas “Habilidades sensoriales y Autonomía” encontrarás en mi blog muchos artículos y videos sobre el tema, ya que hemos trabajado sobre el envejecimiento activo y las diferentes opciones que tenemos a la hora de mejorar nuestra salud con ejercicios que recomiendan los profesionales de la salud y que podrás (en muchos casos) realizar en tu casa..


Para las facetas “Actividades pasadas, presentes y futuras” y “Participación Social” encontrarás en las próximas semanas artículos y videos que te orientarán en cómo abordar y mejorar estas áreas. 


¡¡¡A estar atentos a los artículos que están por venir…!!!


Es importante recordar que este test es solamente una referencia para que puedas empezar a pensar en las preguntas que se plantean como base para ir mejorando tu calidad de vida. 


Puedes bajarlo e imprimirlo o copiarlo en una hoja o cuaderno para trabajarlo mejor.


Para finalizar quiero compartirte una frase que se atribuye a Sócrates y me parece muy interesante para este momento...


“El secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo”.



¡¡Ahora solamente queda poner manos a la obra!!





Test para bajar   👈



Material consultado:

WHOQOL-OLD. Manual. WORLD HEALTH ORGANIZATION, EUROPEAN OFFICE (COPENHAGEN), MAY 2006.


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lunes, 20 de diciembre de 2021

Recomendaciones para un envejecimiento activo

Hoy vamos a trabajar sobre lo que hay que hacer para envejecer en forma activa y saludable, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Los puntos cardinales de una vida activa


En la actualidad, las pruebas de que la nutrición, el ejercicio físico, la actividad mental y la participación social juegan un importante papel en la prevención del deterioro cognitivo y de que reducen el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer son contundentes, por lo que vamos a considerarlos como los cuatro puntos cardinales que guiarán esta propuesta de envejecimiento activo. 


Además, si estos puntos se controlan adecuadamente también se contribuirá a disminuir el estrés, que es otro de los grandes enemigos de la calidad de vida.


La malnutrición


Con la edad, la composición del cuerpo y los recursos de energía van variando, incrementándose el riesgo de problemas de nutrición. La desnutrición no es un efecto secundario inevitable del envejecimiento, aunque muchos cambios asociados al proceso de envejecimiento pueden propiciarla. 


Factores de riesgo de desnutrición en el envejecimiento


Factores médicos:


  • Pérdida de apetito
  • Problemas de masticación (por mala dentadura) y/o disfagia (dificultad para tragar) 
  • Pérdida de olfato y gusto

Distintas alteraciones:

  • Respiratorias (enfisema pulmonar, bronquitis crónica)
  • Gastrointestinales (problemas de malabsorción)
  • Neurológicas (demencia, Parkinson, ACV)
  • Infecciosas (infección urinaria, respiratoria)
  • Discapacidad física (artritis, artrosis, fracturas)
  • Cáncer
  • Efectos secundarios a fármacos o interacciones entre fármacos 


Estilo de vida y factores psicosociales:


  • Desconocimiento sobre alimentación y sobre factores nutricionales, así como falta de nociones sobre cocina
  • Hábitos alimentarios poco saludables y rígidos. Monotonía en la dieta
  • Disminución de la actividad física
  • Aislamiento/Soledad
  • Pobreza
  • Incapacidad para hacer la compra o para cocinar


Factores psicológicos/mentales:


  • Confusión
  • Demencia
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Procesos de duelo/pena
  • Riesgos adicionales durante ingreso hospitalario
  • Servicio de comidas: elección limitada, tal vez pobre presentación, etc.
  • Lentitud al comer y tiempo limitado para hacerlo
  • Extravío de la dentadura postiza
  • Necesidad de supervisión o ayuda para comer
  • Incapacidad para manejar los cubiertos, abrir envoltorios, etc.
  • Incomodidades derivadas de presenciar situaciones desagradables,
  • sonidos, olores, etc.
  • Atención limitada a necesidades dietéticas culturales (por ejemplo,
  • vegetarianismo) o religiosas
  • Restricción de la alimentación oral por causas médicas 



La malnutrición (que, cuando es por defecto, se conoce como desnutrición) ha sido asociada a la aparición de una extensa gama de enfermedades degenerativas:


  • arteriosclerosis, 
  • infarto de miocardio, 
  • cáncer, 
  • osteoporosis, 
  • demencias, 
  • enfermedad de Parkinson, 
  • cataratas, 
  • degeneración macular senil, 
  • trastornos gástricos y 
  • complicaciones de las diabetes. 


El cuidado de la salud de las personas mayores no consiste solo en un eficaz tratamiento de las enfermedades, sino que incluye también la prevención de aquellas cuya base radica en la alimentación. Una nutrición adecuada es eficaz no únicamente para prolongar la vida, sino también para aumentar la calidad de la misma.


El abastecimiento de los víveres adecuados se ve limitado en ocasiones por distintos factores


  • disminución de la capacidad física para ir a comprar, salvando los obstáculos de la vivienda (por ejemplo, falta de ascensor) o del transporte; 
  • disminución del poder adquisitivo; falta de información y asesoría para una dieta equilibrada o terapéutica agradable y asequible, etc. 


Las mermas en la capacidad para desarrollar las actividades de la vida diaria afectan muchas veces a la preparación de los alimentos, así como a la manipulación de algunos platos (por ejemplo, comer sopa, cortar carne, etc.) y son factores que contribuyen al consumo de dietas restrictivas o desequilibradas. 


Los hábitos de manipulación culinaria y de cocción de las personas de edad muchas veces no son los adecuados para preservar la riqueza en nutrientes de los alimentos (mantenimiento prolongado de las verduras en remojo, tiempos excesivos de ebullición, exposición a la luz, etc.).



El agua merece especial mención


En el organismo humano el agua es el componente mayoritario (entre un 50 % y un 80 % del peso corporal, según sea la proporción de grasa, el género y la edad) y desempeña unas funciones básicas en el funcionamiento corporal.

Todas las reacciones químicas del organismo tienen lugar en un medio acuoso. El agua sirve como transportador de nutrientes y como vehículo para excretar productos de desecho, lubrica y proporciona apoyo estructural a tejidos y articulaciones. 


La evaporación del agua a través de la sudoración y transpiración constituye un mecanismo termorregulador muy eficiente, evitando variaciones corporales de temperatura que podrían ser fatales.


En edades avanzadas es necesario prestar mucha atención al estado de hidratación. 


La regulación de los niveles de agua en el cuerpo depende de un equilibrio entre la entrada y la salida de la misma. Las alteraciones en la hidratación pueden venir dadas tanto por disminución de la ingesta de agua como por alteraciones en su eliminación.


Entre las causas de disminución de la ingesta de agua en el envejecimiento, podemos destacar las siguientes:


  • Disminución de la sensación de sed.
  • Menor apetencia o disminución de la tolerancia a determinados alimentos ricos en agua, como la leche.
  • Menor accesibilidad al agua, causada por disminución de la autonomía física y/o psíquica.
  • Disminución de la capacidad de manipulación de algunos platos, por ejemplo sopas, debido a patologías como artritis, artrosis, hemiplejía, Parkinson, etc.
  • Temor a beber y consumir alimentos ricos en agua por la posibilidad de incrementar el riesgo de incontinencia urinaria, especialmente por las noches.
  • Dificultades en la capacidad de deglución.


Alteraciones de la eliminación:


  • Mayor eliminación de agua a través de la orina a consecuencia de alteraciones renales, diabetes descontrolada o administración crónica de algunos medicamentos.
  • Incremento de la pérdida de agua a través de las heces provocado por la administración incontrolada de laxantes o por una mayor incidencia de procesos diarreicos.
  • Mayor pérdida de agua en la respiración en personas con insuficiencia respiratoria.


Según varios investigadores, para llevar una dieta saludable conviene que las personas mayores cuenten con las siguientes informaciones:


  • Una buena alimentación empieza por una correcta elección de los alimentos en el mercado. Es importante cuidar su manipulación y conservación. Evitar guardar la comida mucho tiempo sin consumirla. Aunque hoy en día los controles alimentarios y los avances tecnológicos garanticen la calidad de los alimentos congelados, precocinados o enlatados, es recomendable tomar a diario frutas y verduras frescas.


  • Se recomienda no recalentar repetidas veces platos ya preparados, ya que puede perderse una cantidad apreciable de algunas vitaminas y alterarse la calidad de los mismos.


  • Es importante disfrutar con la comida. Los menús deben ser sencillos y fáciles de preparar, pero cuidando la presentación de los platos y haciendo de la comida uno de los momentos más agradables.


  • Es necesario procurar evitar la soledad, tratar de comer en compañía.


