martes, 23 de noviembre de 2021

Alteraciones frecuentes en las demencias ¿Cómo podemos ayudar a las personas que sufren estos problemas?

Hoy vamos a trabajar sobre qué podemos hacer cuando algún familiar o amigo sufre de demencia (la más conocida es el Alzheimer), teniendo en cuenta qué pautas son las más efectivas cuando cuidamos a alguien con esta afección.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


En la discapacidad y la conducta observable en una persona que padece demencia subyacen unos déficits cognitivos. 

Las tres áreas generalmente descritas como afectadas en las demencias (cognitiva, funcional y conductual) están, de hecho, íntimamente ligadas entre sí. 

En muchas ocasiones, las alteraciones conductuales que manifiestan las personas con demencia son consecuencia de uno o múltiples déficits cognitivos, o de la frustración derivada de la progresiva discapacidad funcional. 


Es necesario comprender los déficits cognitivos subyacentes para llevar a cabo actuaciones dirigidas a minimizar su impacto en la vida cotidiana. 


Una atenta observación de la persona afectada por una demencia es de gran ayuda para identificar lo que puede hacer y lo que no. Por ejemplo, existen tres actitudes características que pueden indicar problemas en la función mental: 


  1. rechazo persistente a realizar determinadas tareas, 
  2. fracaso inexplicable en la realización de algunas actividades y 
  3. desasosiego general (inquietud, nerviosismo, angustia). 


Mientras que algunos déficits (problemas de lenguaje, memoria, habilidades motoras, etc.) pueden seguir el curso de la enfermedad, otros pueden ser mucho menos predecibles (alteraciones conductuales, problemas de reconocimiento, etc.). 

Un síntoma conductual puede tener distintas causas en distintas personas o, incluso, en una misma persona en distintos momentos. 

Casi siempre se puede hacer algo para aliviar el desasosiego de la persona con demencia o para reconducir su conducta en momentos de alteración. 


El primer paso es procurar entenderle y mantenerse sereno.


El estado de ánimo

Algunas variaciones en el estado de ánimo como la irritabilidad, depresión o inquietud, entre otras, pueden estar causadas, en parte, por los cambios producidos en el cerebro. Sin embargo, este tipo de problemas responde, en gran parte, a cambios o variaciones en el entorno y/o a los fármacos. 


Un gran contribuyente es el estrés generado por la dificultad para comprender el entorno y a las otras personas. 

En algunos casos la lesión de determinadas áreas cerebrales es causa de algunas variaciones anímicas raras, como llanto o risa incontrolados, pero no es lo más frecuente.


Consideraciones y pautas generales para el trato con la persona con demencia


Existen algunas consideraciones que deben tenerse siempre presentes:


  • No podemos cambiar a la persona. Nuestro ser querido ahora padece una alteración cerebral. Cuando lo que se intenta es cambiar o modificar su conducta, seguramente no se tiene éxito o se encuentra resistencia. 


Por ello, lo recomendable es:

  1. Tratar de acomodar la conducta, y no de controlarla. Por ejemplo, si la persona insiste en llevar una chaqueta puesta, aunque sea verano y haga calor, busquemos una especialmente fina, procurando que la prenda de debajo sea bien fresca, en vez de insistirle una y otra vez en que no debe llevar chaqueta o tratar de quitársela.
  2. Recordar que nosotros sí podemos cambiar nuestra actitud o el contexto físico. A menudo, al modificar estas otras cosas la conducta de la persona con demencia cambiará, al menos en algunos aspectos.


  • Consultar con el médico. La aparición de alteraciones de conducta puede tener una causa médica, como que la persona sienta dolor o que padezca efectos secundarios de algún medicamento, y, por tanto, puede tener tratamiento.


  • Recordar que toda conducta tiene una intención. A menudo, la persona con demencia no puede expresar lo que quiere o lo que necesita. 


Tal vez haya adquirido la costumbre de vaciar los cajones de su cómoda diariamente porque trata de satisfacer su necesidad de sentirse ocupada y productiva. 

Es necesario intentar deducir qué necesidades trata de cubrir mediante sus conductas y, cuando sea posible, dar opciones para satisfacerlas. Por ejemplo, en este caso tal vez abandone esa rutina si diariamente se le pide que nos doble ropa.


  • Las conductas son incitadas. Es importante comprender que muchas conductas vienen incitadas o provocadas por alguna cosa.

Tanto puede ser lo que hizo o dijo alguien como algún cambio en el entorno (aunque pueda parecer insignificante).


  • Lo que hoy funciona tal vez no funcione mañana. Los múltiples factores que influyen en las conductas problemáticas y la progresión natural de la demencia contribuyen a la variabilidad de las respuestas a las estrategias. Por ello es crucial ser creativo y flexible a la hora de actuar.


  • Buscar ayuda. Aunque sintamos que cuidar a nuestro ser querido es nuestra responsabilidad, debemos recordar que no tenemos por qué afrontarlo solos. Además de los recursos asistenciales y profesionales de nuestra comunidad, existen muchas otras personas que se encuentran en su misma situación. Las asociaciones de afectados o de familiares de afectados por una enfermedad son un gran recurso para buscar orientación, apoyo y ayuda. Un buen ejemplo de ello son las asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer (ver links al final del artículo)


  • Tan importante como cuidar a nuestro ser querido con demencia es cuidarse a sí mismo. El cuidador principal debe contar con facilidades para tener un mínimo de tiempo para sí mismo: para relajarse, para atender a su salud y sus necesidades sociales, y para poder distraerse. Una de las premisas para poder atender con la máxima calidad las constantes necesidades de alguien con demencia es contar uno mismo con una adecuada salud, física y mental. 






Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, a continuación se ofrecen algunas pautas generales para ayudar a gestionar los cambios en el pensamiento y la conducta que suelen mostrar las personas con demencia:


  • Preservar. Esforzarse más en mantener las capacidades de la persona afectada, especialmente aquellas que pueden afectar a su sentimiento de dignidad (como comer, asearse o hacer uso del excusado), que en que intente adquirir nuevas habilidades o recuperar las que ya se han perdido.


  • Mantener. Tratar de minimizar los cambios en el contexto de la persona o en sus rutinas diarias.


  • Adaptar el entorno. Con el objetivo de minimizar la confusión, la ansiedad o potenciales peligros, es recomendable realizar algunas variaciones del entorno para adaptarse al progresivo declinar de sus capacidades (poner seguros en las puertas si tiende a deambular, poner carteles indicadores de los espacios más relevantes para facilitar su orientación, cuidar la iluminación, etc.).


  • Simplificar. Seguir rutinas sencillas y evitar situaciones en las que se requiera que la persona con demencia tome decisiones importantes. Tener que decidir acerca de cuestiones percibidas como complejas puede generar estrés y/o ansiedad.


  • Repetir y/o parafrasear. Cuando la persona muestra dificultades para comprender lo que se le pide, a menudo tiene suficiente con que se le repita la frase (que siempre debe ser lo más simple posible), puesto que una causa frecuente son los problemas de atención y de memoria. Si, aun así, no parece comprenderlo, es necesario intentar darle la misma instrucción con otras palabras y/o acompañada de otros indicadores (gestos, imágenes, mostrando objetos, etc.). Y, lo que es fundamental, con mucha paciencia, comprensión y gran afecto.


  • Recordar amablemente. Ayudar a la persona a sentirse orientada, especificando expresamente los distintos momentos del día a medida que van sucediendo, recordándole la fecha, la estación del año, el lugar donde se encuentra, lo que estamos haciendo y el nombre y/o función de las personas que se encuentran con ella.


  • Dar confianza. Hacerle sentir seguro y querido cada día, incluso aunque no responda. Emplear un tono de voz tranquilo, afectuoso.

Mostrarse comprensivo y no defensivo.


  • Potenciar la comunicación. Tratar de comprender sus palabras y gestos. Adaptarse a su capacidad de comunicación. No pretender que mantenga una forma de comunicación convencional.


  • Supervisar la medicación. Asegurarse de que toma la medicación que le ha sido indicada, en las dosis y horas adecuadas. Estar pendiente de posibles reacciones o efectos secundarios y consultar con su médico periódicamente sobre la pertinencia y/o necesidad de seguir con todos los tratamientos. Llevar una lista actualizada de la medicación que toma siempre que sea visitado por algún médico, de cualquier especialidad.


  • Procurarle una dieta adecuada. Los efectos de las demencias pueden verse agravados por una deficiente nutrición. Asegurarse de que recibe una adecuada hidratación.


  • Identificar desencadenantes. Tratar de detectar acciones, expresiones o situaciones que pueden provocar alteraciones de la conducta.

Llevar un registro, tomar notas de tales episodios, para tratar de evitar desencadenantes en el futuro.


  • Ser honesto con uno mismo. A pesar de todas las medidas y todas nuestras buenas intenciones, es necesario saber reconocer cuándo las necesidades de atención y cuidado de nuestro ser querido exceden a nuestras posibilidades. 


Todo el mundo tiene derecho a necesitar ayuda, incluidos los cuidadores.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo al cuidado de personas con este tipo de enfermedades, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!



Links de interés para cuidadores


https://cuidabien.org/


https://espacios-escucha.org/



Video de este artículo 👇









Si quieres enterarte cuando hay un nuevo artículo...
Sígueme a través de mis redes sociales




  


Si quieres enviarme un mensaje...👇





sábado, 13 de noviembre de 2021

El deterioro cognitivo leve (DCL): Consejos sobre estilo de vida y buenos hábitos

Hoy vamos a trabajar sobre qué podemos hacer cuando hay un deterioro cognitivo leve (entre el envejecimiento normal y la demencia), teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en artículos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


Anteriormente, hemos hablado y ejemplificado cómo afecta el envejecimiento a las capacidades cognitivas y, entre ellas, a la memoria. Se ha pretendido transmitir la idea de que, aunque la edad realmente puede afectar, de una u otra forma, al rendimiento mental, no debe ser considerada un trastorno, ya que forma parte de los efectos derivados del envejecimiento. 