  • Repartir los alimentos en 4-6 comidas diarias, evitando suprimir el desayuno. Si existe pérdida de apetito, se recomienda repartir más las comidas comiendo pequeñas cantidades. Si existen dificultades para cocinar a diario, puede prepararse comida para varios días y congelarla (anotar la fecha de congelación en los envases). Se recomienda descongelar en frigorífico y de forma lenta, mejor que en el microondas.


  • Consumir una dieta variada. Evitar la monotonía y las dietas muy restrictivas, que limitarán el consumo de algunos alimentos.


  • Es necesario moderarse para mantener un peso estable y dentro de los límites aconsejados, equilibrando la ingesta de energía con el gasto calórico mediante la realización diaria de ejercicio físico. Evitar tanto el bajo peso como la obesidad. La pérdida involuntaria de peso debe constituir una señal de alarma, que podría estar indicando alguna enfermedad.


  • Debe cuidarse el aporte de calcio. No conviene suprimir los lácteos de la dieta, pues son las principales fuentes de calcio; existe la alternativa de los desnatados para aquellas personas que deban cuidar la ingesta de grasa. Si se presenta intolerancia a la lactosa (molestias tras la ingestión de leche), se recomienda el consumo de yogur y leches fermentadas.


  • Se recomienda moderar el consumo de sal y de alimentos salados si existen factores de riesgo cardiovascular. No abusar de la sal al preparar la comida y probarla en la mesa, antes de usar el salero. Puede recurrirse al uso de especias para sazonar.


  • Debe procurarse la ingesta de líquidos (agua, leche, zumos, etc.) para evitar la deshidratación. Una ayuda para beber lo suficiente es colocar en un sitio visible la cantidad de agua a tomar diariamente.


  • Es necesario moderar el consumo de bebidas alcohólicas. Aunque algunos estudios relacionan la ingesta de cantidades moderadas de alcohol con beneficios cardiovasculares, es preciso ser muy cautos con esta recomendación, ya que al marcar normas generales dirigidas a toda la población es muy difícil separar la frontera entre los efectos beneficiosos del «buen beber» y los indeseables del «mal beber», que son muchos. El alcohol puede deprimir el apetito, desplazar a otros alimentos de la dieta e interaccionar con varios nutrientes (vitaminas B1, B2 ,B6, E, etc.) o con fármacos. Es crucial, pues, seguir las recomendaciones del médico.


  • Cuidar la dentadura y la higiene bucal para poder masticar bien y no tener que suprimir ningún alimento de la dieta. Cuanto mayor sea la degradación de la dentadura y, por tanto, la restricción de alimentos, mayor será el riesgo de desequilibrios o deficiencias nutricionales.


  • Evitar el tabaco, ya que, además de aumentar el riesgo cardiovascular, de cáncer y de enfermedades respiratorias, entre otras, también disminuye el apetito.


Incluso llevando una dieta equilibrada y realizando una actividad física moderada, su médico tal vez considere recomendable que tome algún suplemento nutricional (a base de vitaminas y/o minerales) para suplir posibles carencias derivadas de vicisitudes del envejecimiento.




El ejercicio físico


Tan importante como llevar una dieta equilibrada es estar físicamente activo. Son muchos los estudios relacionados con los potenciales beneficios cognitivos y cerebrales de la actividad física y el ejercicio aeróbico.


En una amplia revisión sobre dichos estudios se reconoce que aún existen muchas cuestiones por resolver, como cuántas y qué tipo de actividades producen los efectos más rápidos y robustos en la cognición y el cerebro, o cuánto duran los efectos de la actividad física tras su realización, o qué proporción de beneficio supone aisladamente el ejercicio respecto a otros factores como el entrenamiento cognitivo, los aspectos nutricionales o la actividad social. 


Aun así, los datos derivados de esta revisión científica dan fuerza a dos teorías muy actuales: por un lado, que la actividad física contribuye a moderar los cambios indeseables en la cognición y en la función y estructura cerebral producidos por el envejecimiento, y por otro, que la plasticidad cerebral se mantiene, aunque sea en menor grado, hasta edades avanzadas.


Varios estudios longitudinales con personas mayores han indicado que el ejercicio físico está asociado a un menor declive cognitivo y a un menor riesgo de demencia, o al menos, que la participación en determinados programas de ejercicio físico para personas mayores ha repercutido, positiva y moderadamente, en el rendimiento en evaluaciones de la función cognitiva.10,11 Aun así, también existen estudios que no han podido demostrar que el ejercicio físico tenga un efecto protector del deterioro cognitivo o la demencia.


Algunas sugerencias para incorporar el ejercicio físico en su rutina diaria:

siempre que sea posible…


  • Suba por las escaleras en vez de coger el ascensor.


  • Si se desplaza en transporte público, bájese una o dos paradas antes y termine el trayecto caminando. Si va en coche, procure aparcar a cierta distancia del destino.


  • Aproveche cualquier excusa para dar un paseo.


  • Si las condiciones climatológicas no hacen apetecible salir de casa, procure caminar en su domicilio. Algunas ideas: realice varios viajes para poner o quitar la mesa, llevando las cosas de una en una y no tratando de optimizar los movimientos; lo mismo para guardar la ropa doblada, por ejemplo; tienda la ropa en vez de usar la secadora, etc.


Caminar es un ejercicio fácil de llevar a cabo y apto para casi todo el mundo.

Una orientación general es caminar entre media y una hora diaria


Aun así, siempre es recomendable consultar con su médico cuál puede ser la mejor forma de iniciarse y mantenerse en este o en cualquier otro tipo de ejercicio.


La recomendación de solicitar orientación médica antes de iniciar cualquier programa de actividad física debe ser ineludible siempre que se padezca cualquiera de estas condiciones: problemas cardíacos, tensión arterial alta, problemas de espalda, artritis, dolores en las articulaciones, diabetes, o cuando se esté en proceso de recuperación de una enfermedad o de una intervención quirúrgica, o se padezca cualquier enfermedad crónica. 


No es raro sentir pequeñas molestias o incomodidades tras realizar ejercicio, especialmente cuando se está empezando a practicarlo o cuando no se ha practicado durante cierto tiempo, pero si siente dolor deje de realizarlo y consulte a su médico.


Además de los clásicos ejercicios como caminar o asistir a sesiones dirigidas de tonificación y ejercicio aeróbico, existen otros, de más reciente incorporación en nuestra cultura, como el yoga o el taichi que, además de resultar beneficiosos para el tono muscular y el equilibrio, requieren concentración para su práctica. 


A diferencia de otros ejercicios, como las sesiones de tonificación muscular o los paseos, que permiten pensar en otras cosas mientras se practican, el yoga y el taichi requieren centrar la atención en los movimientos corporales y parecen reportar beneficios añadidos a las funciones mentales. 


Distintos estudios han mostrado efectos beneficiosos derivados de la práctica del taichi en el equilibrio, fuerza, movilidad funcional, flexibilidad, calidad del sueño y bienestar psicológico. Del mismo modo, se han comprobado repercusiones positivas en la calidad de vida y en la condición física global derivadas de la práctica del yoga. 


Aunque para nosotros sean actividades novedosas, en culturas orientales cuentan con una larga tradición.


Sea cual sea el tipo de ejercicio que decida realizarse, es muy importante que resulte atractivo y que encaje en las posibilidades e intereses de la persona.

Aunque los efectos positivos del ejercicio dependan del tipo de actividad que se realice y el tiempo que se le dedique, es indiscutible que cualquier nivel de ejercicio físico reportará más efectos positivos en la salud mental y física que la absoluta pasividad. Sin embargo, estos efectos positivos irán disipándose si se abandona la actividad física. De ahí la importancia del mantenimiento.



Algunas ideas para estar motivado y mantener el interés en la realización del ejercicio físico


— Conocer los beneficios de la realización habitual de ejercicio físico, entre los que destacan…


  • Reducción del riesgo de problemas cardiovasculares y de tensión arterial alta.
  • Aumento de la densidad ósea y disminución del riesgo de osteoporosis.
  • Aumento de la fuerza muscular.
  • Incremento de la coordinación y el equilibrio.
  • Mejora de la flexibilidad.
  • Mejora de la respiración.
  • Mejora de la circulación.
  • Contribución al control del peso corporal.
  • Contribución a la prevención y tratamiento del estreñimiento.
  • Mejora de la sensación global de bienestar y reducción del estrés.


Pensar en el ejercicio como algo esencial para nuestro bienestar, al igual que la nutrición o el descanso, y que, por tanto, debe formar parte de nuestro estilo de vida, algo que hagamos de forma habitual. Si solo es considerado como un hobby, probablemente no tendrá la regularidad necesaria ni reportará todos los beneficios que de él pueden esperarse. Aun así, no hay que tener una actitud de «todo o nada», sino que debe ser considerado como un proceso.