¿Qué sucede cuando una persona se encuentra en un punto intermedio entre estos dos extremos, el envejecimiento normal y la demencia? 


¿Qué pasa cuándo una persona piensa que sus fallos de memoria exceden de lo que sería esperable solo por su edad?


Habría que indagar más profundamente en la frecuencia de estos problemas de memoria, el tiempo que hace que empezaron a producirse o agudizarse claramente, si se está pasando por algún momento delicado (la pérdida de un ser querido, un estado de ánimo deprimido, estar muy sensibilizado con el tema de las capacidades y el envejecimiento, etc.).


Nos enfrentamos a varias posibilidades:


1. Su memoria es normal para su edad. Presenta problemas de memoria esperables en el envejecimiento. Sin embargo, últimamente está especialmente nerviosa por algún motivo y le cuesta más prestar atención y concentrarse, por lo que su memoria es mucho más frágil.

2. Los problemas de memoria son mayores de lo esperable por la edad, pero no llegan a interferir en su vida cotidiana; no llama excesivamente la atención de sus familiares, aunque sí reconocen que les sorprende que se olvide de según qué cosas. ¿Deterioro cognitivo leve?

3. Los que la conocen íntimamente están francamente preocupados porque, además de lo que ella explica, han notado que tiene otros despistes de los que ni se percata. 

Les llama la atención porque ella ha sido siempre la «mente pensante» de la familia y la que siempre les ha recordado las fechas y eventos relevantes. 


Ahora, sin embargo, alguna vez ha preparado comida solo para dos (su marido y ella) cuando su hija había llamado para avisar de que vendría a comer con su hijo mayor. O, por ejemplo, no recordó el cumpleaños de ese mismo nieto, cuando siempre había sido la primera en felicitarle. Pero lo que más les preocupa es que, a menudo, no recuerda el día, el mes, la época del año o, incluso, el año en el que estamos. ¿Demencia incipiente?



¿Qué es el deterioro cognitivo leve (DCL)?


El DCL está considerado como un punto intermedio entre los cambios cognitivos propios del envejecimiento normal y los cambios más serios causados por la enfermedad de Alzheimer u otras demencias. Aunque se han empleado muchos términos para describir esta fase intermedia, el de DCL (en inglés, MCI) es el más utilizado y se ha convertido en la denominación más habitual en el campo de la investigación. Hoy en día se acepta la categoría de DCL como diagnóstico en sí mismo. 


Este trastorno puede afectar a distintas áreas del pensamiento y capacidades cognitivas, como la memoria, el lenguaje, la atención, el razonamiento y el juicio, la lectura y la escritura. En función de qué capacidad o capacidades estén alteradas, se han descrito distintos tipos de DCL, 


Puede ser que los distintos tipos de DCL sean predictivos de distintos tipos de demencia. 


La forma más frecuente de DCL es la que causa problemas de memoria. Este tipo de DCL es el conocido como DCL amnésico y se caracteriza por un tipo de pérdidas de memoria típicas de las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer, pero no llegan a cumplirse todos los criterios diagnósticos requeridos para hablar de dicha enfermedad, como, por ejemplo, no se experimenta desorientación o confusión en las rutinas de la vida cotidiana. 


Es decir, la persona sigue siendo independiente para llevar a cabo su vida, aunque tal vez sea menos activa socialmente o pueda experimentar algunas dificultades en el desarrollo de las tareas más complejas.


Algunos de los signos que pueden hacer pensar en el DCL son los siguientes:


  • No recordar dónde ha dejado las cosas (antes no le sucedía, o ahora le sucede con mucha más frecuencia).


  • Olvidar citas o acontecimientos importantes (una visita médica importante, el cumpleaños o la próxima boda de un ser querido, por ejemplo).


  • Con frecuencia, tener problemas para encontrar la palabra adecuada en las conversaciones.


  • Dificultad en seguir el hilo de conversaciones.


Mientras que algunas personas con DCL amnésico desarrollarán la enfermedad de Alzheimer, otras no. 


El recibir el diagnóstico de DCL no significa que necesariamente vaya a desarrollarse enfermedad de Alzheimer u otra demencia.


Los médicos e investigadores coinciden en que la enfermedad de Alzheimer, la demencia degenerativa más típica, suele tener una larga fase previa en la que los síntomas van apareciendo de forma muy sutil, apenas perceptibles en un principio. 


Además, es conocido que los cambios en el cerebro empiezan a producirse varios años antes del inicio de los efectos cognitivos y conductuales observables. Así pues, las personas destinadas a padecer la enfermedad de Alzheimer pasarán primero por una fase intermedia en la que, aunque empiezan a dejarse sentir los primeros síntomas, aún no se puede hablar de un diagnóstico claro de demencia. 


De hecho, muchos expertos creen que el DCL puede ser un aviso precoz de un próximo desarrollo de demencia. 


En resumen, el DCL puede ser el preámbulo de la enfermedad de Alzheimer, de una demencia vascular o de otras enfermedades secundarias que puedan causar demencia, pero en algunos casos el DCL puede ser la manifestación de algún trastorno estable o reversible que no progrese a demencia.






Sospechas. ¿Qué hacer?


Los olvidos o fallos de memoria del envejecimiento normal son leves e intrascendentes. 


Tal vez nos olvidemos de dónde hemos dejado las llaves o no recordemos en qué planta hemos dejado el coche en el aparcamiento.

Quizá no recordemos el nombre de una antigua compañera de trabajo cuando nos encontramos casualmente en la calle. Pero este tipo de fallos no deben preocuparnos. 


Debemos prestar más atención si empezamos a olvidar cosas que normalmente recordábamos, como las visitas médicas o la cita semanal con amistades. 

Estas cosas pueden sucedernos a todos esporádicamente, pero si se convierte en un patrón repetitivo podría ser un síntoma de DCL.


Los criterios diagnósticos principales para el DCL amnésico son los siguientes:


  • Quejas de una persona de que tiene problemas de memoria, preferiblemente corroborado por algún familiar o amigo cercano.


  • Capacidad de juicio, percepción y razonamiento normales.


  • Ausencia de afectación del desarrollo de las actividades cotidianas (o afectación mínima de las más complejas).


  • Disminución del rendimiento en memoria constatado por pruebas cognitivas (test), en comparación con otras personas de edad y nivel educativo similares, para lo que es necesario realizar una evaluación neuropsicológica.


En el DCL suelen producirse los mismos cambios cerebrales que en la enfermedad de Alzheimer o que en otras formas de demencia. 

La diferencia está en la extensión de tales cambios, mucho más limitada en el DCL. 


Aunque no es posible predecir quién padecerá DCL y quién no, sí existen algunos factores de riesgo que pueden hacer que algunas personas sean más susceptibles al mismo. 


Por un lado, pueden propiciarlo factores genéticos, como el tener determinadas características en un gen denominado apolipoproteína E (APOE), que ha sido relacionado con la enfermedad de Alzheimer. 


Otros factores de riesgo para padecer DCL son: 


  • tener la tensión arterial alta y/o diabetes; 
  • mantenerse poco activo física, social y mentalmente; y 
  • tener un bajo nivel educativo. 


Las personas con DCL tienen mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o alguna otra demencia, pero, como se ha dicho anteriormente, no es definitorio.


Si usted o algún familiar o amigo suyo han detectado que su memoria empeora progresivamente, que se repiten el mismo tipo de olvidos con frecuencia o que olvida cosas que antes nunca hubiera olvidado, es importante acudir al médico para que realice una valoración


Inicialmente se recomienda acudir al médico de cabecera, quien decidirá si es pertinente o no la consulta a un especialista. 


Debido a la presión asistencial sufrida en numerosos consultorios médicos, es probable que el profesional disponga de poco tiempo para realizar la visita, por lo que tanto él como usted agradecerán llevar cierta planificación. 


Puede ser de gran utilidad llevar anotadas algunas consideraciones, como:


  • Descripciones detalladas de los síntomas, si es posible dando ejemplos concretos.
  • Lista de todas las medicaciones que toma y su dosis, incluyendo aquellas que no precisan receta médica.
  • Algunas preguntas que le gustaría hacer al médico, como qué tipo de pruebas le realizarán o si debe volver a la consulta pasado un tiempo.



Por su parte, el médico probablemente le preguntará sobre los cambios en su memoria y, si los ha habido, sobre su personalidad y estado de ánimo. 


Le pedirá antecedentes familiares de enfermedades que puedan ser relevantes, así como antecedentes personales suyos, como saber si ha padecido:

  • problemas circulatorios cerebrales (embolia, apoplejía, etc.), 
  • traumatismo craneoencefálico, 
  • depresión, 
  • abuso de alcohol u 
  • otros trastornos neurológicos.


Aunque no existe ninguna prueba que pueda confirmar el diagnóstico de DCL, el médico tratará de descartar otros factores que pudieran estar causando sus síntomas. 


Por ello, puede ser que le realice o solicite la realización de distintas pruebas:


  • Exploración neurológica. Como parte del examen físico, el médico probablemente compruebe la posible presencia de signos indicativos de algunas enfermedades neurológicas, como enfermedad de Parkinson, problemas vasculares cerebrales, tumores u otros trastornos que puedan alterar la memoria. En el examen neurológico suelen explorarse, entre otros, los reflejos, movimientos oculares, equilibrio y sensibilidad al tacto.