Aunque algún día no pueda realizar el ejercicio previsto, por cualquier circunstancia, no pasa nada. Simplemente, reanude la actividad en cuanto pueda.


Fijarse objetivos realistas. Si, por ejemplo, lleva un tiempo caminando 20 minutos cada día y quiere aumentar el tiempo, propóngase primero tratar de llegar a 25 minutos, con un incremento progresivo, y no pretenda pasar de 20 a 40 en pocos días.


Tratar de variar las actividades y ejercicios o la forma de realizarlos. Por ejemplo, alternar entre distintos ejercicios en un mismo día o en días distintos, cambiar la ruta al caminar o correr, etc.


En definitiva, no permitir que se convierta en algo monótono y aburrido. Si practica ejercicio solo, una buena compañía puede ser escuchar música o la radio, utilizando un pequeño reproductor y auriculares.


Realizar las actividades en compañía agradable (familiares, amigos, etc.) también contribuye a disfrutar y mantener la motivación.


Utilizar ropa y calzado adecuados a la actividad para evitar incomodidades, presiones, lesiones, problemas de transpiración, etc.



La actividad mental


Los hallazgos derivados de dos importantes estudios longitudinales a largo plazo, centrados en el proceso de envejecimiento y conocidos como el «estudio de las monjas» y el «estudio de las órdenes religiosas», han revelado que la educación formal ayuda a protegerse de los efectos de la enfermedad de Alzheimer (y, probablemente, también de otras demencias). 


Adviértase que se ha dicho «de los efectos», porque la escolaridad ni previene ni retrasa la evolución de la enfermedad, pero sí proporciona una «reserva cognitiva» que permite a la persona rendir con bastante normalidad en presencia de anormalidades cerebrales. Cuantos más años de escolaridad, mayor reserva cognitiva, lo que se puede traducir en una menor repercusión en el rendimiento cognitivo teniendo una misma cantidad de placas seniles que una persona con baja escolaridad.


Sin embargo, existen ciertas evidencias de que, una vez la enfermedad progresa hasta el punto en que los efectos son inevitablemente perceptibles, avanza más rápidamente. Se cree que es, simplemente, porque las lesiones son ya considerables en el momento en que se evidencian en la conducta de la persona afectada.


Independientemente de la formación previa, un nuevo estudio de la Clínica Mayo de Estados Unidos concluye que el estar implicado en actividades cognitivas como leer, participar en juegos de mesa o juegos informatizados, o realizar manualidades, en la madurez o en edades más avanzadas, así como la participación en actividades sociales, está asociado a una disminución de entre un 30 y un 50 % del riesgo de padecer deterioro cognitivo leve (DCL). 


Otros estudios con personas mayores sanas han demostrado que el comprometerse en actividades cognitivamente estimulantes (estilo de vida activo, actividades novedosas e intelectualmente desafiantes) está asociado a una mayor capacidad verbal y de memoria, en comparación con personas menos comprometidas. 


Una revisión de la literatura científica al respecto indica que el entrenamiento específico de la memoria puede contribuir a mejorarla significativamente en personas mayores. 


Lo que llama la atención es que tal entrenamiento tiene mucho menos efecto en las propias creencias sobre la capacidad de memoria. Esta idea encaja con el hallazgo general de que la gente tiende a ser muy exigente en la evaluación de su propia capacidad de memoria.



La participación social


La socialización puede entenderse como un proceso mediante el cual las personas interiorizan experiencias de su entorno social de forma que influye en su conducta, sus creencias y sus emociones. La participación social de las personas mayores es una de las estrategias derivadas del concepto de envejecimiento activo promovido en el presente proyecto, desde el que se sostiene que cada persona debe afrontar su propio proceso de envejecimiento desde un papel activo y sin desconectarse o aislarse de la sociedad.


La participación en actividades sociales y en actividades cognitivamente estimulantes ha sido asociada a una reducción del riesgo de la enfermedad de Alzheimer. 


Además, las personas mayores poseen una valiosa experiencia vital insustituible que debe contribuir a la propia evolución de las sociedades.


El aislamiento y la soledad son factores de riesgo para el deterioro cognitivo. De hecho, se ha demostrado que el tener una red social muy limitada aumenta considerablemente el riesgo de demencia y, al contrario, el tener una amplia red social parece proteger contra ella. Las relaciones personales de cada persona suelen derivar de su compromiso social a lo largo de su vida, pero una vez más este es un factor susceptible de cambio.


Debe animarse a las personas mayores a establecer interacciones sociales para lograr su implicación. 


Los beneficios de mantener relaciones y vínculos familiares y sociales, así como de ser socialmente activo, contribuyen, sin duda, a envejecer con éxito. En general, los niveles de conexión social suelen mantenerse en edades avanzadas, pero también es cierto que existen algunos factores, como la jubilación o la pérdida de amigos y familiares, que pueden inducir a menor actividad y contacto social, lo que incrementa los riesgos de salud.


La participación social es, por lo tanto, otro de los factores cruciales contribuyentes al mantenimiento de la salud y a la promoción de la calidad de vida. 


La actividad y la creatividad social pueden mantenerse por uno mismo y sus vínculos personales, por la asistencia a programas de actividad social promovidos por distintos organismos, públicos o privados, o por ambas cosas. Son muchos y muy variados los programas diseñados para promover la participación social de personas mayores. Entre otras cosas, los centros de interés de estos programas pueden incluir grupos y/o cursos de baile, arte, canto, costura, cocina, deportivos, de jardinería, de juegos de mesa, de excursiones, de debate, etc. 


El abanico puede llegar a ser muy amplio, lo suficiente como para que cada persona encuentre alguna actividad de su interés. Este tipo de actividades, además de brindar la oportunidad de aprender cosas nuevas, facilita la interacción con personas que compartan los mismos intereses y, probablemente, también muchas de sus preocupaciones, ofreciendo la posibilidad de ayudar y de ser ayudado. 


Puede informarse en cada municipio sobre estos programas. 


De forma individual, la persona puede fomentar su participación y enriquecimiento social y cultural asistiendo a exposiciones, charlas, actos públicos de diversa índole, etc., sin descuidar el disfrute del ocio que cualquiera de estos y otros tipos de actividades reporta (cine, teatro, espectáculos, viajes, etc.), compartiéndolo con aquellas personas con las que sienta mayor afinidad.


Las relaciones familiares tienen un valor esencial en la integración de las personas mayores. La necesidad de sentirse querido es inagotable en el proceso de la vida. La participación en reuniones y celebraciones familiares nos hace sentirnos integrados, activos, en definitiva, tenidos en cuenta. 


No solo es preciso y enriquecedor compartir las experiencias de nuestros familiares, sino que, además, deben valorarse las innumerables e inestimables aportaciones con que podemos contribuir al día a día de nuestros seres queridos. 


Cuando la salud lo permite, el disponer de más tiempo libre que muchos de los demás componentes del grupo familiar favorece el poderse prestar a determinadas ayudas, como participar en la atención a niños pequeños, a algún familiar en situación de dependencia, a realizar una gestión o un recado importante cuando a otros les es francamente difícil, etc.; pero también a dar consejos (sin ser intrusivo), a consolar y a comprender valiéndose de la experiencia adquirida en la vida. 


Del mismo modo, uno puede plantearse la opción de participar en alguna actividad de voluntariado. 


No obstante, todas estas actividades deberían realizarse con cierta moderación, puesto que no debe caerse en el error de descuidar las propias necesidades por atender los requerimientos de los demás, y en ningún caso deberían ser entendidas como una obligación.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a un envejecimiento activo, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Para que puedas empezar te dejo el link gratuito a la "Guía para el envejecimiento activo y saludable" que es una guía práctica y simple.


"Guía para el envejecimiento activo y saludable"



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martes, 23 de noviembre de 2021

Alteraciones frecuentes en las demencias ¿Cómo podemos ayudar a las personas que sufren estos problemas?

Hoy vamos a trabajar sobre qué podemos hacer cuando algún familiar o amigo sufre de demencia (la más conocida es el Alzheimer), teniendo en cuenta qué pautas son las más efectivas cuando cuidamos a alguien con esta afección.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


En la discapacidad y la conducta observable en una persona que padece demencia subyacen unos déficits cognitivos. 

Las tres áreas generalmente descritas como afectadas en las demencias (cognitiva, funcional y conductual) están, de hecho, íntimamente ligadas entre sí. 

En muchas ocasiones, las alteraciones conductuales que manifiestan las personas con demencia son consecuencia de uno o múltiples déficits cognitivos, o de la frustración derivada de la progresiva discapacidad funcional. 