  • Es muy probable que le solicite la realización de un análisis de sangre, ya que una simple analítica puede ayudar a descartar problemas físicos que estén afectando a la memoria, como una deficiencia de vitamina B12 o alteraciones tiroideas.


  • Pudiera ser que el médico considerara apropiado realizar un escáner o una resonancia magnética para descartar la presencia de problemas vasculares cerebrales o de un tumor.


  • Valoración del estado mental y/o evaluación neuropsicológica. Es muy probable que, en la misma consulta del médico, le realicen un breve test para valorar sus funciones cognitivas elementales y, para ello, le formularán algunas preguntas sobre orientación en espacio y tiempo, y le pedirán la realización de unos breves ejercicios de atención, comprensión, memoria, lectura y/o escritura y dibujo. 


Si los resultados en este tipo de prueba breve así lo sugieren, es posible que se le solicite una valoración neuropsicológica amplia, que puede suponer la realización de varios test en más de un día.


Este tipo de evaluación, realizada por un neuropsicólogo, permite conocer en detalle sus capacidades cognitivas. Por decirlo de alguna manera, es como si se obtuviera un «mapa» de sus capacidades en cuanto a lenguaje, memoria, orientación, atención, concentración, razonamiento, etc. 


Sus resultados se compararán con los de personas de edad y nivel educativo similares. Por un lado, este tipo de evaluación aporta información muy útil que ayuda a orientar el diagnóstico y, por otro, sirve de referente de base para poder realizar un seguimiento detallado de su evolución en el tiempo.


Si la alteración es de tipo amnésico y parece evidente que, más allá del DCL, se trata de un indicio de enfermedad de Alzheimer en fase muy inicial, no podrá curarse el trastorno, pero un tratamiento con la medicación adecuada puede contribuir al enlentecimiento del curso de la enfermedad.


Por otra parte, el DCL puede derivar de otras alteraciones cuyo tratamiento contribuirá claramente a la reducción de los problemas cognitivos. 


Por ejemplo, puede ser que una persona con DCL tenga una hipertensión no controlada. 

La tensión arterial alta puede producir alteraciones en los vasos sanguíneos y en la circulación cerebral, y, como consecuencia, pueden experimentarse problemas de memoria y otras dificultades cognitivas. 


Con un tratamiento adecuado y un buen control de la tensión arterial es posible minimizar esos síntomas o modificar su progresión.


Es frecuente que muchas personas con DCL padezcan un trastorno depresivo, y la depresión, en sí misma, puede causar problemas de memoria.


Por lo tanto, tratar adecuadamente la depresión puede ayudar a mejorar la memoria, a la vez que hacer que resulte más fácil afrontar los cambios en la propia vida.


Apuntes sobre el tratamiento


Si el DCL resulta ser secundario de algún problema médico, tratando dicho problema muchas veces la situación será reversible o mejorará claramente (excepto cuando la causa en cuestión haya provocado alguna lesión cerebral irreversible). 


En la actualidad, las medicaciones indicadas en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer no están aprobadas para su prescripción en el DCL.

Cuando un profesional tiene firmes sospechas de que el DCL es, en realidad, el inicio de la enfermedad de Alzheimer, su diagnóstico es este último y, entonces sí, prescribe el tratamiento apropiado.


Consejos sobre estilo de vida y buenos hábitos


El hecho de ser diagnosticado de DCL puede suscitar dos tipos de reacciones: recibirlo con optimismo o con pesimismo. El optimista pensará que aún existe la posibilidad de que su situación no vaya a peor, mientras que el pesimista pensará que, probablemente, está en el inicio de una enfermedad de Alzheimer u otra demencia. 


En cualquier caso, es necesario convencerse de que, en el momento actual, se es competente y hay que seguir adelante, disfrutar de la vida y tratar de no hacer de los problemas de memoria la preocupación central de su vida, ya que la ansiedad que consiguientemente se genera suele hacer que la memoria empeore. 


Eso sí, es importante mantener un estilo de vida activo y saludable y cumplir con el seguimiento clínico que el médico recomiende para valorar su progresión.


Aunque los estudios científicos muestran resultados diversos sobre la eficacia de los siguientes consejos para prevenir o combatir el DCL, lo que es seguro es que forman parte de un estilo de vida saludable que todas las personas mayores, con o sin DCL, deberían incorporar en su rutina: 


  • Evitar el aislamiento. Las personas con una vida social limitada o que pasan mucho tiempo solas pueden tener mayor riesgo de desarrollar una demencia.


  • Mantenerse socialmente activo: participar en programas de voluntariado, acudir a reuniones de amigos y/o familiares, salir a realizar la compra, ir al cine o al teatro, etc. Además de combatir la soledad, este tipo de actividades contribuyen a mantener la mente ágil.


  • Hacer ejercicio físico puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar problemas de memoria.


  • Alimentarse correctamente. La dieta mediterránea, rica en verduras, legumbres, frutas, cereales, pescado y aceite de oliva, y pobre en grasas saturadas ha sido asociada a un menor riesgo de padecer DCL7 y Alzheimer.


  • Dormir bien. A menudo, los problemas de memoria están relacionados con alteraciones del sueño. Ejercitar el cerebro. Realizar actividades que impliquen desafíos intelectuales, es decir, ejercitar la mente, ha sido frecuentemente asociado a mejores rendimientos de memoria.


En el caso del DCL, puesto que las capacidades cognitivas están relativamente conservadas, es un buen momento para aprender y utilizar estrategias que ayuden a compensar los problemas de memoria. 


Aspectos destacados (resumen)


El DCL puede ser la manifestación de distintas condiciones médicas.


  • Puede ser una manifestación de efectos secundarios de algunas medicaciones.
  • Puede ser secundario a una depresión primaria (que sucede por sí misma, sin causa aparente) o reactiva (secundaria de un suceso vital). 

Las personas que han perdido a su pareja o a otro ser querido a menudo padecen un importante decaimiento físico y emocional, que puede conllevar cambios en el equilibrio neuroquímico del cerebro. 

Cuando se padece una depresión no se registra la información tan bien como antes, es fácil estar más distraído y no prestar atención. 

Si la depresión es tratada adecuadamente y esa era la causa, los problemas cognitivos mejoran claramente.


  • Puede ser secundario a distintos trastornos médicos, como alteraciones hormonales, enfermedades infecciosas, alteraciones vasculares cerebrales, deficiencia de ciertas vitaminas, etc.


A menudo, tratando el trastorno subyacente la memoria y la cognición en general se recuperan.


  • El tipo de demencia más común, la enfermedad de Alzheimer, así como otras formas de demencia, pasa previamente por un estado de DCL. 


Es decir, todos los enfermos de Alzheimer han pasado inicialmente por ese estado, pero no todas las personas que padecen DCL desarrollarán la enfermedad de Alzheimer u otra demencia.


  • Es esencial una valoración profesional cuando creemos que las cosas no marchan bien con nuestra memoria o cuando experimentamos otras dificultades cognitivas. 


El equipo médico tratará de distinguir aquellas personas que realmente parecen encontrarse ante un inicio de demencia de las que pueden padecer otros trastornos que expliquen esa situación, o de las que, simplemente, experimentan cambios propios del envejecimiento. 

Solo así podrá enfocarse el caso de la forma más apropiada terapéuticamente.


  • No existe ningún tratamiento farmacológico aprobado expresamente para el DCL, pero sí es posible tratar los trastornos que puedan estar en su base, si es el caso, o la incipiente enfermedad de Alzheimer u otra demencia, que puede ser considerada una vez valorado el caso en detalle.


  • El compromiso activo de la persona que padece DCL y de su contexto familiar es inestimable para que las estrategias de afrontamiento del trastorno sean efectivas.


Cómo ayudar a alguien con deterioro cognitivo leve (DCL)


En la mayor parte de casos, como reacción inicial, a la familia y amigos se les suele hacer difícil aceptar las pérdidas de memoria de un ser querido como un problema médico real. 


Algunos, erróneamente, creen que la persona que presenta fallos de memoria lo hace queriendo, por algún motivo: por pereza (si se «olvida» o evita llevar a cabo algunas obligaciones), por molestar, por falta de interés, por llamar la atención, etc.; pero, cuando pasan más tiempo con dicha persona, empiezan a comprender que el asunto es más serio de lo que pensaban y se dan cuenta de cómo los problemas de memoria influyen en su vida cotidiana. 


Las personas con DCL, en general, quieren seguir sintiéndose útiles, productivas e independientes. Muchos expresan que no quieren convertirse en una carga para su familia.


A continuación se sugieren ideas para ayudar a alguien con DCL, englobadas en dos grandes conceptos: apoyo y respeto.


Apoyar y animar


  • Aceptar el problema de la memoria como algo real.
  • Permitirle que lleve a cabo sus rutinas diarias a su ritmo.
  • Facilitarle momentos sin interrupciones para permitirle recuperar información cuando trata de recordar algo.
  • Ayudarle a sentirse útil pidiéndole colaboración en tareas domésticas.
  • Promover sensaciones de éxito pidiéndole las tareas de una en una.
  • Animarle y ayudarle a estar físicamente activo.
  • Evitar sobreprotegerle.


Ser paciente y respetuoso


  • Aprender a reconocer los signos y síntomas del DCL.
  • Tratar a la persona como adulta que es.
  • Hacerle partícipe de nuestras relaciones sociales y/o animarle a mantener las suyas.
  • Responder cada vez a la misma pregunta como si fuera la primera vez que la hace.
  • Evitar empezar o terminar las frases con «Ya te lo he dicho…».
  • Procurar no interrumpirle cuando habla.
  • Evitar hablar de él sin hacerle partícipe de la conversación. Es decir, no hablar de él en su presencia, como si no estuviera o sin tenerle en cuenta.
  • Hablarle con normalidad; solo simplificar el lenguaje si nos dice que no nos entiende.
  • Tener mucha paciencia y sentido del humor.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo al DCL (deterioro cognitivo leve), entonces...