Es necesario comprender los déficits cognitivos subyacentes para llevar a cabo actuaciones dirigidas a minimizar su impacto en la vida cotidiana. 


Una atenta observación de la persona afectada por una demencia es de gran ayuda para identificar lo que puede hacer y lo que no. Por ejemplo, existen tres actitudes características que pueden indicar problemas en la función mental: 


  1. rechazo persistente a realizar determinadas tareas, 
  2. fracaso inexplicable en la realización de algunas actividades y 
  3. desasosiego general (inquietud, nerviosismo, angustia). 


Mientras que algunos déficits (problemas de lenguaje, memoria, habilidades motoras, etc.) pueden seguir el curso de la enfermedad, otros pueden ser mucho menos predecibles (alteraciones conductuales, problemas de reconocimiento, etc.). 

Un síntoma conductual puede tener distintas causas en distintas personas o, incluso, en una misma persona en distintos momentos. 

Casi siempre se puede hacer algo para aliviar el desasosiego de la persona con demencia o para reconducir su conducta en momentos de alteración. 


El primer paso es procurar entenderle y mantenerse sereno.


El estado de ánimo

Algunas variaciones en el estado de ánimo como la irritabilidad, depresión o inquietud, entre otras, pueden estar causadas, en parte, por los cambios producidos en el cerebro. Sin embargo, este tipo de problemas responde, en gran parte, a cambios o variaciones en el entorno y/o a los fármacos. 


Un gran contribuyente es el estrés generado por la dificultad para comprender el entorno y a las otras personas. 

En algunos casos la lesión de determinadas áreas cerebrales es causa de algunas variaciones anímicas raras, como llanto o risa incontrolados, pero no es lo más frecuente.


Consideraciones y pautas generales para el trato con la persona con demencia


Existen algunas consideraciones que deben tenerse siempre presentes:


  • No podemos cambiar a la persona. Nuestro ser querido ahora padece una alteración cerebral. Cuando lo que se intenta es cambiar o modificar su conducta, seguramente no se tiene éxito o se encuentra resistencia. 


Por ello, lo recomendable es:

  1. Tratar de acomodar la conducta, y no de controlarla. Por ejemplo, si la persona insiste en llevar una chaqueta puesta, aunque sea verano y haga calor, busquemos una especialmente fina, procurando que la prenda de debajo sea bien fresca, en vez de insistirle una y otra vez en que no debe llevar chaqueta o tratar de quitársela.
  2. Recordar que nosotros sí podemos cambiar nuestra actitud o el contexto físico. A menudo, al modificar estas otras cosas la conducta de la persona con demencia cambiará, al menos en algunos aspectos.


  • Consultar con el médico. La aparición de alteraciones de conducta puede tener una causa médica, como que la persona sienta dolor o que padezca efectos secundarios de algún medicamento, y, por tanto, puede tener tratamiento.


  • Recordar que toda conducta tiene una intención. A menudo, la persona con demencia no puede expresar lo que quiere o lo que necesita. 


Tal vez haya adquirido la costumbre de vaciar los cajones de su cómoda diariamente porque trata de satisfacer su necesidad de sentirse ocupada y productiva. 

Es necesario intentar deducir qué necesidades trata de cubrir mediante sus conductas y, cuando sea posible, dar opciones para satisfacerlas. Por ejemplo, en este caso tal vez abandone esa rutina si diariamente se le pide que nos doble ropa.


  • Las conductas son incitadas. Es importante comprender que muchas conductas vienen incitadas o provocadas por alguna cosa.

Tanto puede ser lo que hizo o dijo alguien como algún cambio en el entorno (aunque pueda parecer insignificante).


  • Lo que hoy funciona tal vez no funcione mañana. Los múltiples factores que influyen en las conductas problemáticas y la progresión natural de la demencia contribuyen a la variabilidad de las respuestas a las estrategias. Por ello es crucial ser creativo y flexible a la hora de actuar.


  • Buscar ayuda. Aunque sintamos que cuidar a nuestro ser querido es nuestra responsabilidad, debemos recordar que no tenemos por qué afrontarlo solos. Además de los recursos asistenciales y profesionales de nuestra comunidad, existen muchas otras personas que se encuentran en su misma situación. Las asociaciones de afectados o de familiares de afectados por una enfermedad son un gran recurso para buscar orientación, apoyo y ayuda. Un buen ejemplo de ello son las asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer (ver links al final del artículo)


  • Tan importante como cuidar a nuestro ser querido con demencia es cuidarse a sí mismo. El cuidador principal debe contar con facilidades para tener un mínimo de tiempo para sí mismo: para relajarse, para atender a su salud y sus necesidades sociales, y para poder distraerse. Una de las premisas para poder atender con la máxima calidad las constantes necesidades de alguien con demencia es contar uno mismo con una adecuada salud, física y mental. 






Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, a continuación se ofrecen algunas pautas generales para ayudar a gestionar los cambios en el pensamiento y la conducta que suelen mostrar las personas con demencia:


  • Preservar. Esforzarse más en mantener las capacidades de la persona afectada, especialmente aquellas que pueden afectar a su sentimiento de dignidad (como comer, asearse o hacer uso del excusado), que en que intente adquirir nuevas habilidades o recuperar las que ya se han perdido.


  • Mantener. Tratar de minimizar los cambios en el contexto de la persona o en sus rutinas diarias.


  • Adaptar el entorno. Con el objetivo de minimizar la confusión, la ansiedad o potenciales peligros, es recomendable realizar algunas variaciones del entorno para adaptarse al progresivo declinar de sus capacidades (poner seguros en las puertas si tiende a deambular, poner carteles indicadores de los espacios más relevantes para facilitar su orientación, cuidar la iluminación, etc.).


  • Simplificar. Seguir rutinas sencillas y evitar situaciones en las que se requiera que la persona con demencia tome decisiones importantes. Tener que decidir acerca de cuestiones percibidas como complejas puede generar estrés y/o ansiedad.


  • Repetir y/o parafrasear. Cuando la persona muestra dificultades para comprender lo que se le pide, a menudo tiene suficiente con que se le repita la frase (que siempre debe ser lo más simple posible), puesto que una causa frecuente son los problemas de atención y de memoria. Si, aun así, no parece comprenderlo, es necesario intentar darle la misma instrucción con otras palabras y/o acompañada de otros indicadores (gestos, imágenes, mostrando objetos, etc.). Y, lo que es fundamental, con mucha paciencia, comprensión y gran afecto.


  • Recordar amablemente. Ayudar a la persona a sentirse orientada, especificando expresamente los distintos momentos del día a medida que van sucediendo, recordándole la fecha, la estación del año, el lugar donde se encuentra, lo que estamos haciendo y el nombre y/o función de las personas que se encuentran con ella.


  • Dar confianza. Hacerle sentir seguro y querido cada día, incluso aunque no responda. Emplear un tono de voz tranquilo, afectuoso.

Mostrarse comprensivo y no defensivo.


  • Potenciar la comunicación. Tratar de comprender sus palabras y gestos. Adaptarse a su capacidad de comunicación. No pretender que mantenga una forma de comunicación convencional.


  • Supervisar la medicación. Asegurarse de que toma la medicación que le ha sido indicada, en las dosis y horas adecuadas. Estar pendiente de posibles reacciones o efectos secundarios y consultar con su médico periódicamente sobre la pertinencia y/o necesidad de seguir con todos los tratamientos. Llevar una lista actualizada de la medicación que toma siempre que sea visitado por algún médico, de cualquier especialidad.


  • Procurarle una dieta adecuada. Los efectos de las demencias pueden verse agravados por una deficiente nutrición. Asegurarse de que recibe una adecuada hidratación.


  • Identificar desencadenantes. Tratar de detectar acciones, expresiones o situaciones que pueden provocar alteraciones de la conducta.

Llevar un registro, tomar notas de tales episodios, para tratar de evitar desencadenantes en el futuro.


  • Ser honesto con uno mismo. A pesar de todas las medidas y todas nuestras buenas intenciones, es necesario saber reconocer cuándo las necesidades de atención y cuidado de nuestro ser querido exceden a nuestras posibilidades. 


Todo el mundo tiene derecho a necesitar ayuda, incluidos los cuidadores.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo al cuidado de personas con este tipo de enfermedades, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!



Links de interés para cuidadores


https://cuidabien.org/


https://espacios-escucha.org/



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sábado, 13 de noviembre de 2021

El deterioro cognitivo leve (DCL): Consejos sobre estilo de vida y buenos hábitos

Hoy vamos a trabajar sobre qué podemos hacer cuando hay un deterioro cognitivo leve (entre el envejecimiento normal y la demencia), teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en artículos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Anteriormente, hemos hablado y ejemplificado cómo afecta el envejecimiento a las capacidades cognitivas y, entre ellas, a la memoria. Se ha pretendido transmitir la idea de que, aunque la edad realmente puede afectar, de una u otra forma, al rendimiento mental, no debe ser considerada un trastorno, ya que forma parte de los efectos derivados del envejecimiento. 


¿Qué sucede cuando una persona se encuentra en un punto intermedio entre estos dos extremos, el envejecimiento normal y la demencia? 


¿Qué pasa cuándo una persona piensa que sus fallos de memoria exceden de lo que sería esperable solo por su edad?


Habría que indagar más profundamente en la frecuencia de estos problemas de memoria, el tiempo que hace que empezaron a producirse o agudizarse claramente, si se está pasando por algún momento delicado (la pérdida de un ser querido, un estado de ánimo deprimido, estar muy sensibilizado con el tema de las capacidades y el envejecimiento, etc.).


Nos enfrentamos a varias posibilidades:


1. Su memoria es normal para su edad. Presenta problemas de memoria esperables en el envejecimiento. Sin embargo, últimamente está especialmente nerviosa por algún motivo y le cuesta más prestar atención y concentrarse, por lo que su memoria es mucho más frágil.

2. Los problemas de memoria son mayores de lo esperable por la edad, pero no llegan a interferir en su vida cotidiana; no llama excesivamente la atención de sus familiares, aunque sí reconocen que les sorprende que se olvide de según qué cosas. ¿Deterioro cognitivo leve?

3. Los que la conocen íntimamente están francamente preocupados porque, además de lo que ella explica, han notado que tiene otros despistes de los que ni se percata. 

Les llama la atención porque ella ha sido siempre la «mente pensante» de la familia y la que siempre les ha recordado las fechas y eventos relevantes. 


Ahora, sin embargo, alguna vez ha preparado comida solo para dos (su marido y ella) cuando su hija había llamado para avisar de que vendría a comer con su hijo mayor. O, por ejemplo, no recordó el cumpleaños de ese mismo nieto, cuando siempre había sido la primera en felicitarle. Pero lo que más les preocupa es que, a menudo, no recuerda el día, el mes, la época del año o, incluso, el año en el que estamos. ¿Demencia incipiente?



¿Qué es el deterioro cognitivo leve (DCL)?


El DCL está considerado como un punto intermedio entre los cambios cognitivos propios del envejecimiento normal y los cambios más serios causados por la enfermedad de Alzheimer u otras demencias. Aunque se han empleado muchos términos para describir esta fase intermedia, el de DCL (en inglés, MCI) es el más utilizado y se ha convertido en la denominación más habitual en el campo de la investigación. Hoy en día se acepta la categoría de DCL como diagnóstico en sí mismo. 


Este trastorno puede afectar a distintas áreas del pensamiento y capacidades cognitivas, como la memoria, el lenguaje, la atención, el razonamiento y el juicio, la lectura y la escritura. En función de qué capacidad o capacidades estén alteradas, se han descrito distintos tipos de DCL, 


Puede ser que los distintos tipos de DCL sean predictivos de distintos tipos de demencia. 


La forma más frecuente de DCL es la que causa problemas de memoria. Este tipo de DCL es el conocido como DCL amnésico y se caracteriza por un tipo de pérdidas de memoria típicas de las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer, pero no llegan a cumplirse todos los criterios diagnósticos requeridos para hablar de dicha enfermedad, como, por ejemplo, no se experimenta desorientación o confusión en las rutinas de la vida cotidiana. 


Es decir, la persona sigue siendo independiente para llevar a cabo su vida, aunque tal vez sea menos activa socialmente o pueda experimentar algunas dificultades en el desarrollo de las tareas más complejas.


Algunos de los signos que pueden hacer pensar en el DCL son los siguientes:


  • No recordar dónde ha dejado las cosas (antes no le sucedía, o ahora le sucede con mucha más frecuencia).


  • Olvidar citas o acontecimientos importantes (una visita médica importante, el cumpleaños o la próxima boda de un ser querido, por ejemplo).


  • Con frecuencia, tener problemas para encontrar la palabra adecuada en las conversaciones.


  • Dificultad en seguir el hilo de conversaciones.


Mientras que algunas personas con DCL amnésico desarrollarán la enfermedad de Alzheimer, otras no. 


El recibir el diagnóstico de DCL no significa que necesariamente vaya a desarrollarse enfermedad de Alzheimer u otra demencia.


Los médicos e investigadores coinciden en que la enfermedad de Alzheimer, la demencia degenerativa más típica, suele tener una larga fase previa en la que los síntomas van apareciendo de forma muy sutil, apenas perceptibles en un principio. 


Además, es conocido que los cambios en el cerebro empiezan a producirse varios años antes del inicio de los efectos cognitivos y conductuales observables. Así pues, las personas destinadas a padecer la enfermedad de Alzheimer pasarán primero por una fase intermedia en la que, aunque empiezan a dejarse sentir los primeros síntomas, aún no se puede hablar de un diagnóstico claro de demencia. 


De hecho, muchos expertos creen que el DCL puede ser un aviso precoz de un próximo desarrollo de demencia. 


En resumen, el DCL puede ser el preámbulo de la enfermedad de Alzheimer, de una demencia vascular o de otras enfermedades secundarias que puedan causar demencia, pero en algunos casos el DCL puede ser la manifestación de algún trastorno estable o reversible que no progrese a demencia.






Sospechas. ¿Qué hacer?


Los olvidos o fallos de memoria del envejecimiento normal son leves e intrascendentes. 


Tal vez nos olvidemos de dónde hemos dejado las llaves o no recordemos en qué planta hemos dejado el coche en el aparcamiento.

Quizá no recordemos el nombre de una antigua compañera de trabajo cuando nos encontramos casualmente en la calle. Pero este tipo de fallos no deben preocuparnos. 


Debemos prestar más atención si empezamos a olvidar cosas que normalmente recordábamos, como las visitas médicas o la cita semanal con amistades. 

Estas cosas pueden sucedernos a todos esporádicamente, pero si se convierte en un patrón repetitivo podría ser un síntoma de DCL.


Los criterios diagnósticos principales para el DCL amnésico son los siguientes:


  • Quejas de una persona de que tiene problemas de memoria, preferiblemente corroborado por algún familiar o amigo cercano.


  • Capacidad de juicio, percepción y razonamiento normales.


  • Ausencia de afectación del desarrollo de las actividades cotidianas (o afectación mínima de las más complejas).


  • Disminución del rendimiento en memoria constatado por pruebas cognitivas (test), en comparación con otras personas de edad y nivel educativo similares, para lo que es necesario realizar una evaluación neuropsicológica.


En el DCL suelen producirse los mismos cambios cerebrales que en la enfermedad de Alzheimer o que en otras formas de demencia. 

La diferencia está en la extensión de tales cambios, mucho más limitada en el DCL. 


Aunque no es posible predecir quién padecerá DCL y quién no, sí existen algunos factores de riesgo que pueden hacer que algunas personas sean más susceptibles al mismo. 


Por un lado, pueden propiciarlo factores genéticos, como el tener determinadas características en un gen denominado apolipoproteína E (APOE), que ha sido relacionado con la enfermedad de Alzheimer. 


Otros factores de riesgo para padecer DCL son: 


  • tener la tensión arterial alta y/o diabetes; 
  • mantenerse poco activo física, social y mentalmente; y 
  • tener un bajo nivel educativo. 


Las personas con DCL tienen mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o alguna otra demencia, pero, como se ha dicho anteriormente, no es definitorio.


Si usted o algún familiar o amigo suyo han detectado que su memoria empeora progresivamente, que se repiten el mismo tipo de olvidos con frecuencia o que olvida cosas que antes nunca hubiera olvidado, es importante acudir al médico para que realice una valoración


Inicialmente se recomienda acudir al médico de cabecera, quien decidirá si es pertinente o no la consulta a un especialista. 


Debido a la presión asistencial sufrida en numerosos consultorios médicos, es probable que el profesional disponga de poco tiempo para realizar la visita, por lo que tanto él como usted agradecerán llevar cierta planificación. 


Puede ser de gran utilidad llevar anotadas algunas consideraciones, como:


  • Descripciones detalladas de los síntomas, si es posible dando ejemplos concretos.
  • Lista de todas las medicaciones que toma y su dosis, incluyendo aquellas que no precisan receta médica.
  • Algunas preguntas que le gustaría hacer al médico, como qué tipo de pruebas le realizarán o si debe volver a la consulta pasado un tiempo.



Por su parte, el médico probablemente le preguntará sobre los cambios en su memoria y, si los ha habido, sobre su personalidad y estado de ánimo. 