Solamente queda poner ¡manos a la obra!



Sacado de https://www.ecognitiva.com/


Cuaderno 1



Video de este artículo 👇










Si quieres enterarte cuando hay un nuevo artículo...
Sígueme a través de mis redes sociales




  


Si quieres enviarme un mensaje...👇



viernes, 29 de octubre de 2021

¿Qué pasa con la resolución de problemas o funciones ejecutivas en el envejecimiento?

Hoy vamos a trabajar sobre las funciones ejecutivas en el envejecimiento, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”


Ideas conceptuales


El proceso de razonar requiere de una serie de habilidades para resolver problemas. 


Ante determinado problema o cuestión, surgen una serie de ideas, símbolos y asociaciones con la finalidad de resolverlo mediante la toma de decisiones y acciones concretas. 


Esta capacidad de resolución de problemas cotidianos está asociada a una serie de habilidades que se conocen, técnicamente, como funciones ejecutivas


La expresión funciones ejecutivas hace referencia a conductas y capacidades cognitivas superiores que permiten a una persona desenvolverse adecuadamente en actuaciones dirigidas a un objetivo


Suelen relacionarse con la zona frontal del cerebro y guían todas las actividades complejas destinadas a la planificación, toma de decisiones y autorregulación de juicios e impulsos. 


De hecho, el término es una metáfora del mundo de los negocios, donde se suele llamar ejecutivo a aquel que controla distintos departamentos de modo que la empresa pueda funcionar y avanzar lo más eficaz y eficientemente posible. 


Lo que somos, el modo en que organizamos nuestras vidas y cómo planificamos y ejecutamos dicha organización está, en gran medida, regulado por regiones frontales de nuestro cerebro, o en los sistemas de interconexión entre distintas estructuras corticales y subcorticales.


El cerebro humano es el sistema natural más complejo, rivalizando, e incluso excediendo, la complejidad de estructuras sociales y económicas más intrincadas. 


Continuando con las comparaciones, y siguiendo con las metáforas, al igual que una gran empresa, una gran orquesta o un ejército, el cerebro consta de distintos componentes con distintas funciones. Y, al igual que estas organizaciones, el cerebro tiene su oficina gestora ejecutiva, su conductor, su director, etc.: los lóbulos frontales. 


Para ser más precisos, aunque de forma genérica se hable de lóbulos frontales, este rol ejecutivo depende de una zona de los mismos, el córtex prefrontal, así como de otras partes del cerebro. 


Puesto que los lóbulos frontales no están ligados a una función simple y fácilmente definida, durante mucho tiempo fueron los «lóbulos silenciosos». 


En las últimas décadas, sin embargo, han sido el centro de interés de una intensa investigación científica, aunque muchos aspectos anatómicos y funcionales aún son un misterio.



Dinámica de las funciones ejecutivas


Cuando hablamos del concepto de funciones ejecutivas lo entendemos como íntimamente ligado al de resolución de problemas. 


La resolución de problemas se refiere a conductas específicas, como la formación de conceptos y la capacidad de cambiar de rutina mental, que afectan a la calidad con que se realiza una tarea. 


El de funciones ejecutivas es un término más amplio que compagina procesos que incluyen anticipación, selección de objetivos y planificación u organización.


Estos dos términos descritos a menudo se emplean conjuntamente para describir los procesos de percepción de los parámetros relevantes de una situación, activación de los almacenes de experiencias y planificación de nuevas secuencias de comportamiento. 


Para llevar a cabo estas habilidades se requiere de una serie de pasos o niveles que pueden estructurarse de la siguiente forma: 


1. Motivación. 

Para iniciar cualquier actividad que requiera un esfuerzo de pensamiento, es necesario tener un motivo que haga urgente la tarea y esencial su resolución. La determinación de objetivos, de lo que uno necesita y desea, precisa de autoconciencia y motivación. 


En personas con sintomatología depresiva puede apreciarse baja motivación. Obviamente, una alteración de la motivación puede influir en el intento o en la forma de resolución del problema. 


La motivación es, por tanto, una condición necesaria para que se inicie y mantenga un proceso ejecutivo.


2. Planificación. 

Analizar la tarea y considerar distintas soluciones previamente a la realización de cualquier acción


La impulsividad o falta de análisis de la tarea antes de responder conduce a respuestas erróneas por haberse centrado solo en cualidades superficiales. 


En esta fase se requiere capacidad para anticipar el futuro con relación a las circunstancias presentes y sopesar distintas alternativas.


3. Ejecución. 

Se refiere a la puesta en marcha de las conductas necesarias para cumplir el objetivo. Se requiere iniciación, mantenimiento, cambio y finalización de secuencias de conducta complejas de forma ordenada e integrada. 


En este proceso interfieren frecuentemente dos tipos de conducta: la perseveración, que implica la insistencia en una respuesta que ya no es relevante o útil, y la impersistencia o dificultad de mantener en el tiempo una respuesta voluntaria que sí es productiva.


4. Evaluación del rendimiento. 

El proceso se dará por finalizado si la solución corresponde al objetivo inicial. De no ser así, proseguirá la búsqueda de estrategias. 


En esta fase se requiere capacidad de regulación y autocorrección de las conductas llevadas a cabo.


Imaginemos algunas situaciones cotidianas que reflejan la relevancia de las funciones ejecutivas.



SITUACIÓN 1:


Un hombre comenta a un amigo que hoy es su aniversario de boda, cumplen 40 años de matrimonio. 


Conversando con el amigo, ensalza las virtudes de su esposa, recuerda la cantidad de momentos especiales (buenos y malos) que han vivido juntos y expresa la suerte que tienen de seguir queriéndose tanto. 


De repente, le habla al amigo de la idea de sorprender a su esposa [= objetivo] invitándola a pasar el próximo fin de semana en una zona de montaña ya que a ella le encanta [= motivación]. 


Decide pasar por una agencia de viajes y pedir asesoramiento sobre un destino adecuado, teniendo en cuenta que solo tienen 2 días (a lo sumo 3, si deciden partir el viernes), la previsión meteorológica, etc. 


Antes, sin embargo, piensa que debería asegurarse de que su esposa no haya adquirido ningún compromiso que luego les impida marcharse [= planificación]. 


Llama a su cuñada, ya que si su esposa programa actividades para el fin de semana lo suele hacer con ella. Ahora ya sabe que no hay impedimentos. Así pues, se dirige a la agencia de viajes y, tras debatir con quien le atiende las ventajas e inconvenientes de cada destino, se decide por un pequeño pueblecito que frecuentaban cuando sus hijos eran pequeños. 


Como lleva la tarjeta de crédito encima, en ese momento formaliza la reserva y se guarda los documentos pertinentes [= ejecución]. Ahora ya puede ir a casa y dar la sorpresa a su mujer.


De camino, piensa que ha tenido una buena idea y que la sorpresa será muy grande cuando vea que ha pensado en todo: un destino nostálgico para los dos, un clima adecuado, un fin de semana en el que no había nada programado [= evaluación del rendimiento]. 


Pero aún lo puede mejorar... [= planificación] y para en una floristería a comprarle un hermoso ramo.



SITUACIÓN 2:


A Miguel le encanta la cocina, pero a lo largo de su vida ha tenido poco tiempo para dedicarse a ella como afición. Ahora, uno de sus grandes entretenimientos es ver diariamente un programa de televisión en el que un famoso cocinero enseña la forma de preparar variadas recetas. 


Hoy vienen sus hijos y nueras con los nietos a comer, y sabe que les encantan las albóndigas. Justo esta semana tomó notas sobre una original receta de albóndigas y estaba deseando hacerlas. ¡Qué mejor día para prepararlas! [= objetivo y motivación]. 


Busca en el cajón de la cocina dónde guarda la carpeta con recetas y la encuentra. 


Hace una lista de la compra con todos los ingredientes que necesita (va comprobando qué tiene en casa y qué no) [= planificación]. 


Va al supermercado y realiza la compra. En el supermercado, lo primero que hace es tomar el número de turno de la carnicería, porque se forman grandes colas. Así, mientras llega su turno aprovecha para ir llenando el carro con otros productos [= planificación y ejecución]. 


Cuando vuelve a casa, se pone un delantal para no ensuciarse, se lava las manos y se asegura de que tiene todo lo necesario [= planificación y evaluación del rendimiento]. 


Cocina las albóndigas siguiendo escrupulosamente las indicaciones de la receta. De cuando en cuando, prueba la salsa para asegurarse de que está en el punto óptimo de cocción o de sazonamiento para, si es necesario, rectificar sobre la marcha [= ejecución y evaluación del rendimiento]. 


Por último, termina un apetitoso plato que decide presentar de forma muy atractiva en una fuente de porcelana. 


Por cómo huelen, cree que le han quedado en su punto [= evaluación del rendimiento].



Las funciones ejecutivas, por lo tanto, incluyen:


  • Aspectos de organización: atención, toma de decisiones, planificación, secuenciación, resolución de problemas.


  • Aspectos de regulación de la conducta: iniciación de acciones, autocontrol, autorregulación.

Por ejemplo, prosiguiendo con la situación de la compra en el supermercado, estos serían algunos ejemplos de funciones ejecutivas:


  • Al llegar al supermercado decide en qué orden tomar las cosas: tal vez primero los productos que no requieren refrigeración, para que estén menos rato a temperatura ambiente; los productos grandes primero (garrafas, cartones de leche, etc.), para que todo quepa y quede mejor colocado en el carro; mejor coger el turno de la carnicería al principio, por si hay mucha cola... planificación.