Le pedirá antecedentes familiares de enfermedades que puedan ser relevantes, así como antecedentes personales suyos, como saber si ha padecido:

  • problemas circulatorios cerebrales (embolia, apoplejía, etc.), 
  • traumatismo craneoencefálico, 
  • depresión, 
  • abuso de alcohol u 
  • otros trastornos neurológicos.


Aunque no existe ninguna prueba que pueda confirmar el diagnóstico de DCL, el médico tratará de descartar otros factores que pudieran estar causando sus síntomas. 


Por ello, puede ser que le realice o solicite la realización de distintas pruebas:


  • Exploración neurológica. Como parte del examen físico, el médico probablemente compruebe la posible presencia de signos indicativos de algunas enfermedades neurológicas, como enfermedad de Parkinson, problemas vasculares cerebrales, tumores u otros trastornos que puedan alterar la memoria. En el examen neurológico suelen explorarse, entre otros, los reflejos, movimientos oculares, equilibrio y sensibilidad al tacto.


  • Es muy probable que le solicite la realización de un análisis de sangre, ya que una simple analítica puede ayudar a descartar problemas físicos que estén afectando a la memoria, como una deficiencia de vitamina B12 o alteraciones tiroideas.


  • Pudiera ser que el médico considerara apropiado realizar un escáner o una resonancia magnética para descartar la presencia de problemas vasculares cerebrales o de un tumor.


  • Valoración del estado mental y/o evaluación neuropsicológica. Es muy probable que, en la misma consulta del médico, le realicen un breve test para valorar sus funciones cognitivas elementales y, para ello, le formularán algunas preguntas sobre orientación en espacio y tiempo, y le pedirán la realización de unos breves ejercicios de atención, comprensión, memoria, lectura y/o escritura y dibujo. 


Si los resultados en este tipo de prueba breve así lo sugieren, es posible que se le solicite una valoración neuropsicológica amplia, que puede suponer la realización de varios test en más de un día.


Este tipo de evaluación, realizada por un neuropsicólogo, permite conocer en detalle sus capacidades cognitivas. Por decirlo de alguna manera, es como si se obtuviera un «mapa» de sus capacidades en cuanto a lenguaje, memoria, orientación, atención, concentración, razonamiento, etc. 


Sus resultados se compararán con los de personas de edad y nivel educativo similares. Por un lado, este tipo de evaluación aporta información muy útil que ayuda a orientar el diagnóstico y, por otro, sirve de referente de base para poder realizar un seguimiento detallado de su evolución en el tiempo.


Si la alteración es de tipo amnésico y parece evidente que, más allá del DCL, se trata de un indicio de enfermedad de Alzheimer en fase muy inicial, no podrá curarse el trastorno, pero un tratamiento con la medicación adecuada puede contribuir al enlentecimiento del curso de la enfermedad.


Por otra parte, el DCL puede derivar de otras alteraciones cuyo tratamiento contribuirá claramente a la reducción de los problemas cognitivos. 


Por ejemplo, puede ser que una persona con DCL tenga una hipertensión no controlada. 

La tensión arterial alta puede producir alteraciones en los vasos sanguíneos y en la circulación cerebral, y, como consecuencia, pueden experimentarse problemas de memoria y otras dificultades cognitivas. 


Con un tratamiento adecuado y un buen control de la tensión arterial es posible minimizar esos síntomas o modificar su progresión.


Es frecuente que muchas personas con DCL padezcan un trastorno depresivo, y la depresión, en sí misma, puede causar problemas de memoria.


Por lo tanto, tratar adecuadamente la depresión puede ayudar a mejorar la memoria, a la vez que hacer que resulte más fácil afrontar los cambios en la propia vida.


Apuntes sobre el tratamiento


Si el DCL resulta ser secundario de algún problema médico, tratando dicho problema muchas veces la situación será reversible o mejorará claramente (excepto cuando la causa en cuestión haya provocado alguna lesión cerebral irreversible). 


En la actualidad, las medicaciones indicadas en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer no están aprobadas para su prescripción en el DCL.

Cuando un profesional tiene firmes sospechas de que el DCL es, en realidad, el inicio de la enfermedad de Alzheimer, su diagnóstico es este último y, entonces sí, prescribe el tratamiento apropiado.


Consejos sobre estilo de vida y buenos hábitos


El hecho de ser diagnosticado de DCL puede suscitar dos tipos de reacciones: recibirlo con optimismo o con pesimismo. El optimista pensará que aún existe la posibilidad de que su situación no vaya a peor, mientras que el pesimista pensará que, probablemente, está en el inicio de una enfermedad de Alzheimer u otra demencia. 


En cualquier caso, es necesario convencerse de que, en el momento actual, se es competente y hay que seguir adelante, disfrutar de la vida y tratar de no hacer de los problemas de memoria la preocupación central de su vida, ya que la ansiedad que consiguientemente se genera suele hacer que la memoria empeore. 


Eso sí, es importante mantener un estilo de vida activo y saludable y cumplir con el seguimiento clínico que el médico recomiende para valorar su progresión.


Aunque los estudios científicos muestran resultados diversos sobre la eficacia de los siguientes consejos para prevenir o combatir el DCL, lo que es seguro es que forman parte de un estilo de vida saludable que todas las personas mayores, con o sin DCL, deberían incorporar en su rutina: 


  • Evitar el aislamiento. Las personas con una vida social limitada o que pasan mucho tiempo solas pueden tener mayor riesgo de desarrollar una demencia.


  • Mantenerse socialmente activo: participar en programas de voluntariado, acudir a reuniones de amigos y/o familiares, salir a realizar la compra, ir al cine o al teatro, etc. Además de combatir la soledad, este tipo de actividades contribuyen a mantener la mente ágil.


  • Hacer ejercicio físico puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar problemas de memoria.


  • Alimentarse correctamente. La dieta mediterránea, rica en verduras, legumbres, frutas, cereales, pescado y aceite de oliva, y pobre en grasas saturadas ha sido asociada a un menor riesgo de padecer DCL7 y Alzheimer.


  • Dormir bien. A menudo, los problemas de memoria están relacionados con alteraciones del sueño. Ejercitar el cerebro. Realizar actividades que impliquen desafíos intelectuales, es decir, ejercitar la mente, ha sido frecuentemente asociado a mejores rendimientos de memoria.


En el caso del DCL, puesto que las capacidades cognitivas están relativamente conservadas, es un buen momento para aprender y utilizar estrategias que ayuden a compensar los problemas de memoria. 


Aspectos destacados (resumen)


El DCL puede ser la manifestación de distintas condiciones médicas.


  • Puede ser una manifestación de efectos secundarios de algunas medicaciones.
  • Puede ser secundario a una depresión primaria (que sucede por sí misma, sin causa aparente) o reactiva (secundaria de un suceso vital). 

Las personas que han perdido a su pareja o a otro ser querido a menudo padecen un importante decaimiento físico y emocional, que puede conllevar cambios en el equilibrio neuroquímico del cerebro. 

Cuando se padece una depresión no se registra la información tan bien como antes, es fácil estar más distraído y no prestar atención. 

Si la depresión es tratada adecuadamente y esa era la causa, los problemas cognitivos mejoran claramente.


  • Puede ser secundario a distintos trastornos médicos, como alteraciones hormonales, enfermedades infecciosas, alteraciones vasculares cerebrales, deficiencia de ciertas vitaminas, etc.


A menudo, tratando el trastorno subyacente la memoria y la cognición en general se recuperan.


  • El tipo de demencia más común, la enfermedad de Alzheimer, así como otras formas de demencia, pasa previamente por un estado de DCL. 


Es decir, todos los enfermos de Alzheimer han pasado inicialmente por ese estado, pero no todas las personas que padecen DCL desarrollarán la enfermedad de Alzheimer u otra demencia.


  • Es esencial una valoración profesional cuando creemos que las cosas no marchan bien con nuestra memoria o cuando experimentamos otras dificultades cognitivas. 


El equipo médico tratará de distinguir aquellas personas que realmente parecen encontrarse ante un inicio de demencia de las que pueden padecer otros trastornos que expliquen esa situación, o de las que, simplemente, experimentan cambios propios del envejecimiento. 

Solo así podrá enfocarse el caso de la forma más apropiada terapéuticamente.


  • No existe ningún tratamiento farmacológico aprobado expresamente para el DCL, pero sí es posible tratar los trastornos que puedan estar en su base, si es el caso, o la incipiente enfermedad de Alzheimer u otra demencia, que puede ser considerada una vez valorado el caso en detalle.


  • El compromiso activo de la persona que padece DCL y de su contexto familiar es inestimable para que las estrategias de afrontamiento del trastorno sean efectivas.