  • Supongamos que su hijo le ha pedido que le compre algunas cosas.

Va consultando, alternativamente, su lista y la de su hijo, para asegurarse de que no se deja nada... cambio de esquema.


  • Está tratando de mantenerse en el peso o, tal vez, de perder algún kilo. Quizá el último análisis indicó que debía controlar el azúcar. Será mejor contenerse de comprar su helado favorito...inhibición.


  • Últimamente, la economía doméstica no está en sus mejores momentos, pero siempre nos han encantado los jugos de frutas. ¿Compro el zumo «fresco» a pesar de ser más caro?... razonamiento y toma de decisiones.





La disfunción ejecutiva


Una conducta ejecutiva deficiente suele suponer una serie de disfunciones en varios aspectos implicados. 

Una acusada alteración de las funciones ejecutivas puede ser síntoma de algún trastorno subyacente.


Distintas alteraciones pueden desencadenar una disfunción ejecutiva

  • efectos secundarios del alcoholismo o del consumo de sustancias tóxicas, 
  • manifestaciones de algún tipo de demencia, 
  • secuelas de un traumatismo craneoencefálico o 
  • de un accidente vascular cerebral (embolia, ictus), entre otras.


Estas son algunas conductas que pueden estar asociadas a alteración de las funciones ejecutivas:


  • Comportamiento social inapropiado.


  • Incapacidad para aprender de las consecuencias de actos pasados, o dificultad para pensar en las consecuencias de los propios actos, a pesar de conservar un adecuado nivel de inteligencia.


  • Dificultad en la formación de conceptos abstractos (es decir, incapacidad para realizar el salto del mundo simbólico al real; por ejemplo, comprensión de refranes, frases hechas, etc.).


  • Dificultad para planificar la iniciación, para iniciar actividades.


  • Dificultades para contenerse o inhibirse de realizar determinadas acciones o comentarios que pueden resultar groseros, ofensivos o, incluso, ir en contra de las normas o leyes.


  • Incapacidad para cambiar de esquemas mentales (se entiende por esquema una forma de actuar, de proceder, de pensar, etc. mantenida cierto tiempo; un cambio de esquema supone decidir hacer otra cosa distinta, cambiar de forma de proceder, de dinámica de pensamiento, etc.) es decir, estancarse en rutinas.


  • Dificultad para planificar nuevas acciones cuando se da un cambio imprevisto. Por ejemplo, encontrarse con que han cortado una calle por obras en el camino habitual y no saber qué hacer, no encontrar una solución o alternativa.


  • Necesidad de frecuente supervisión por parte de otras personas para controlar la adecuación de las acciones.


  • Frecuentes y oscilantes cambios de humor, de estado de ánimo. Temperamento muy variable.


  • Puede mostrarse falta de remordimiento hacia personas y/o animales a quienes se ha tratado incorrectamente.


  • Puede mostrarse apatía hacia muchas actividades.


  • Falta de conciencia de que su conducta es un problema.




Los efectos de la edad en las funciones ejecutivas


Aunque las investigaciones difieren sobre la afectación que el envejecimiento tiene en los lóbulos frontales, sí parece evidente que las funciones ejecutivas estarían entre las funciones cognitivas sensiblemente afectadas por el envejecimiento.


Es a cierta afectación frontal que se atribuyen algunos de los tópicos que, a menudo, se asocian a la forma de ser de las personas mayores y que tienen que ver con las funciones ejecutivas: 

  • rigidez de pensamiento, 
  • ritualización, 
  • labilidad emocional (cambio brusco en el estado de ánimo), 
  • tendencia a la indiferencia y al aislamiento, etc.


Es importante conocer los efectos que la edad o, en su caso, determinados trastornos pueden tener en las funciones ejecutivas, ya que tales funciones están relacionadas con el desempeño de las actividades de la vida diaria. 


Se ha sugerido que, en la medida en que las funciones ejecutivas estén íntegras, una persona puede mantenerse productiva e independiente, incluso padeciendo otras pérdidas cognitivas. 


El declive que la edad pueda producir en las funciones ejecutivas no es homogéneo, puesto que están formadas por distintos componentes (recordemos: capacidad de planificación, toma de decisiones, flexibilidad, etc.). 


Aunque aún es un aspecto sujeto a actuales y futuras investigaciones, estas son algunas hipótesis sobre los efectos del envejecimiento en las funciones ejecutivas:


  • Es probable que el enlentecimiento general que experimentan algunos mayores en el procesamiento de información o en la toma de decisiones se deba a la disfunción ejecutiva.


  • Algunos de los componentes ejecutivos, como la flexibilidad cognitiva, no parecen afectarse hasta después de los 70 años, aunque existen distintas teorías al respecto.


  • Es bastante aceptado que la edad influye en la capacidad de planificación, pero no está claro cuál es la edad más crítica a partir de la cual pueden percibirse tales efectos. Las dificultades pueden apreciarse  en aspectos como la regulación de la propia conducta para seguir un plan establecido, o la necesidad de un mayor esfuerzo para captar el sentido abstracto o figurado de las cosas.


En suma, aunque los resultados de las investigaciones muestran gran heterogeneidad en el efecto que el envejecimiento pueda tener en las funciones ejecutivas, es muy importante conocer qué son y cómo se manifiestan para poder detectar conductas que puedan ser indicativas de trastornos subyacentes. 


En el caso del envejecimiento normal, conocer sus posibles limitaciones puede conducir a tomar decisiones sobre el estilo de vida, las necesidades de ayuda o supervisión, etc.


Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a la resolución de problemas que nos permita mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Solamente queda poner ¡manos a la obra!


A continuación te dejo algunos links a varios cuadernos con actividades que te ayudarán para trabajar el tema que tratamos recién.


Cuadernos:  https://www.ecognitiva.com/


Cuaderno 1

Cuaderno 2

Cuaderno 3

Cuaderno 4

Cuaderno 5


Video de este artículo 👇










Si quieres enterarte cuando hay un nuevo artículo...
Sígueme a través de mis redes sociales




  


Si quieres enviarme un mensaje...👇





lunes, 18 de octubre de 2021

Las emociones y nuestra salud

Hoy vamos a trabajar sobre las emociones y cómo influyen directamente en nuestra salud, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Trabajaremos con varios materiales y uno de ellos es el Manual de INTELIGENCIA EMOCIONAL práctica de Paty Wilensky. En especial con el apartado de las emociones.


Hay una frase muy interesante que se menciona en este manual y quiero compartirla con vos...


“Mis emociones pueden ser provocadas por un estímulo externo, pero siguen siendo mías. Adecuadas o inadecuadas, útiles o descabelladas, son mías. No puedo extirparlas como un tumor indeseable, narcotizarlas ni reprimirlas. Más vale que las conozca y me entere de dónde vienen, para qué existen”.


  •  ALEGRÍA, una emoción agradable. Es lo que solemos sentir cuando logramos algo… algo que esperábamos o algo que nos sorprende. Te hace sentir expansivo, a veces lleno, a veces flotando. Ante la alegría también hay una pregunta clave, que es más fácil de responder... ¿Qué he logrado? 


  • TRISTEZA, es lo que sentimos cuando perdemos algo. Te hace sentir vacío, sin fuerzas, hundido. Por lo tanto, cuando nos sentimos tristes, cabe preguntarnos... ¿Qué he perdido? Esta pregunta será la clave para comprender la información que trae la tristeza. 


  • ENOJO es lo que sentimos al percibir peligro, un ataque que nos hace poner en guardia, necesidad de defendernos y si es necesario, atacar. Pregunta clave: ¿Qué me ataca? ¿Qué está en riesgo?


  • MIEDO. Es una emoción que, o bien nos detiene, o bien da ganas de correr a esconderse. El miedo es lo que sentimos cuando el enemigo es más grande que nosotros. Pregunta clave: ¿Qué es más grande que yo? ¿Qué es lo que no puedo enfrentar?



Cada una de estas emociones tiene VARIAS FORMAS de manifestarse. 


Por ejemplo, la “tristeza” contiene la desilusión, nostalgia, agobio, etc. 


Hay otras emociones que son intermedias entre estas, por ejemplo: 


    • la FRUSTRACIÓN es mezcla de Enojo con Tristeza. 

    • la ANSIEDAD es una mezcla de Alegría con Miedo y 

    • la VERGÜENZA es una mezcla de Tristeza con Miedo.


EMOCIONES “BUENAS O MALAS”: TODAS ADECUADAS


El enojo, la tristeza y el miedo no son emociones negativas en si, y no se sienten negativas cuando se les permite su expresión natural.

Sucede que estamos habituados a reprimirlas, porque nos resultan desagradables. Una vez que hemos podido extraer información de esa emoción, le permitimos fluir. 


Es el bloqueo de la energía que tiene la emoción la que resulta negativa.

Mirándolo con el pensamiento reversible, cada emoción contiene una dualidad: 


La característica doble proviene de buscar el TALENTO que corresponde a cada emoción.


    • el ENOJO implica VALOR

    • el MIEDO implica PRECAUCIÓN

    • la TRISTEZA implica ACEPTACIÓN

    • la ALEGRÍA implica DESPREOCUPACIÓN


El enojo, el miedo y la tristeza son considerados negativos en la vida social.


Las emociones son saludables. Cuando dejan de ser breves e intensas, al llevarlas AL EXTREMO, dejan de ser saludables

La tristeza se convierte en depresión, el enojo en resentimiento y venganza, el miedo en fobia y la alegría en manía y negación.


LA EMOCIÓN CONTIENE ENERGÍA


Fíjate que tanto la alegría como el enojo son emociones “HACIA AFUERA”, te ponen potentes. Mientras que la tristeza y el miedo son “HACIA ADENTRO”, te sientes con pocas opciones y pocos recursos.