Cómo ayudar a alguien con deterioro cognitivo leve (DCL)


En la mayor parte de casos, como reacción inicial, a la familia y amigos se les suele hacer difícil aceptar las pérdidas de memoria de un ser querido como un problema médico real. 


Algunos, erróneamente, creen que la persona que presenta fallos de memoria lo hace queriendo, por algún motivo: por pereza (si se «olvida» o evita llevar a cabo algunas obligaciones), por molestar, por falta de interés, por llamar la atención, etc.; pero, cuando pasan más tiempo con dicha persona, empiezan a comprender que el asunto es más serio de lo que pensaban y se dan cuenta de cómo los problemas de memoria influyen en su vida cotidiana. 


Las personas con DCL, en general, quieren seguir sintiéndose útiles, productivas e independientes. Muchos expresan que no quieren convertirse en una carga para su familia.


A continuación se sugieren ideas para ayudar a alguien con DCL, englobadas en dos grandes conceptos: apoyo y respeto.


Apoyar y animar


  • Aceptar el problema de la memoria como algo real.
  • Permitirle que lleve a cabo sus rutinas diarias a su ritmo.
  • Facilitarle momentos sin interrupciones para permitirle recuperar información cuando trata de recordar algo.
  • Ayudarle a sentirse útil pidiéndole colaboración en tareas domésticas.
  • Promover sensaciones de éxito pidiéndole las tareas de una en una.
  • Animarle y ayudarle a estar físicamente activo.
  • Evitar sobreprotegerle.


Ser paciente y respetuoso


  • Aprender a reconocer los signos y síntomas del DCL.
  • Tratar a la persona como adulta que es.
  • Hacerle partícipe de nuestras relaciones sociales y/o animarle a mantener las suyas.
  • Responder cada vez a la misma pregunta como si fuera la primera vez que la hace.
  • Evitar empezar o terminar las frases con «Ya te lo he dicho…».
  • Procurar no interrumpirle cuando habla.
  • Evitar hablar de él sin hacerle partícipe de la conversación. Es decir, no hablar de él en su presencia, como si no estuviera o sin tenerle en cuenta.
  • Hablarle con normalidad; solo simplificar el lenguaje si nos dice que no nos entiende.
  • Tener mucha paciencia y sentido del humor.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo al DCL (deterioro cognitivo leve), entonces...


Solamente queda poner ¡manos a la obra!



Sacado de https://www.ecognitiva.com/


Cuaderno 1



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viernes, 29 de octubre de 2021

¿Qué pasa con la resolución de problemas o funciones ejecutivas en el envejecimiento?

Hoy vamos a trabajar sobre las funciones ejecutivas en el envejecimiento, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”


Ideas conceptuales


El proceso de razonar requiere de una serie de habilidades para resolver problemas. 


Ante determinado problema o cuestión, surgen una serie de ideas, símbolos y asociaciones con la finalidad de resolverlo mediante la toma de decisiones y acciones concretas. 


Esta capacidad de resolución de problemas cotidianos está asociada a una serie de habilidades que se conocen, técnicamente, como funciones ejecutivas


La expresión funciones ejecutivas hace referencia a conductas y capacidades cognitivas superiores que permiten a una persona desenvolverse adecuadamente en actuaciones dirigidas a un objetivo


Suelen relacionarse con la zona frontal del cerebro y guían todas las actividades complejas destinadas a la planificación, toma de decisiones y autorregulación de juicios e impulsos. 


De hecho, el término es una metáfora del mundo de los negocios, donde se suele llamar ejecutivo a aquel que controla distintos departamentos de modo que la empresa pueda funcionar y avanzar lo más eficaz y eficientemente posible. 


Lo que somos, el modo en que organizamos nuestras vidas y cómo planificamos y ejecutamos dicha organización está, en gran medida, regulado por regiones frontales de nuestro cerebro, o en los sistemas de interconexión entre distintas estructuras corticales y subcorticales.


El cerebro humano es el sistema natural más complejo, rivalizando, e incluso excediendo, la complejidad de estructuras sociales y económicas más intrincadas. 


Continuando con las comparaciones, y siguiendo con las metáforas, al igual que una gran empresa, una gran orquesta o un ejército, el cerebro consta de distintos componentes con distintas funciones. Y, al igual que estas organizaciones, el cerebro tiene su oficina gestora ejecutiva, su conductor, su director, etc.: los lóbulos frontales. 


Para ser más precisos, aunque de forma genérica se hable de lóbulos frontales, este rol ejecutivo depende de una zona de los mismos, el córtex prefrontal, así como de otras partes del cerebro. 


Puesto que los lóbulos frontales no están ligados a una función simple y fácilmente definida, durante mucho tiempo fueron los «lóbulos silenciosos». 


En las últimas décadas, sin embargo, han sido el centro de interés de una intensa investigación científica, aunque muchos aspectos anatómicos y funcionales aún son un misterio.



Dinámica de las funciones ejecutivas


Cuando hablamos del concepto de funciones ejecutivas lo entendemos como íntimamente ligado al de resolución de problemas. 


La resolución de problemas se refiere a conductas específicas, como la formación de conceptos y la capacidad de cambiar de rutina mental, que afectan a la calidad con que se realiza una tarea. 


El de funciones ejecutivas es un término más amplio que compagina procesos que incluyen anticipación, selección de objetivos y planificación u organización.


Estos dos términos descritos a menudo se emplean conjuntamente para describir los procesos de percepción de los parámetros relevantes de una situación, activación de los almacenes de experiencias y planificación de nuevas secuencias de comportamiento. 


Para llevar a cabo estas habilidades se requiere de una serie de pasos o niveles que pueden estructurarse de la siguiente forma: 


1. Motivación. 

Para iniciar cualquier actividad que requiera un esfuerzo de pensamiento, es necesario tener un motivo que haga urgente la tarea y esencial su resolución. La determinación de objetivos, de lo que uno necesita y desea, precisa de autoconciencia y motivación. 


En personas con sintomatología depresiva puede apreciarse baja motivación. Obviamente, una alteración de la motivación puede influir en el intento o en la forma de resolución del problema. 


La motivación es, por tanto, una condición necesaria para que se inicie y mantenga un proceso ejecutivo.


2. Planificación. 

Analizar la tarea y considerar distintas soluciones previamente a la realización de cualquier acción


La impulsividad o falta de análisis de la tarea antes de responder conduce a respuestas erróneas por haberse centrado solo en cualidades superficiales. 


En esta fase se requiere capacidad para anticipar el futuro con relación a las circunstancias presentes y sopesar distintas alternativas.


3. Ejecución. 

Se refiere a la puesta en marcha de las conductas necesarias para cumplir el objetivo. Se requiere iniciación, mantenimiento, cambio y finalización de secuencias de conducta complejas de forma ordenada e integrada. 


En este proceso interfieren frecuentemente dos tipos de conducta: la perseveración, que implica la insistencia en una respuesta que ya no es relevante o útil, y la impersistencia o dificultad de mantener en el tiempo una respuesta voluntaria que sí es productiva.


4. Evaluación del rendimiento. 

El proceso se dará por finalizado si la solución corresponde al objetivo inicial. De no ser así, proseguirá la búsqueda de estrategias. 


En esta fase se requiere capacidad de regulación y autocorrección de las conductas llevadas a cabo.


Imaginemos algunas situaciones cotidianas que reflejan la relevancia de las funciones ejecutivas.



SITUACIÓN 1:


Un hombre comenta a un amigo que hoy es su aniversario de boda, cumplen 40 años de matrimonio. 


Conversando con el amigo, ensalza las virtudes de su esposa, recuerda la cantidad de momentos especiales (buenos y malos) que han vivido juntos y expresa la suerte que tienen de seguir queriéndose tanto. 


De repente, le habla al amigo de la idea de sorprender a su esposa [= objetivo] invitándola a pasar el próximo fin de semana en una zona de montaña ya que a ella le encanta [= motivación]. 


Decide pasar por una agencia de viajes y pedir asesoramiento sobre un destino adecuado, teniendo en cuenta que solo tienen 2 días (a lo sumo 3, si deciden partir el viernes), la previsión meteorológica, etc. 


Antes, sin embargo, piensa que debería asegurarse de que su esposa no haya adquirido ningún compromiso que luego les impida marcharse [= planificación]. 


Llama a su cuñada, ya que si su esposa programa actividades para el fin de semana lo suele hacer con ella. Ahora ya sabe que no hay impedimentos. Así pues, se dirige a la agencia de viajes y, tras debatir con quien le atiende las ventajas e inconvenientes de cada destino, se decide por un pequeño pueblecito que frecuentaban cuando sus hijos eran pequeños. 


Como lleva la tarjeta de crédito encima, en ese momento formaliza la reserva y se guarda los documentos pertinentes [= ejecución]. Ahora ya puede ir a casa y dar la sorpresa a su mujer.