Las emociones pueden ser vividas como bestias salvajes. El objetivo es que tú logres subirte a la bestia y conducirla, llevarla hacia donde deseas (Conducir la emoción). 


El objetivo no es encerrar la bestia en el establo, para que no te asuste (Reprimir la emoción).

Como dice el sabio refrán: las emociones pueden ser tus mejores sirvientes o los peores tiranos. 


Si sientes que el caballo te domina a ti, y te lleva donde quiere.... es hora de empezar a “Aprender de las emociones”.


  • Aceptar que las emociones existen y son una información valiosa sobre mi mismo.
  • Darse cuenta que es necesario reconocerlas en el momento que suceden para lograr conducirlas, integrarlas a tu vida y que resulten una posibilidad de crecimiento.





Entonces...¿Qué pasa con las emociones y nuestra salud?*


Hay una relación directa e intensa entre las emociones, los órganos y los síntomas que podemos experimentar.


Cuando mantenemos un pensamiento negativo en la cabeza durante un minuto, el sistema inmunitario queda durante aproximadamente cinco horas en una situación delicada por lo que, si estos pensamientos o emociones negativas (o desagradables) se mantienen en el tiempo, estaremos más predispuestos a contraer enfermedades por la debilidad del sistema inmunitario que nos protege.


Situaciones estresantes durante mucho tiempo, hacen que se lesionen neuronas cerebrales responsables del aprendizaje y a su vez el cerebro sufre alteraciones que producen modificaciones en el sistema hormonal y las consecuencias que esto tiene en los diferentes órganos y sistemas del cuerpo.


Las emociones negativas o desagradables destruyen y las positivas o agradables lo contrario, tienen la capacidad de curar y hacernos felices.


Tenemos que aprender a vivir con nuestras emociones, buenas o malas y saberlas controlar, gestionar y comprender aunque no las exterioricemos. 


Debemos saber que pueden indicar que algo no funciona bien y pensar que la enfermedad puede tener un origen emocional causado por algún tipo de sentimiento no manifestado como tal, que se proyecta en el plano físico.


Por eso, órganos como el corazón o el intestino se relacionan con la alegría que los estimula, en cambio, la agitación o el exceso de excitabilidad, el stress o la ansiedad pueden causar taquicardias, insomnio y falta de concentración.


Las personas obsesivas y que se desbordan emocionalmente suelen tener un desequilibrio cardíaco y digestivo.


Si vivimos con resentimiento, rabia, agresividad, cólera, indignación, irritabilidad o ira, nuestro hígado y vesícula biliar sufrirán. 


Las personas muy activas que se preocupan en exceso, que reaccionan con agresividad e ira de manera desproporcionada al estimulo sufrido, tendrán manifestaciones físicas relacionadas con problemas del hígado y la vesícula, que se pueden presentar en forma de malas digestiones de las grasas, dolor en costado derecho, color amarillo de la piel y manchas oscuras en cara e incluso problemas de visión.


El temor, la falta de autoestima y la timidez están asociados a los riñones, las glándulas suprarrenales y a la vejiga. El miedo o la angustia pueden dar dolor lumbar e infección urinaria. 


Nuestra energía se ve reducida, con una disminución del metabolismo y alteraciones de los procesos de la digestión cuando sentimos estas emociones.


La tristeza, la melancolía y la aflicción pueden afectar al pulmón. Podemos sentir opresión en pecho, dificultad para respirar, resfriados frecuentes, asma y problemas circulatorios, incluso falta de apetito o pereza.



¿Podemos reducir nuestro estrés?**


Deberemos reconectarnos con nosotros mismos, dejar un poco de lado el mundanal ruido y volver a “nuestra esencia”. 


 

Veamos cómo hacerlo:


  • Recupera tus vínculos


Pasar tiempo con tu pareja, hablar con tus padres, tomar algo con los amigos, escuchar a tus familiares. 

Las relaciones íntimas y cercanas mejoran la presión arterial, reducen los niveles de estrés, ansiedad, reducen la sintomatología depresiva, y como este tipo de patologías propician enfermedades corporales o disminuyen su recuperación, las buenas relaciones también contribuyen a prevenir o recuperarse  del cáncer, entre otras afectaciones. 


  • Vive el presente


El cerebro se agota y se estresa cuando tiene que estar pensando constantemente en qué debe hacer, qué no hizo, obligaciones, preocupaciones… 


PARA, RESPIRA, CONECTA CON EL AQUÍ Y AHORA, con tu respiración. Y no temas postergar las cosas que no te agradan. 


La vida tiene una duración definida. ¿De verdad limpiar la casa es más importante que jugar con tus hijos o hacer planes con tu pareja? 


  • Cuida tus emociones: 


Todas las emociones son adaptativas, hasta las que menos nos gustan. Pero una cosa es vivir estas emociones de forma pasajera, y otra quedarse anclado en ellas. 


Se ha visto que emociones como la ira, la tristeza, la ansiedad o el miedo, cuando se sostienen indefinidamente, producen alteraciones en nuestra salud como dolores de cabeza, enfermedades arteriales, trastornos digestivos, etc. 


No solo cambian nuestras respuestas fisiológicas dañando nuestro cuerpo (hipertensión, elevación de la frecuencia cardíaca, etc.) sino que nos alejan de las conductas de salud (buena alimentación, deporte, relaciones sociales) y de las emociones positivas o placenteras, que aumentan el bienestar y sirven de protección para la enfermedad. 


  • Cuida tu alimentación: 


Pero no a forma de dieta, sino como estilo de vida. 


  • Practica deporte


Libera endorfinas, por lo tanto, felicidad. Correr, nadar y sobre todo, aquellos que conectan con tu interior, como el yoga o el tai-chi, pueden ser grandes opciones para volver a recuperar tu paz interior y cuidar tanto tu mente, como tu cuerpo. 


  • Vive de acuerdo a tus principios: 


Vivir en base a lo que nos dicen otros o lo que dicta la sociedad genera estrés y tristeza, por lo tanto, enferma nuestro cuerpo. 


Tener valores, principios y vivir en torno a ellos, sintiendo que cada objetivo que das está de acuerdo a un fin, te hará sentirte más valioso y sobre todo positivo frente a los problemas de la vida. 


  • Vuelve a la naturaleza: 


Si los estímulos producen estrés al cerebro, volver a la naturaleza, a su quietud, a su tranquilidad, nos provocará paz y relajación. 


La naturaleza es fuente de calma, aprovecha para contemplarla, para conectarte con ella, para enraizarte. Hacer Mindfulness o yoga en un lugar natural es doblemente efectivo. 



¿Qué sucede si no “encuentro” mis emociones?***


Para sentir físicamente una emoción y nombrarla, es necesario una ralentización. Para ello, se recomienda una exploración corporal consciente.


“Los sentimientos o el miedo pueden congelarse de manera que experimentemos entumecimiento en lugar de sensaciones”, «Eso está relacionado con el trauma, y cuando empezamos a sanar, ese trauma se “derrite“ y las sensaciones subyacentes salen a la superficie«.Tanmaya George


Sintonizar con su cuerpo y prestar atención donde siente sensaciones intensas, es la mejor manera de localizar un sentimiento. 








Por ejemplo:


  • Mueva sus pies y manos suavemente y frótelos contra una superficie para sentir sus extremidades, y luego conéctese a cómo se siente.
  • Busque formas u objetos reconfortantes y tómese un tiempo para absorber la experiencia de mirarlos. ¿Cómo le hace sentir?
  • ¿Qué sensaciones se desarrollan a medida que asimila el olor, la forma, el color y el sonido?
  • Oriéntese con cuidado en la habitación y mire todo como si lo estuviera viendo por primera vez.
  • Aleje su atención de la incomodidad. También puede tocar con su mano, de manera reconfortante, el área en la  que siente la incomodidad, y sentir el calor de la mano.



Ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a nuestras emociones y para mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Ahora solamente queda poner ¡manos a la obra!


Infografía:

https://somatic.experiencing.es/donde-se-sienten-las-emociones-en-el-cuerpo-esta-infografia-lo-muestra/

*https://www.mheducation.es/blog/el-cuerpo-es-el-reflejo-de-las-emociones-y-los-pensamientos

**https://www.psicologiamadrid.es/blog/articulos/temas-actuales-de-psicologia/emociones-salud-cuerpo

***https://somatic.experiencing.es/donde-se-sienten-las-emociones-en-el-cuerpo-esta-infografia-lo-muestra/



Video de este artículo 👇








Si quieres enterarte cuando hay un nuevo artículo...
Sígueme a través de mis redes sociales




  


Si quieres enviarme un mensaje...👇



sábado, 2 de octubre de 2021

¿Qué pasa con la memoria al envejecer?

Hoy vamos a trabajar sobre la memoria y el envejecimiento, teniendo en cuenta qué ejercicios podemos realizar de ahora en adelante para mejorar este aspecto de nuestra vida.


Seguimos analizando el libro del que hablé en los videos anteriores de La Obra Social Fundación ”la Caixa”  “Vive el envejecimiento activo. Memoria y otros retos cotidianos”. 