De camino, piensa que ha tenido una buena idea y que la sorpresa será muy grande cuando vea que ha pensado en todo: un destino nostálgico para los dos, un clima adecuado, un fin de semana en el que no había nada programado [= evaluación del rendimiento]. 


Pero aún lo puede mejorar... [= planificación] y para en una floristería a comprarle un hermoso ramo.



SITUACIÓN 2:


A Miguel le encanta la cocina, pero a lo largo de su vida ha tenido poco tiempo para dedicarse a ella como afición. Ahora, uno de sus grandes entretenimientos es ver diariamente un programa de televisión en el que un famoso cocinero enseña la forma de preparar variadas recetas. 


Hoy vienen sus hijos y nueras con los nietos a comer, y sabe que les encantan las albóndigas. Justo esta semana tomó notas sobre una original receta de albóndigas y estaba deseando hacerlas. ¡Qué mejor día para prepararlas! [= objetivo y motivación]. 


Busca en el cajón de la cocina dónde guarda la carpeta con recetas y la encuentra. 


Hace una lista de la compra con todos los ingredientes que necesita (va comprobando qué tiene en casa y qué no) [= planificación]. 


Va al supermercado y realiza la compra. En el supermercado, lo primero que hace es tomar el número de turno de la carnicería, porque se forman grandes colas. Así, mientras llega su turno aprovecha para ir llenando el carro con otros productos [= planificación y ejecución]. 


Cuando vuelve a casa, se pone un delantal para no ensuciarse, se lava las manos y se asegura de que tiene todo lo necesario [= planificación y evaluación del rendimiento]. 


Cocina las albóndigas siguiendo escrupulosamente las indicaciones de la receta. De cuando en cuando, prueba la salsa para asegurarse de que está en el punto óptimo de cocción o de sazonamiento para, si es necesario, rectificar sobre la marcha [= ejecución y evaluación del rendimiento]. 


Por último, termina un apetitoso plato que decide presentar de forma muy atractiva en una fuente de porcelana. 


Por cómo huelen, cree que le han quedado en su punto [= evaluación del rendimiento].



Las funciones ejecutivas, por lo tanto, incluyen:


  • Aspectos de organización: atención, toma de decisiones, planificación, secuenciación, resolución de problemas.


  • Aspectos de regulación de la conducta: iniciación de acciones, autocontrol, autorregulación.

Por ejemplo, prosiguiendo con la situación de la compra en el supermercado, estos serían algunos ejemplos de funciones ejecutivas:


  • Al llegar al supermercado decide en qué orden tomar las cosas: tal vez primero los productos que no requieren refrigeración, para que estén menos rato a temperatura ambiente; los productos grandes primero (garrafas, cartones de leche, etc.), para que todo quepa y quede mejor colocado en el carro; mejor coger el turno de la carnicería al principio, por si hay mucha cola... planificación.


  • Supongamos que su hijo le ha pedido que le compre algunas cosas.

Va consultando, alternativamente, su lista y la de su hijo, para asegurarse de que no se deja nada... cambio de esquema.


  • Está tratando de mantenerse en el peso o, tal vez, de perder algún kilo. Quizá el último análisis indicó que debía controlar el azúcar. Será mejor contenerse de comprar su helado favorito...inhibición.


  • Últimamente, la economía doméstica no está en sus mejores momentos, pero siempre nos han encantado los jugos de frutas. ¿Compro el zumo «fresco» a pesar de ser más caro?... razonamiento y toma de decisiones.





La disfunción ejecutiva


Una conducta ejecutiva deficiente suele suponer una serie de disfunciones en varios aspectos implicados. 

Una acusada alteración de las funciones ejecutivas puede ser síntoma de algún trastorno subyacente.


Distintas alteraciones pueden desencadenar una disfunción ejecutiva

  • efectos secundarios del alcoholismo o del consumo de sustancias tóxicas, 
  • manifestaciones de algún tipo de demencia, 
  • secuelas de un traumatismo craneoencefálico o 
  • de un accidente vascular cerebral (embolia, ictus), entre otras.


Estas son algunas conductas que pueden estar asociadas a alteración de las funciones ejecutivas:


  • Comportamiento social inapropiado.


  • Incapacidad para aprender de las consecuencias de actos pasados, o dificultad para pensar en las consecuencias de los propios actos, a pesar de conservar un adecuado nivel de inteligencia.


  • Dificultad en la formación de conceptos abstractos (es decir, incapacidad para realizar el salto del mundo simbólico al real; por ejemplo, comprensión de refranes, frases hechas, etc.).


  • Dificultad para planificar la iniciación, para iniciar actividades.


  • Dificultades para contenerse o inhibirse de realizar determinadas acciones o comentarios que pueden resultar groseros, ofensivos o, incluso, ir en contra de las normas o leyes.


  • Incapacidad para cambiar de esquemas mentales (se entiende por esquema una forma de actuar, de proceder, de pensar, etc. mantenida cierto tiempo; un cambio de esquema supone decidir hacer otra cosa distinta, cambiar de forma de proceder, de dinámica de pensamiento, etc.) es decir, estancarse en rutinas.


  • Dificultad para planificar nuevas acciones cuando se da un cambio imprevisto. Por ejemplo, encontrarse con que han cortado una calle por obras en el camino habitual y no saber qué hacer, no encontrar una solución o alternativa.


  • Necesidad de frecuente supervisión por parte de otras personas para controlar la adecuación de las acciones.


  • Frecuentes y oscilantes cambios de humor, de estado de ánimo. Temperamento muy variable.


  • Puede mostrarse falta de remordimiento hacia personas y/o animales a quienes se ha tratado incorrectamente.


  • Puede mostrarse apatía hacia muchas actividades.


  • Falta de conciencia de que su conducta es un problema.




Los efectos de la edad en las funciones ejecutivas


Aunque las investigaciones difieren sobre la afectación que el envejecimiento tiene en los lóbulos frontales, sí parece evidente que las funciones ejecutivas estarían entre las funciones cognitivas sensiblemente afectadas por el envejecimiento.


Es a cierta afectación frontal que se atribuyen algunos de los tópicos que, a menudo, se asocian a la forma de ser de las personas mayores y que tienen que ver con las funciones ejecutivas: 

  • rigidez de pensamiento, 
  • ritualización, 
  • labilidad emocional (cambio brusco en el estado de ánimo), 
  • tendencia a la indiferencia y al aislamiento, etc.


Es importante conocer los efectos que la edad o, en su caso, determinados trastornos pueden tener en las funciones ejecutivas, ya que tales funciones están relacionadas con el desempeño de las actividades de la vida diaria. 


Se ha sugerido que, en la medida en que las funciones ejecutivas estén íntegras, una persona puede mantenerse productiva e independiente, incluso padeciendo otras pérdidas cognitivas. 


El declive que la edad pueda producir en las funciones ejecutivas no es homogéneo, puesto que están formadas por distintos componentes (recordemos: capacidad de planificación, toma de decisiones, flexibilidad, etc.). 


Aunque aún es un aspecto sujeto a actuales y futuras investigaciones, estas son algunas hipótesis sobre los efectos del envejecimiento en las funciones ejecutivas:


  • Es probable que el enlentecimiento general que experimentan algunos mayores en el procesamiento de información o en la toma de decisiones se deba a la disfunción ejecutiva.


  • Algunos de los componentes ejecutivos, como la flexibilidad cognitiva, no parecen afectarse hasta después de los 70 años, aunque existen distintas teorías al respecto.


  • Es bastante aceptado que la edad influye en la capacidad de planificación, pero no está claro cuál es la edad más crítica a partir de la cual pueden percibirse tales efectos. Las dificultades pueden apreciarse  en aspectos como la regulación de la propia conducta para seguir un plan establecido, o la necesidad de un mayor esfuerzo para captar el sentido abstracto o figurado de las cosas.


En suma, aunque los resultados de las investigaciones muestran gran heterogeneidad en el efecto que el envejecimiento pueda tener en las funciones ejecutivas, es muy importante conocer qué son y cómo se manifiestan para poder detectar conductas que puedan ser indicativas de trastornos subyacentes. 


En el caso del envejecimiento normal, conocer sus posibles limitaciones puede conducir a tomar decisiones sobre el estilo de vida, las necesidades de ayuda o supervisión, etc.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a la resolución de problemas que nos permita mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Solamente queda poner ¡manos a la obra!


A continuación te dejo algunos links a varios cuadernos con actividades que te ayudarán para trabajar el tema que tratamos recién.


Cuadernos:  https://www.ecognitiva.com/


Cuaderno 1

Cuaderno 2

Cuaderno 3

Cuaderno 4

Cuaderno 5


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