La memoria en el envejecimiento


Análisis de situaciones


¿Te a pasado de escuchar o decir frases similares a éstas?


a) ¡Qué fastidio! Cada vez se me olvidan más los nombres de las personas. A veces lo dejo pasar y, cuando ya no pienso en ello… ¡zas!, de repente me viene a la cabeza. Pero, ¡eso sí!, recuerdo letras completas de canciones de cuando era joven, o recito la lista de preposiciones como cuando era niño.


b) Antes tenía una memoria de elefante, nunca usaba agenda ni me apuntaba nada; en cambio ahora a veces me cuesta recordar qué día me han dado cita con el médico cuando acabo de llamar.


c) Mi hija me ha llamado y me ha pedido que le compre una serie de cosas del supermercado, pero ahora mismo no recuerdo ninguna.


d) A veces parece que mi padre se acuerde solo de lo que le interesa:

no recuerda dar el recado a mi madre de que he llamado diciendo que vendría a comer y, sin embargo, contesta bien un montón de preguntas de ese concurso de televisión… O, por ejemplo, nunca vuelve de su paseo sin traer el periódico y el pan.


e) Mi nieto está de excursión. Han ido a visitar el lago ese tan conocido… el de… ¿cómo se llama? Sí, si lo sé…, si he estado varias veces…, aquel donde se hundió un barco de paseo... Lo tengo en la punta de la lengua, pero no me sale… ¡qué rabia!


f) 9 3 4 5 7 3… ¡espera! No me hables hasta que haya anotado el número de teléfono que me acaban de dar, que si no se me olvida.



Probablemente más de uno se verá identificado con alguna de estas situaciones. 


Si todas esas cosas dependen de la memoria, ¿Cómo puede ser que una persona pueda tener problemas con algunas de ellas y no con otras?


¿Es que no se esfuerza lo suficiente? 


La memoria, igual que sucede con la atención, no es un concepto único, que solo se manifieste de una forma. Al contrario, existen distintos tipos de memoria y distintas formas de memorización y recuerdo que pueden explicar las diferencias expuestas en los anteriores ejemplos. 


Además, el proceso de memorización requiere de la integridad de cada una de las fases que lo componen. El fallo en cualquiera de estas fases supondrá un mal rendimiento para la retención y recuerdo de las cosas. 


Por ello, hay que tener en cuenta que, a menudo, lo que creemos que es un fallo de memoria en realidad es un problema de atención, de comprensión, etc. 


Disfunciones de la memoria y otros factores


No todos los aspectos relacionados con la memoria declinan con la edad, ni el tener algunos lapsus de memoria es necesariamente indicativo de un trastorno. 


Aunque la memoria de cada persona es única, es esperable o frecuente que, con la edad, se den cambios en algunos aspectos que contribuyen a la memoria, como por ejemplo los siguientes:


  • Se hace más difícil prestar atención a más de una cosa a la vez (recuerden: la atención dividida).
  • Aprender algo nuevo requiere más esfuerzo.
  • Cuesta más recordar nombres de personas y lugares, incluso de objetos.
  • Se hace más lenta la recuperación de información de cosas antiguas.


Por otro lado, otros aspectos se mantienen intactos a pesar del envejecimiento:


  • Siguen desarrollándose nuevas neuronas y estableciéndose nuevas conexiones entre ellas. Sigue siendo posible aumentar y enriquecer el conocimiento sobre las cosas, aprender cosas nuevas, ampliar el vocabulario.


  • La memoria para saber cómo hacer cosas (conducir, ir en bicicleta, coser, etc.) no se afecta, o su afectación es mínima.


  • La edad no repercute en la capacidad de la memoria a largo plazo, es decir, en las memorias «antiguas», aunque puede costar más recuperarlas.


Todo ello se explica porque, como se ha detallado previamente, existen distintos tipos de memoria y unos son más sensibles a la edad que otros:


  • La información muy bien organizada y aprendida, que constituye la memoria semántica, no solo se mantiene, sino que incluso mejora con la edad


En esta memoria se incluye el vocabulario y el conocimiento del lenguaje.


  • La memoria procedimental se refiere a la memoria sobre cómo hacer las cosas (ir en bicicleta, conducir, etc.) y no suele afectarse por la edad.


  • La gran afectada por el envejecimiento es la memoria episódica: es la parte de la memoria a largo plazo que contiene los sucesos de la vida cotidiana. 


Por ello es posible empezar a experimentar dificultades para recordar cosas cotidianas, como el nombre de alguien a quien se acaba de conocer, dónde se han dejado las llaves o las gafas, o dónde se ha aparcado el coche. 


También puede resultar más difícil procesar grandes cantidades de información. 


Ahora bien, tales cambios de memoria no son, en sí mismos, signos alarmantes de deterioro cognitivo (es decir, de inicio de demencia), especialmente si uno mismo es el primero en percibirlos y si no interfieren en la capacidad de realizar las actividades cotidianas.


  • La velocidad de procesamiento disminuye con la edad. 

La velocidad con que se reacciona y con que se procesa la información que pasa a la memoria a corto plazo suele enlentecerse con la edad, lo cual obliga a realizar un esfuerzo más consciente para adquirir nueva información.


Aunque cada caso es particular, pueden describirse algunos rasgos generales de la memoria en cuanto a qué cambia y qué se mantiene o mejora a medida que cumplimos años.


Las disfunciones de la memoria asociadas a la edad pueden llevar a una disminución de la sensación de control, conduciendo a la falta de confianza en las propias capacidades y a sentir que no hay nada que hacer contra el declinar del rendimiento. 

Ello puede llevar a un bajo nivel de esfuerzo y uso de estrategias al enfrentarse a cuestiones de memoria. 

Es un proceso cíclico, ya que el menor esfuerzo y el mayor estrés pueden llevar a mayor deterioro cognitivo. 


Muchas personas mayores tienden a asumir creencias erróneas, como que el declive de la memoria con la edad es inevitable, irreversible y que, de hecho, constituye una parte incontrolable del proceso de envejecimiento o, incluso, una señal de alarma de demencia, llevando a una excesiva preocupación. 


Las personas jóvenes también pueden tener problemas de memoria, pero suelen atribuirlos a distracción, estrés u otros problemas externos.





Ayudando a la memoria


Aunque a medida que envejecemos se producen cambios en nuestra mente, ahora ya sabemos que no todas las funciones de memoria y aprendizaje se alteran con la edad y que algunos fallos de memoria no son necesariamente indicativos de deterioro cognitivo. 


Con un poco de entrenamiento es posible compensar esos fallos de memoria propios del envejecimiento y, así, minimizar sus efectos. 


Para ello, lo primero es aprender cómo funciona la memoria, sus fundamentos, y cómo evoluciona con la edad.


En cualquier caso, además de tener información sobre los aspectos teóricos, un buen recurso es conocer algunas estrategias y pequeños trucos, como las propuestas que veremos, para facilitar el trabajo a nuestro cerebro.


Ideas generales


  • Potenciar el significado de los sucesos y detalles de nuestras experiencias personales puede ayudar a convertirlos en memorias duraderas.


  • Autopenalizarse por tener olvidos solo genera más ansiedad, que, a su vez, interfiere en el proceso de memorización.


  • Puesto que todo proceso de memorización se inicia en los sentidos, cualquier pérdida sensorial (alteración visual, pérdida auditiva, etc.) puede distorsionar la información que llega a la memoria sensorial (recordemos la primera fase del proceso), y cuando la memoria sensorial se ve limitada también se limita la memoria a corto y a largo plazo.


Es importante, pues, controlar periódicamente la integridad de los sentidos, realizarse revisiones, emplear, si es necesario, las ayudas correctoras pertinentes (audífonos, gafas, etc.), y controlar su buen estado 


Hemos visto el papel fundamental que juega la atención (y la motivación) en el proceso de memorización. 


Una falta de interés o una baja atención dificultan el registro o codificación de información. Nuestro propio estado emocional condiciona la capacidad de atención. Si, por ejemplo, estamos tratando de hacer varias cosas a la vez o estamos pensando en otras cosas, probablemente no nos percataremos de dónde estamos dejando las llaves, las gafas, etc., o no registraremos el nombre de la persona  que acabamos de conocer.


¿Qué hacer?

  • Tranquilícese y céntrese en las cosas de una en una, tratando de dirigir la atención a aquellas cosas que desea recordar.


  • Si le rodean muchas distracciones, trate de ir a otra habitación, a otro lugar más tranquilo, y escriba los pensamientos que le distraen para prestarles atención en otro momento (y no olvidarlos).


¿Cómo compensar el enlentecimiento de la velocidad de procesamiento? 


Cuando no resulta fácil recuperar información de la memoria a largo plazo, una estrategia es emplear pistas contextuales: tratar de evocar en qué lugar nos encontrábamos, qué estábamos haciendo, con quién o sobre qué hablábamos, etc. 

Funciona como una red de interconexiones; una vez se empieza a recuperar información específica sobre el momento, lugar, asistentes, etc., empiezan a fluir los detalles.


  • Dormir bien


Cuando se duerme mal, las capacidades cognitivas son las primeras en verse repercutidas. A medida que nos hacemos mayores el patrón de sueño suele ir variando: se tiende a dormir menos y, de lo que se duerme, el tiempo de sueño profundo es menor, siendo más largas, por tanto, las fases de sueño ligero. 


Cuando por la noche no se duerme lo suficiente o el sueño no es reparador por su mala calidad, además de estar soñoliento durante el día se suele procesar más lentamente la información, por lo que cuesta más aprender cosas nuevas, mantener la atención, la memoria falla, se hace difícil razonar y reflexionar, dificultades que fácilmente se atribuyen a la edad cuando, en ocasiones, son consecuencia de alteraciones del sueño. Por ello es muy importante consultar con su médico si padece este tipo de problemas. Él podrá ayudarle a mejorar su sueño.


  • Reestructurar nuestro estilo de vida, asegurando un sueño suficiente y reparador, realizando ejercicio físico, llevando una adecuada alimentación y persiguiendo unos objetivos cotidianos asequibles tendrá, indiscutiblemente, un efecto positivo en nuestra memoria y, globalmente, en nuestras capacidades mentales.


Citas y fechas importantes


  • Procure tener siempre, cerca del teléfono, un calendario con grandes espacios para escribir en él. 


Organización y manejo de la medicación


  • Mantenga un orden y organización de las medicaciones y, preferentemente, en un lugar visible.


  • Un recurso útil para llevar un adecuado control de los medicamentos que debe tomar y evitar confusiones, olvidos o la repetición accidental de alguna pastilla (por no recordar que ya la ha tomado) son los pastilleros. 


Existen modelos de pastilleros que permiten guardar la medicación de hasta una semana entera, organizada por días y momentos del día (mañana, mediodía, tarde y/o noche). 

La mayoría de ellos permiten, además, separar los compartimentos de cada día independientemente, de modo que, para facilitar aún más las cosas, solo se tengan a mano las dosificaciones correspondientes al día en curso. 

En muchas farmacias cuentan con este tipo de productos; además, a menudo ofrecen el servicio de preparación de pastilleros semanales o mensuales.


  • Es recomendable tener el pastillero o, en su defecto, los botes o cajas de medicación cerca de la mesa donde se come o cerca de la cama, para que sirva de recordatorio.
  • De no disponer de un pastillero como los que se han referido, una estrategia que puede resultar útil es pintar las tapas de los botes o cajas de medicamentos con distintos colores que representen el momento del día en que deben tomarse. Por ejemplo, si se usa el color azul como referente, una idea puede ser emplear un azul claro para la mañana, un tono medio para el mediodía y azul oscuro para la noche, por equivalencia simbólica con la evolución de la luz del día. 


Otro ejemplo sería emplear el amarillo para la mañana (por alusión a la salida del sol), el verde para el mediodía (por alusión a las verduras o a la ensalada) y el azul marino para la noche (por alusión a la oscuridad nocturna). En cualquier caso, debe usarse una combinación de colores que resulte fácil de asociar y recordar para que pueda ser útil.


Tareas cotidianas


  • Tenga los papeles importantes de gestiones a realizar (recibos pendientes de pago, vales de descuento de algún comercio, justificante de la tintorería, etc.) en un lugar visible, en lugar de tenerlos guardados en un cajón o armario. Si los ve, será más fácil que recuerde que debe realizar alguna gestión con esos papeles.


  • Adquiera el hábito de escribir notas de recordatorio


Lleve siempre consigo una pequeña libreta (tamaño bolsillo) o téngala a mano en el lugar donde usted pase más tiempo (al lado del sillón donde suele sentarse, en la mesa de la cocina, etc.). Use esta libreta para anotar cosas que crea que debe recordar o datos importantes. Si no se encuentra en casa, puede servirle de medio transitorio hasta que pueda anotar la nueva cita, compromiso, fecha a recordar, etc. en su planificador. Algunas personas tal vez prefieran usar, o les sea más útil, algún dispositivo de grabación de voz para la misma finalidad.


  • Trate de establecer rutinas. Quizá olvidar una determinada tarea le molesta especialmente. 


Pongamos, por ejemplo, regar las plantas. Sabe que debe hacerlo diariamente, o al menos comprobar su estado, quitar las hojas secas, remover la tierra, cambiarlas de lugar, etc., para que se mantengan en buenas condiciones, pero a menudo se le olvida y lamenta que se le estropeen. 


Una estrategia que puede ayudarle para que esto no suceda es incorporarlo a su rutina diaria:

por ejemplo, hacerlo siempre después de comer, o después de asearse y vestirse por la mañana, pero siempre en el mismo momento y después de la misma actividad cotidiana. Poco a poco se convertirá en algo casi automático y, por lo tanto, menos dependiente de su memoria. Pruebe a incorporar a su rutina cualquier actividad cotidiana que se le suela olvidar.


  • Realizar tareas en momentos concretos. 


Tal vez deba realizar una llamada a una hora determinada (por ejemplo, su médico puede atender consultas telefónicas, pero solo en un determinado horario), o ir a buscar a su nieto al colegio a la hora de la salida, etc. 


Cuando no recordamos el hecho en el momento oportuno, el olvido puede adquirir considerable trascendencia (deberá esperar otro día para consultar su duda al médico; los responsables del colegio advertirán a los padres del niño de que nadie le ha recogido, etc.) y, en ocasiones, su sentimiento de culpa y ansiedad serán casi inevitables. 


Hoy en día, muchos dispositivos, como los teléfonos móviles, permiten registrar recordatorios con alarma para que, al sonar en el momento preciso, su consulta nos recuerde la acción concreta. 


Aun así, para quien no está familiarizado con su uso puede resultar difícil aprender a utilizarlos. Una opción simplificada es programar un despertador corriente para que su alarma suene a la hora en que debe iniciarse la actividad, colocando al lado del mismo (o pegando en él un papel autoadhesivo) una nota donde se habrá escrito lo que debe realizarse en ese momento.


Algunas situaciones concretas


¿Dónde he dejado las llaves?

¿Cuántas veces se ha encontrado buscando las llaves de casa, las del coche, las gafas de sol, el monedero u otros objetos cotidianos? ¡Siempre los echamos en falta cuando más los necesitamos!


  • Procure no dejar esos objetos de cualquier manera ni en cualquier sitio. No sucumba a las prisas de la rutina. Preste atención.
  • Una buena estrategia es concretar un lugar determinado en el hogar para esas cosas de uso cotidiano, como llaves, gafas de sol, facturas o recibos, la cartera, etc. Una vez usado el objeto en cuestión, devuélvalo siempre a ese lugar, preferiblemente ubicado en un sitio de paso y/o fácil acceso. 


Pruébelo: se evitará muchas inconveniencias.


Se llama… espera un momento… si lo sé…


Conocemos a alguien, ya sea en la calle, en una celebración, etc., donde sea. El caso es que realmente queremos recordar su nombre, pero a menudo fracasamos.


  • Repita una y otra vez el nombre de la persona durante la conversación con ella, en cualquier momento: «¡Hola, Sergio!... ¿De dónde eres, Sergio?... ¿Conoces a mi hijo, Sergio?... Dime, Sergio… Ha sido un placer conocerte, Sergio».


  • Trate de relacionar el nombre con palabras similares para facilitar su recuerdo, incluso con pequeñas frases, aunque le suenen absurdas. Por ejemplo: Sergio-colegio, Sergio-regio, Sergio iba a un colegio regio.



¿He apagado el gas? ¿He apagado la luz? ¿He cerrado con llave? ¿He puesto la alarma?


Una vez más, la rutina puede traicionarnos. Las acciones realizadas de forma rápida deberían ser realmente percibidas y fijadas, para evitarnos posteriores dudas.


  • Aunque tenga prisa por salir, relájese un momento y respire para realizar o comprobar esas cosas puntuales (el gas, las luces, la tele, etc.). Vaya cosa por cosa, tóquela y diga en voz alta lo que ha hecho: «He cerrado el gas», «He apagado la tele», «He puesto la alarma», etc.


  • Se recomienda tocar cada cosa con la mano no dominante, para romper aún más los automatismos (es decir, los diestros con la mano izquierda y los zurdos con la derecha).


¿Qué han dicho? ¿Qué me estabas contando? ¿Por dónde iba?


Tal vez, a veces solo recuerde partes de conversaciones recientes, de lo que han dicho por la tele o del contenido de un libro que acaba de leer.

Puede suceder por distintos motivos, pero dos de los más frecuentes son el interés en el tema y las interferencias. Las cosas que nos interesan o en las que, expresamente, ponemos interés, las recordamos mejor.

Por otro lado, algunas interferencias pueden influir en la asimilación de la información, como un alto volumen de la tele (o, simplemente, la tele encendida) mientras leemos; también pueden interferir los propios pensamientos, que pueden distraernos o bloquearnos.


  • Ponga interés en lo que desee recordar. Evite distracciones externas: apague la tele o la radio cuando lea, pida que no le hablen mientras escucha una noticia de su interés, etc. Trate de no pensar en otras cosas mientras sucede lo que desearía recordar.


¿Para qué he venido aquí? ¿Qué venía a buscar?


A todos nos pasa. Nos encontramos en la cocina, con la despensa abierta, sin saber qué buscamos. Hemos ido y hemos vuelto del dormitorio, sin saber exactamente por qué…


  • Una estrategia es volver de nuevo al lugar de origen anterior a esa estancia de la casa (por ejemplo, si antes de ir a la cocina estaba en el comedor, volver al comedor): «¿Qué he pensado yo aquí que me ha hecho ir a la cocina?». A menudo funciona, simplemente, el hecho de «volver mentalmente» al lugar donde se originó el pensamiento, haciendo un repaso mental de qué estábamos haciendo justo antes de dirigirnos a ese lugar. Muchas veces, saldrá espontáneamente.


  • Piense en acciones o palabras relevantes y trate de descubrir el objetivo a través de otras palabras o acciones. Por ejemplo: «He ido del dormitorio al baño a coger las tijeras, pero… ¿para qué?

Pienso en posibles cosas relacionadas: manos, pies, pelo, uñas…



Ahora ya sabemos cuáles son las medidas que podemos y debemos tener en cuenta en lo relativo a nuestra memoria para mejorar nuestra calidad de vida, entonces...


Solamente queda poner ¡manos a la obra!



Te dejo unos links para que puedas descargarte gratuitamente algunos cuadernos que contienen  ejercicios que te ayudarán a mejorar y mantener activa tu memoria. (https://www.ecognitiva.com/)


Mejorar la memoria



Memoria a corto plazo



Juegos de memoria



Formas y colores


Video de este artículo 👇







Si quieres enterarte cuando hay un nuevo artículo...
Sígueme a través de mis redes sociales




  


Si quieres enviarme un mensaje...👇